NOTA ELECTRÓNICA 001705                          TEMA: INGENIERÍA BIOMECÁNICA Y BIÓNICA FUENTE: DESCONOCIDA AUTENTICIDAD: EN PROCESO 

El Doctor Radovan Malík es un hombre robusto de cabellera larga y amarrada, usaba una barba algo crecida, especialista en Ingeniería Biomecánica responsable de la creación de extremidades humanas artificiales que han sido aceptadas al cien por ciento por parte de cada persona que ha decidido utilizar alguna, profesor de Cátedra Alfa en La Universidad , es también uno de los pocos profesores que podía elegir a los alumnos para su clase; transitaba con paso apresurado por los senderos de los jardines de la Universidad murmurando cosas haciendo cálculos mentales rápidos observaba constantemente su brazalete revisando datos, hacía pases con los dedos sobre la lisa superficie del dispositivo anotando recordatorios. 

Caminar por ahí resultaba siempre una experiencia que pareciera de primera vez; La Universidad tenía una disposición simétrica de sus jardines con pasillos para transitar bien delimitados,  cada uno de los mismos se interconectaba con otro, la señalética era impecable y bien planeada, mediante hologramas proyectados desde postes pequeños de aproximadamente medio metro de altura podías transitar por cualquiera de los caminos sin problema de extraviarte. 

En muchas de las conexiones de estos caminos se construyeron glorietas las cuales poseían cada una de éstas una interesante estructura inteligente que podía ser utilizada como escenario de múltiples eventos, cualquiera que sea la necesidad para efectuarlos; Radovan se detuvo en uno de ellos pues estudiantes de la Facultad de Música presentaban un concierto con un compendio de piezas de los antiguos Beethoven y Bach,  mientras ellos hacían gala de su virtuosismo al mismo tiempo se proyectaban hologramas multicolor creando un efecto acuarela desde el escenario hacia los espectadores, definitivamente una sensación de estar en un océano de tintas en una realidad extra era el resultado de estar dentro de esa área mientras te acompañaba la música. 

«Qué maravilla » Pensó Radovan mientras escuchaba,  el llamado de la expresión artística lo extrajo de la prisa y la rutina; observaba a su alrededor la mezcla de colores luz cuando se topó frente a la figura inconfundible de la Doctora Mariska Kafka. Ella al contrario de la mayoría del público presente mantenía los ojos cerrados mientras movía la cabeza de arriba a abajo al compaz de la sinfonía; la doctora lucia hermosa.

– Doctora Mariska  ¡Qué sorpresa! 

Mariska regresó a su realidad. Al ver a Radovan abrió los ojos asombrada.

– ¡Radovan! ¿Cómo estás?.  Se acerca entonces a él para darle un fuerte abrazo. 

-Me encuentro excelente Doctora, estaba un poco apresurado hasta que me detuve frente a este escenario. 

-El poder del Arte Radovan, me encanta aplacar esta loca cabeza con música, deberías ver mi casa, tengo montones de electroimágenes que son un verdadero alivio ver.

-No lo dudo Doctora. 

-Pero, ya me iba, podría quedarme todo el día sin embargo debo regresar al laboratorio. 

-También voy hacía allá Doctora. 

Ambos tomaron camino directo hacia las instalaciones de la Universidad. 

-¿Por qué ibas tan apresurado?  Preguntó Mariska mientras ojeaba por última vez el escenario. 

– Recibí un mensaje urgente del laboratorio,  estamos en un momento crítico con las últimas pruebas para el ojo biónico. 

– ¡Vaya! Radovan,  creo que gracias a ti toda la humanidad será reciclable. 

– Oh no,  yo no diría eso… Yo creo que… 

El brazalete del Doctor Radovan comenzó a sonar, ambos se detuvieron un momento y atendió el llamado,  en la pantalla de el artefacto se apreciaba el escudo de La Universidad. 

-Diga.

-Buena tarde Doctor Radovan. 

-Señor Rector,  dígame en que puedo servirle. 

-Por favor,  quisiera verle en mi oficina lo más pronto posible. 

-Entendido. 

-Dígame ¿Cómo van los progresos de su investigación? 

-Pues… Bien Señor. Aún estamos atendiendo las últimas pruebas. 

-¿Ya realizó los ensayos?

-No señor, creo que debo ajustar algunos elementos, la conexión del dispositivo al cerebro humano no parece terminar de configurarse,  debo realizar algún ajuste y continuar probando. 

-Lo entiendo. 

Hubo una pausa y la voz del Rector cambió de tono.

– Por favor envíeme un informe de estos resultados a la brevedad. Le espero en mi oficina. 

-Enseguida Señor.

La comunicación finalizó. 

Mariska intervino de inmediato. 

-Algo le molesta.

-¿Cómo dice? 

– Era su voz, algo le molesta. 

-Creo que es muy perspicaz Doctora. 

-Radovan,  deja las formalidades de lado. Tenemos mucho tiempo de conocernos los tres. ¿No sentiste algo en su manera de hablar? 

-Creo,  creo que sí. 

-Pues ya no te entretengo, vayamos pues,  el trabajo espera. 

Mariska al decir esto rotó la cabeza para estirar su cuello. 

