Rompe la jaula II

Habían pasado pocos días después de esa experiencia en el cuarto de baño. Ella y yo sentíamos algo pendiente después de que seguíamos intercambiando mensajes por teléfono, y la posibilidad de romper la jaula otra vez  no se alejaba, coqueteaba mucho en nuestras mentes (seguro estoy de ello) aau cuando dijimos que no tendría que pasar de nuevo.

En algún dia posterior a esto recordé cosas extrañas como la Teoría de las cuerdas, que existe más de una dimensión y por ende, más de una realidad, pensé en el Efecto Mariposa y en la fragilidad de nuestras acciones; mejor dicho, el poder de nuestras acciones. 

Después de trabajar todo el equipo esta vez en su casa, me arreglé con pretextos para quedarme más tiempo ahí,  y que nadie se preguntara por qué. 

Hasta que nos quedamos solos,y platicamos sobre lo,que,habíamos hecho y nos preguntábamos si debíamos repetirlo, si era correcto o no.

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 Si rompes la jaula te conveirtes en una bestia llena de instinto. 

Y llegó la sensación instintiva, en el punto donde te encuentras parado en una delgada línea que te lleva a la acción, a hacerlo o no hacerlo. 

Sólo acaricié sus piernas intentado hacerme sentir cálido para ella, en ese lenguaje en el,que quieres,decir que estás presente, pero no avanzaba.

Sólo acaricié sus piernas y le abracé. Ahí se sintió una sacudida en la que los barrotes de la jaula se estremecieron, se doblaban. 

Sentí un beso, un beso que casi parecía robado porque no lo esperaba.

Y la jaula se rompió…

Inmediatamente mis manos se desplazaban por sus muslos y sus nalgas, quería asirme de ellas con mis manos en forma de garras, sentí su abrazo y su respiración agitada,  sentí sus besos de gruesos labios en mi boca, se acercaban como tímidos,  un beso detrás de otro, me dediqué unos segundos para percibir su boca.

Ella se colocó sobre mi mientras estábamos sentados en la silla del comedor y traté de deslizar mis manos debajo de su ropa, bajé el cierre de su traje, buscaba su piel, yo podía sentir el calor de su aliento y su vientre, en ella se dibujaba un mapa con instrucciones para acariciar y besar.

En cada paso, el símbolo de aprobación se acompañaba de su  acelerada respiración, de gemidos que se entre cortaban, hasta que fueron cada vez más libres; mi cuerpo correspondía a su temperatura,  el invierno no tenia efecto en ese lugar.

Le hablaba preguntándole  si estaba bien acariciarla aqui, o allá.

-Si, si, está bien.

Del comedor fuimos directo a la recámara, de su mano seguí sus pasos encendidos, nos recostamos en la cama para continuar con besos y caricias, pocas palabras hubieron, sólo estaban nuestras manos y nuestra piel para acariciarnos, sólo estaba ese momento, esos segundos, el tiempo vuela, y el tiempo muere cada segundo, y este no regresa, así que debía seguir, porque ese tiempo no iba a regresar.

Su piel de canela y su cuerpo con curvas hacían que mis manos le recorrieran de arriba a abajo, no quise guardar reservas y busqué su pubis, el cual ya me había respondido, se despojó de su calzado y pantalones, y al regresar a la cama se mostraba tan dispuesta que se hacía imposible no querer acariciar y continuar.  Cada movimiento de su cuerpo me figuraban las olas del mar, su cuerpo ondeaba en la cama, sus piernas abiertas me dejaron abordar con mis manos de nuevo en su sexo cálido y húmedo, traté de hacerlo lo más delicado posible aun cuando deseaba ser más agresivo, pero su respuesta de gemidos, de respiración rápida, sus ojos cerrados me hacían ver que era el camino correcto; mis dedos abrían su sexo para dejarme sentir su textura, de arriba a abajo, en círculos,  lento,  después mis dedos dentro de ella se sintieron contraidos y entendía su respuesta. 

Traté de besarla más,  pero estuve muy dedicado a observarla, era como esculpir,  crear una escultura, al trabajar una escultura, tu mente se llena de placeres cuando las formas resultan,  aqui sentía lo mismo (perdona la analogía,  es lo mejor que viene a mi mente) ella se acercaba a un álgido punto.

Recostados en la cama su cabeza descansaba en mi brazo, se movía tanto que comenzó a colgar ligeramente fuera de la misma, y le abracé sin dejar de acariciar su sexo y abordar su endurecido, clitoris…

Llegaba el momento, su orgasmo iba a aparecer, tal cual el mar cuando es salvaje al golpear la roca mientras la marea sube, ella también respiraba fuerte, sus ojos se apretaban, su boca se abría, tomó mi mano para pedirme un movimiento diferente que obedecí en el acto, y aceleré, y aceleré…

Su boca se abría más…

Su voz aumentó su volumen…

Sus piernas se tensaron…

Y su primer orgasmo llegó…

Era una armonía en la cama, mi mano se empapó de sus cálidas humedades, ella buscó acariciarme debajo de la ropa mientras todo esto sucedía y acariciaba mi pene de arriba a abajo. 

Dejé que algunos segundos pasaran sin alejar mis manos de su pubis, y quise repetir el movimiento.

El mar se hizo salvaje de nuevo…

Su voz se ahogaba a medida de la cercanía de su orgasmo…

3… 2… 1….

Y de nuevo ahí estaba, mi mano empapada otra vez, su respiración tratando de relajarse, traté de besar su pecho, le mordí un poco, también su cuello. 

-¿Estás bien…?

