Era su mente en primavera. 

Habíamos pasado una de esas tardes de primavera calurosas hasta el cansancio. (Y pareciera que cada vez lo son más) 

La señorita que involucra este relato tenía una habilidad extraordinaria en las manos, pues dibuja con maestría, también pinta, pero no con la misma virtud. Regresando al calor cansado, caminamos por el zócalo de esta CDMX consiguiendo papel, carboncillo,  gises, etcétera.  << Material para trazar fantasías >> decía; no me mal interpretes lector, disfruto de la compra y caza de material,  gasto mi nariz en los olores de los pigmentos y el papel, pero el calor casi calaba mi buen humor hasta el límite.

El material para crear fantasías.

 Me entretenía junto a ella revisando y codiciando algunos artículos que sabía que no podía comprar, había un libro parte de una colección,  era un libro de fotografías con el título “Fetish” << algún día >> lo pensé, ya tenía el primero de esa colección “Erotique” es su nombre 

Hubo un momento,  ya terminadas las compras, y antes de sumergirnos al metro donde conseguimos un par de botellas de agua para apaciguar el humor, y tuvo una ocurrencia que me alegró el día <<sostén mis cosas>> y dejó caer agua de su botella en su cabeza. 

Sólo reí un poco por su espontánea idea, pero me agradó ver su cabello húmedo y su blusa mojada también, sus bonitos senos podían adivinarse ahora ( ese día no usaba sostén) creo que notó mi mirada justo apuntando a sus pechos. 

Ella sólo rió y me besó aun con su rostro húmedo.

-Estás salado barbón. 

-Estoy sudando 

-Vamos a casa y comamos 

-Si.

-¿Sabes qué? Vamos a bañarnos antes de comer. 

Hice más de un apunte como éste con ella como modelo alguna vez..
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En el departamento,  ella entró y arrojó las bolsas al piso, estaba harta; se sacó los tenis con los pies y los abandonaba en su camino, soltó su cabello,  se quitó la blusa y los pantalones, usaba ropa interior negra, una tanga; no decía palabra alguna, como dije,  ella estaba ya de mal humor.

Quise ir detrás de ella,  pero yo tenía el tonto impulso de levantar el camino de prendas que dejó a su paso y llevarlo a su recámara. Así,  básicamente en calzones, entró al baño.

Y yo detrás de ella…
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Cuando terminamos de comer estábamos en el piso de la sala, descalzos y con ropa limpia (si, ya tenía yo un par de mudas de ropa mias allí), una botella de vino que compré hacía días y que tenía fría en su refrigerador (lo bebiamos en taza,  creo que eso lo vio en una película,  para mi era igual; la tarde ya estaba mucho mejor y el sol ya nos abandonaba) también  estaba en el piso frente a nosotros, todo ese material comprado. Yo garabateaba cosas en mi cuaderno de dibujo. No decíamos nada, teníamos música jazz en la radio y esa era una excelente compañía para ambos. 
– Te vi mirando el libro. Me dijo. 

-¿Cuál,  el ” Fetish “?

– Si, ese. Cuando te conocí, ni siquiera me interesabas.

-Ya lo sé. 

-Pero te has convertido en un agradable laberinto. 

-Tú eres el laberinto. 

– Cállate. Y me arrojó un trozo de carboncillo. 

– ¡Ora’! ¿ Qué traes? 

-Nada, barbón. Oye tengo un fuete… 

Yo tampoco lo  entiendo cuando lo pienso, cómo es que nuestra conversación de pronto avanzaba así (Bueno,  ya habíamos bebido tres cuartos de botella de vino, la verdad no sé si eso es excusa, pero me gustaba escucharla, y verle trabajar, por lo pronto, eso me bastaba) 

-Y yo unas esposas (obviamente era mentira) 

– ¡Qué tonto eres! 

– Qué loca estás.

-Es verdad, tengo un fuete. Te lo voy a enseñar al rato. ¿ Te vas a quedar? 

-No lo sé,  tengo tareas y trabajo pendiente.

-Ya te dije que puedes hacerla aquí. Y puedo ayudarte en tu trabajo. 

-No, está bien. Yo lo hago, pintas muy mal.

– ¡Eres un carbón! 

-Ya sé. 
Y se recostó en el piso,  sobre sus dibujos y bocetos, pasamos otro rato de silencio. 

(De cualquier forma,  quería quedarme)


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 Nos quedamos el resto del día dándole duro al trabajo, a las tareas, intercambiando miradas de repente, besándonos en intervalos de tiempo cada vez más corto, abrimos una botella de vodka a medias que guardaba en su cocina e hicimos desarmadores con jugo de naranja artificial mientras seguíamos dibujando; ella de pronto adquiría un momento de concentración con la mirada puesta sobre el papel que le hacía lucir hermosa. (Su mente era mi fetiche ahora que lo pienso) 

Cansados de trabajar,  nos tumbamos en el sillón. 
-Hoy no quiero que seamos suaves. Hoy te quiero violento. Ya sé que eres un perverso,  barbón. 


Esas palabras fueron un impulso,  un interruptor que activó nuestra lujuria, no era eso otra cosa más que lujuria.

Y así,  sin preámbulo, saltó sobre mi para morder mi boca, le correspondí; y mi lengua. Y yo me aferré a sus caderas para arrancarle el pantalón (rompí su botón) 

Caímos al piso.

En el piso rodamos sobre dibujos sin terminar, bocetos tachados, el papel crujía debajo de nosotros, me quitó la playera, los pantalones y se sentó sobre mi. 

Ella tenía el pubis caliente,  lo sentía a través de la ropa que nos quedaba, movía en círculos la cadera pues percibía mi erección. 

-Quítatelos…

Ya estábamos desnudos y logré notar en su espalda de piel clara huellas de carboncillo y rasguños de mi parte (mi espalda ardía, así que supe que ya tenía mis propias marcas) pero simplemente no nos íbamos a detener sólo por eso, de hecho, nos gustaba; me gustaba mucho. 

Lo que vivimos en ese momento parecía ser el resultado del calor, de el alcohol, los dibujos, su mente, su sonrisa y el libro… 

Hicimos una parada, se levantó del piso y corrió a la recámara. Ahí estaba yo en el piso, esperándole con una erección reconociendo sus rasguños en mi espalda. 

Regresó sonriente, traía entre sus manos el fuete. Dijo que pensó en él cuando me vio mirando el libro, se arrodilló frente a mí se aferró a mi erección, esa imagen está muy grabada en mi mente.
– Hay que ponernos creativos.
Me gusta pensar que esa tarde y noche no se nos olvidarán nunca. 


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