Me gustas. 

Me gustas porque eres grande, magnificente, inspiradora, delicada, fuerte y amorosa.

Eres una y todas las mujeres del mundo al mismo tiempo.

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El mantel.

Te levantaste como siempre, te bañas para prepararte para el trabajo. En la regadera estás sola inmersa en montones de pensamientos, los pagos, los pendientes,  el día qui viene, pero los olvidas, cómo es posible que tengas que pensar en ello desde que desoiertas; así que te das la oportunidad de dejar que el agua haga se trabajo, que te purifique y te prepare para el día ; fantaseas con una cama de agua corriente que te hace viajar en su cauce a lugares escondidos en tus pensamientos, todos son multicolor.

Al salir de la regadera te envuelves en la toalla y dejas que el residuo se vaya en esa tela, buscas tu ropa y la ordenas, eliges pantalones, zapatos, una bonita blusa, un abrigo y bufanda, una sombrilla, en estos días hace frio, y por supuesto, tu ropa,interior; hoy quieres usar un color negro, te miras al espejo y piensas que te viene bien ese color, das media vuelta y tratas de contemplar tus glúteos y piernas, te sientes, te ves y eres bonita.

Termina la primera parte del día,  sales a comer, vas al lugar de siempre, lo disfrutas, algunos minutos exclusivos para ti pues entiendes que la tranquilidad de la rutina es una clase de regalo que parece guardarte un descanso para sortear el sube y baja de la vida, buscas la mesa de siempre en la terraza, así observas a toda la gente, aquellos que también comen allí y a la gente transitado detrás de las rejillas que delimitan la terraza. Es tu lugar, tu rincón y el cielo parcialmente nublado te regala una inusual pintura de nubes que parecen librar una batalla con el sol, una danza en la que encuentras belleza. 

A tu izquierda un hombre que lee el periodico y bebe un americano, a tu derecha una pareja de chicas curiosean sus teléfonos y se muestran mutuamente lo que ven, observar a las personas te lleva a crear historias sobre ellos en tu mente y eso te divierte. 

La mente, la imaginación, la creatividad, la mente, la mente. El  concepto  que te atrae por sobre todas las cosas…

– Su café señorita.

El mesero corta tus reflexiones y solo agradeces. 

Bebes el café,  no es lo que pediste, llamas al mesero, te  atiende y explicas. Después escuchas:

– Disculpa pero este no lo pedí. 

El mesero asustado revisa las notas y se disculpa con la persona en la mesa delante tuyo.

No habías notado a ese hombre que llevaba rato ya, un inconveniente de la tranquilidad de la rutina indudablemente; el mesero se disculpa, notas que es su primer día, y ya cambió el turno, te tienes que ir pero no has tomado tu café,  y es importante hacerlo,  piensas que ahora deberás beberlo más rápido. 

– Creo que confundiste nuestras órdenes. 

El mesero asintió, el hombre de la mesa sonríe y le dice que no se preocupe que le traiga otro, que pagará aambo; él te ve y pide que traiga otro para ti y lo cargue a su cuenta.

– ¿Te molesta?

Te lo dice al tiempo en que se retira un momento los anteojos. Él estaba leyendo, cómo fue que no lo notaste te preguntas; no respondes con palabras, casi por impulso niegas con la cabeza y entonces el error se repara.

– No quiero molestarte en absoluto, ¿Puedo sentarme contigo? 

Asientes, igualmente por impulso. 

No sabes por qué dijiste que si, no estaba en el plan, en la rutina. Pero como ya lo habías pensado, la rutina te prepara para eso.

-Yo no quiero parecerte un loco, pero te había visto antes aqui. Y esperaba verte hoy.

Te has sorprendido. Explicas que es uno de tus lugares favoritos y que sueles reconocer a las personas. Creés que deberias levantarte de ahí e irte, en estos días las cosas no están para estas situaciones. Pero en él percebes algo que quieres  encontrar, una clase de misterio… Y los misterios te gustan.

– No pareces loco de primera vista, pero ese puede ser el peligro, además aun podria gritar.

Miras en sus expresivos ojos una reacción de susto, notar eso te deja algo tranquila. Te ha dicho que le había tomado tiempo animarse y que en su mente actuar asi parecía buena idea. 

Te ha dicho que te observó leer, que leés mucho, que cree que te gusta el Arte y la música, que te concentras mucho cada tarde pensando en algo que él no sabe qué es, que podría ser desde lo más mínimo hasta lo mas extravagante. Y que él quiere conocer la parte extravagante. 

Te has sonrojado, apenado, quién lo diría,  en una tarde normal de pronto un perfecto desconocido parece desprenderte de tus capas. Un tatuaje en su antebrazo te llama la atención cuando decidió doblar las mangas de su camisa negra,  ya viste también que utiliza un reloj, usa barba, lleva un par de libros y una libreta en un morral negro también. Creés que es un personaje. Piensas que es tal,vez escritor, no; profesor, no; es, es… No tienes idea, no te deja pensar en profundidad.

Habla contigo,sobre música, lecturas, locuras hechas y también sobre trivialidades de momento, jugaste con él a crear historias sobre las personas y los comensales que circularan durante la tarde; por cierto, ya llega el ocaso y no te diste cuenta.

-El sol del ocaso te sienta bien.