No sentí la necesidad de una respuesta. 

Y quise verla de nuevo, si, una vez más…

3… 2…. 1…

Ya el edredón estaba empapado también. 

Ya me sentía adicto a escuchar y ver sus orgasmos (no me puedes culpar de algo así, no es difícil caer en una adicción asi)

3… 2… 1…

Sentí que todo mi cuerpo tenía su olor.

Ella siguió con sus caricias para mi, pero yo estaba en medio de un placentero éxtasis. 

Y… Si… de nuevo…

3… 2… 1…

Después de éste último sus ojos, estaban entrecerrados,  y el resto de su cuerpo se sentía ligeramente húmedo,  el inicio del sudor en la piel era la causa, así que dejé de acosarle,  si es que es la palabra correcta.

-Dios, no creí que pudiera, tantas veces. Dijo.

-Ahora, estoy en deuda contigo. Dijo también. 

Lo anterior  venía en un tono travieso en su voz, se incorporó un poco para estar sobre mi, a la altura de mi cintura. 

-No, está bien asi, en verdad sólo quería verte…

No terminé ni la mitad de la frase cuando entonces ella besaba mi pene, no me resistí nada, su boca, su calor simplemente me hicieron dejarme llevar en medio de mis,jadeos y gruñidos hasta el final. 

Reposábamos los dos en la cama, ambos nos miramos un largo instante a los ojos.

-¿Está bien? Pregunta que fue mútua. 

-Si. Respuesta que fue mútua. 

Todo estaba bien, estuvimos instalados en alguna clase de tangente en el tiempo, corría rápido fuera de esa burbuja, lento dentro de ella, o tal vez al revés. 

Nada es para siempre, eso lo he descubierto en más de una ocasión y en formas duras.

Y teníamos que despedirnos,  decirnos que era todo, que hasta ahí podía ser, con un beso, con un abrazo y una mirada, escribiendo un acuerdo dentro de la burbuja que tenía en su piso los barrotes de la jaula rotos. Siempre he creído que en el cuerpo y su lenguaje se declaran más cosas que con las palabras, y ahí el lenguaje fue claro.

Salí de su casa sintiendo su perfume y recordando, desde entonces en adelante, pensando de nuevo en que hay muchos universos y que en cualquier dimensión las palabras y las acciones tienen un gran poder, alguna vez me llamó Su Lobo , mientras caminaba pensé en el aullido de un lobo en la lejanía, uno que se aleja pero estará siempre pendiente de ella.

Y que este especial intercambio (por poner una definición)  ha superado todo límite que me había dictado, como romper un antiguo tratado en papel envejecido y amarillento por los años, que estoy seguro que de alguna manera hacía falta, para los dos, y  no siento más que amor y gratitud instalados en un plano de categoría que no existe.

Alguna vez lo sentirás y verás que algo así, no se hace con cualquiera…

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Una chispa.

Se siente el efímero. 

Se siente el Arte.

La esencia de un personaje.

El perfume detrás de tus pasos.

Eres fugaz, un remolino. 

Eres mi reflejo.

Eres adrenalina,  pasitos cortos y flotantes.

Eres espalda con piel suave, espigada.

Eres sonrisa y ojos brillantes. 

Eres un breve beso tembloroso, de permanencia larga. 

ERA COMO UN BOTÓN 

Tenía poco tiempo de haber iniciado un contacto sexual con ella. Me gustaron más de una cosa, pues como era de esperar en cada cosa que haces por primera vez,  el tiempo cambia su medida y a tu alrededor todo luce más lento. 

Besaba su cuello mientras estábamos en la cama del hotel, éramos dóciles mutuamente, disfrutaba mucho de verla cerrar los ojos cuando se me ocurría pasear mi lengua por esa zona de su cuerpo. 

Cuando bajé a su pecho, justo entre sus senos, que ya tenían un par de bonitos pezones endurecidos, ella inhalada profundamente (francamente yo descubría su lenguaje corporal para entender su aprobación) cosa que me hizo pensar que el camino que trazaba con la lengua y mis labios parecía dejar un mapa por la vía correcta. Dejaba escapar su aliento mientras me sostenía las manos al tiempo que yo estaba sobre ella.

En mi curiosidad por reconocerla, supe que no debía abusar de los besos en su cadera (le hacia cosquillas). 

Me encontré al fin con su pubis, definitivamente quería besarlo, y conocer el sabor de su sexo. Ahí fue cuando descubrí el botón que le hizo aferrarse a las sábanas,  arquear la espalda y colocar sus talones en mi espalda. 
No es que fuera perfecto, no. A veces se movía tanto que temía que mis dientes le hicieran daño,  y mi lengua se cansaba, mantener la boca abierta tanto tiempo me daban ciertos dolores en la mandíbula, los cuales quise amortiguar cerrando mi boca y usar los labios. 

No trato de hacer un poema sobre esto. Sólo es lo que pasó y nada más. De hecho tuve que detenerme un momento pues me excedí en movimientos y sintió dolor. Pero pronto regresamos a la tarea.

Lo que sí fue un poema, fue el orgasmo que resultó de aquella exploración. 

Sus muslos temblaron.

Su boca dejó escapar gemidos que nunca había escuchado,nunca. (Ya lo dije, era la primera vez que lo practicaba y llegué a pensar que nunca sucedería nada, me sentí muy torpe ; y…  ¡oh sí! Los gemidos de sexo oral son distintos) 

Y mi rostro se empapó de ella.

Descubrí en su sexo el delicioso botón que es el clítoris.

El botón que se convirtió en mi mejor amigo.