Una chispa.

Se siente el efímero. 

Se siente el Arte.

La esencia de un personaje.

El perfume detrás de tus pasos.

Eres fugaz, un remolino. 

Eres mi reflejo.

Eres adrenalina,  pasitos cortos y flotantes.

Eres espalda con piel suave, espigada.

Eres sonrisa y ojos brillantes. 

Eres un breve beso tembloroso, de permanencia larga. 

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ERA COMO UN BOTÓN 

Tenía poco tiempo de haber iniciado un contacto sexual con ella. Me gustaron más de una cosa, pues como era de esperar en cada cosa que haces por primera vez,  el tiempo cambia su medida y a tu alrededor todo luce más lento. 

Besaba su cuello mientras estábamos en la cama del hotel, éramos dóciles mutuamente, disfrutaba mucho de verla cerrar los ojos cuando se me ocurría pasear mi lengua por esa zona de su cuerpo. 

Cuando bajé a su pecho, justo entre sus senos, que ya tenían un par de bonitos pezones endurecidos, ella inhalada profundamente (francamente yo descubría su lenguaje corporal para entender su aprobación) cosa que me hizo pensar que el camino que trazaba con la lengua y mis labios parecía dejar un mapa por la vía correcta. Dejaba escapar su aliento mientras me sostenía las manos al tiempo que yo estaba sobre ella.

En mi curiosidad por reconocerla, supe que no debía abusar de los besos en su cadera (le hacia cosquillas). 

Me encontré al fin con su pubis, definitivamente quería besarlo, y conocer el sabor de su sexo. Ahí fue cuando descubrí el botón que le hizo aferrarse a las sábanas,  arquear la espalda y colocar sus talones en mi espalda. 
No es que fuera perfecto, no. A veces se movía tanto que temía que mis dientes le hicieran daño,  y mi lengua se cansaba, mantener la boca abierta tanto tiempo me daban ciertos dolores en la mandíbula, los cuales quise amortiguar cerrando mi boca y usar los labios. 

No trato de hacer un poema sobre esto. Sólo es lo que pasó y nada más. De hecho tuve que detenerme un momento pues me excedí en movimientos y sintió dolor. Pero pronto regresamos a la tarea.

Lo que sí fue un poema, fue el orgasmo que resultó de aquella exploración. 

Sus muslos temblaron.

Su boca dejó escapar gemidos que nunca había escuchado,nunca. (Ya lo dije, era la primera vez que lo practicaba y llegué a pensar que nunca sucedería nada, me sentí muy torpe ; y…  ¡oh sí! Los gemidos de sexo oral son distintos) 

Y mi rostro se empapó de ella.

Descubrí en su sexo el delicioso botón que es el clítoris.

El botón que se convirtió en mi mejor amigo.