-Siempre que hablas de trabajo haces ese gesto. 

-¿Ves?  Tú también eres muy observador. 

– Gracias;  creo que tienes razón, había algo en el tono de su voz, tienes muy buena memoria. 

– Si, y también sé que hay cosas que nunca cambian, y otras que si.

Al decir esto la mirada de la Doctora se tornó un poco sombría. 

– Hasta luego Doctora.

– Hasta luego «Doctor»

Radovan Malík desvió entonces su camino directo a la oficina del Rector. Llegar allá lo hizo pasar antes por otra glorieta donde se veía a un grupo de estudiantes muy interesados en aquello que decía otro Profesor de la Universidad; Delgado y de cabellera alborotada abría sus manos con energía, sonreía ante su audiencia,  la cual parecía sonreír con él. Radovan se fascinó con esa imagen brevemente «El Historiador» pensó. 

Radovan al fin llegó a la oficina del Rector. Al cruzar el umbral de entrada la puerta se cerró deslizándose con suavidad detrás de él,  mientras avanzaba la oficina cobraba iluminación cuanto más se acercaba al escritorio el cual estaba al fondo y frente a un ventanal donde podía verse en el panorama toda La Universidad. 

El Rector se encontraba justo mirando a través de éste, hasta que por fin el solemne silencio se rompió. 

-Buenas tardes de nuevo Doctor Radovan. 

-Buenas tardes. 

-Le agradezco que viniera. Sé que se encuentra muy ocupado.

-Ni lo diga ¿En qué puedo servirle?

– Doctor,  se trata de mi brazo. 

-¿Qué sucede, se ha averiado? 

-Duele,  Doctor. 

-Eso es imposible. 

-También lo creí imposible, pero es cierto. 

-Tal vez se trate de alguna falla en el sincronizador neuronal, de alguna forma debe estar estimulando ciertas áreas del cerebro. En ocasiones hay una neogenesis de conexiones, y estas interactuan con los elementos electrónicos. 

-Por favor arréglelo.

-Claro. Convendrá hacer un escaneo,  tal vez pueda utilizar un nuevo modelo. 

-No, el brazo está perfecto. 

-¿Tiene algún valor sentimental?  Radovan se acercó para reconocer el estado del brazo mecánico. 

-Esas cosas son una pérdida de tiempo Doctor,  es un recordatorio. No somos perfectos.

-Lo sé. 

-Pero si lo fuésemos,  si lo fuésemos biológicamente. Estoy seguro de que muchas cosas serían diferentes. 

-Tal vez mi trabajo no tendría razón de ser si algo así sucediera. 

-Se equivoca Doctor. 

-¿Cómo cree que algo así pudiera ser factible Señor Rector? 

-Aún no lo sé. Pero tal vez se puede encontrar la forma. Seres humanos perfectos, a veces creo Doctor, que también deberíamos asumir el control de la evolución. 

-Creo Señor, que habría una gran controversia si algo así sucediera.

-¿Cuándo podremos arreglar esto? El Rector señaló el brazo mecánico.

-Ahora mismo, podemos ir al laboratorio. 

-Vayamos entonces. 

Mariska Kafka se hallaba sentada en su laboratorio, tratando de concentrarse en su trabajo,  pero ese día no podía,  en su mente resonaba el tono de voz de El Rector,  tono que escuchó hacía un par de horas «¿Cuándo fue que te escuché así, Mustafá? » en sus reflexiones se develó una imagen,  un hombre con traje del cuerpo de Rescate y Seguridad de La ciudad cargaba con un brazo el cuerpo inerte de una persona, tenía la mirada endurecida, acomodaba el cuerpo de esta sobre una camilla.

– ¿Doctora? 

Mariska asintió. La pregunta vino de esa persona que cargaba al herido. 

-Por favor atiéndalo, está grave.  La explosión causó muchas muertes.

Mariska generalmente mantenía la cabeza fría,  aquí sus fibras estaban movidas gracias a la imagen frente a sus ojos el Rescatista usó un brazo para cargar al herido porque a éste le faltaba el otro. 

Mariska reaccionó también. 

– ¡No se mueva! Usted también necesita atención. 

El joven tenía los ojos encendidos en furia. Esa energía se desvaneció cuando sus lesiones le hicieron caer al piso,  Mariska trató de interceptarlo para suavizar la caída. 

En el piso Mariska revisaba la grave herida del Rescatista.

-Creo que las personas no aprecian esto, debería haber una manera de que todos dejemos de existir. 

-No diga tonterías,  está delirando, necesita sangre, no sé cómo pudo sostenerse. 

-No Doctora.  No es delirio.

-¿Cómo se llama? 

El Rescatista empalideció rápidamente. 

-¡Necesito apoyo aquí! Gritó Mariska. 

-Mi nombre es Mustafá… 

Y quedó inconsciente. 

El brazalete de la Doctora Mariska comenzó a sonar. Esto la trajo de regreso de sus pensamientos. 

-Diga. 

-Doctora, llegó su transporte,  la esperan en la conferencia. 

-Enseguida voy. Gracias. 

Mariska cortó la comunicación.  Tomó algunos documentos impresos y cargó en su brazalete información que necesitaría, salió de allí tratando de reajustar su concentración. 
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