Su voz ahora suena diferente para ti. Leías hablado de tu trabajo, decidiste ignorar cada mensaje y llamada recibida, todo puede esperar porque no sabes si esto se repita. No sabes si te volverás a encontrar con él. No importa. 

No habías notado tu lugar favorito de la tarde a esas horas del día. Te gusta ver cómo la luz artificial de los faroles de la terraza le bañan la cabellera, es muy extraño que seas tan directa y sincera con él. 

-¿Qué gano con mentirte? 

Es cierto, qué ganan, únicamente invertiste algunas horas de la tarde con él en la que invertirías tiempo en otra cosa. No hay problema para ti, el misterio de tu vigilante se desvela, y te sientes extraña, y algo traviesa.

– Dame un momento, vuelvo enseguida. 

Te levantas directo al,baño de mujeres, tomas tu teléfono y le quieres contar a alguien, te detienes, te miras en el espejo y arreglas tu cabello, retocas tus labios, y en tu mente surge una fantasía,  loca, como todo ese día; te viste mordiendo sus labios, te detienes en ese pensamiento sin saber de dónde salió él, la idea.

Ves que la puerta del baño se abre. Y aparece él.  Te ha dicho que no quiere que termine el día sin besarte. Y lo hace, ya la,imagen en tu mente es real, muerdes de inmediato sus labios, y sientes su aroma, a madera y tabaco, pasas tus manos por su cabellera y el por tu cintura, el,beso,se replica una y otra vez. 

No hay palabras, sólo jadeos, respira en tu cuello mientras tú has desabotonado su camisa y le sonries.

Todo tiene ahora un carácter salvaje y fuerte, te ha dado media vuelta y petcibes su aliento, está detrás de ti mordiendo tus hombros y tocando tus pechos, halas su cadera para sentirlo, él te ha tomado del cabello y tira para levantar tu rostro, y se lo permites; abres los ojos y lo percibes como un animal hambriento,  te sientes presa y miras tu rostro en el espejo, tienes fuego en los ojos y en el vientre, no es miedo, es lujuria lo que sientes;  percibes tu ropa interior húmeda por obvia razones; él también ya lo hizo, pues comienza a tocarte, te ha abierto los pantalones y los ha bajado hasta la mitad de tus piernas.

Lo sientes, quieres continuar sin detenerte, lo sostienes y halas hacia tí con más fuerza, dentro de ti lo percibes, y recibes los impactos que vienen de sus caderas una y otra vez, quieres gritar, y él te silencia con una de sus manos, detalle que te gusta y a decir verdad esperabas. 

Todo termina, como termina un terremoto o una explosión, se ha disipado la energía y tu piel está erizada,  y él besa tu cuello con suavidad,  te das media vuelta para tenerlo de frente. Lo abrazas y él a ti. Se miran de nuevo y hay un carácter de agradecimiento en ese intercambio de miradas.

Quiere decirte algo, no lo,permites, ahora tú eres quien habla. Coqueta segura, sonriente. 

– Nada mal para romper la rutina, no sé si te vuelva a ver, pero no te siento como un extraño. 

– No lo somos. 

Se funden en un abrazo contrastante con respecto a la energía desbordada hace unos instantes.

-Su café señorita…

Regresaste de tus pensamientos. Qué fantasía tan loca acabas de tener. Sientes que tu sexo aún palpita. Vaya que tu mente es fuerte. Te descubres con una de tus manos estrujando el mantel blanco de la mesa, lo sueltas. Ríes internamente por esa reacción natural derivada de tus pensamientos. La plena tarde y su cielo parcialmente nublado está allí. Suspiras un poco para reponerte y bebes de tu taza…

-Disculpa, esto no es lo que pedí.

El mesero se sorprende y se disculpa. Frente a ti escuchas a un hombre  con camisa negra y de barba que leía un libro y a quien no habías notado decir:

-Creo que confundiste nuestras órdenes…

NOTA ELECTRÓNICA 001705                          TEMA: INGENIERÍA BIOMECÁNICA Y BIÓNICA FUENTE: DESCONOCIDA AUTENTICIDAD: EN PROCESO 

El Doctor Radovan Malík es un hombre robusto de cabellera larga y amarrada, usaba una barba algo crecida, especialista en Ingeniería Biomecánica responsable de la creación de extremidades humanas artificiales que han sido aceptadas al cien por ciento por parte de cada persona que ha decidido utilizar alguna, profesor de Cátedra Alfa en La Universidad , es también uno de los pocos profesores que podía elegir a los alumnos para su clase; transitaba con paso apresurado por los senderos de los jardines de la Universidad murmurando cosas haciendo cálculos mentales rápidos observaba constantemente su brazalete revisando datos, hacía pases con los dedos sobre la lisa superficie del dispositivo anotando recordatorios. 

Caminar por ahí resultaba siempre una experiencia que pareciera de primera vez; La Universidad tenía una disposición simétrica de sus jardines con pasillos para transitar bien delimitados,  cada uno de los mismos se interconectaba con otro, la señalética era impecable y bien planeada, mediante hologramas proyectados desde postes pequeños de aproximadamente medio metro de altura podías transitar por cualquiera de los caminos sin problema de extraviarte. 

En muchas de las conexiones de estos caminos se construyeron glorietas las cuales poseían cada una de éstas una interesante estructura inteligente que podía ser utilizada como escenario de múltiples eventos, cualquiera que sea la necesidad para efectuarlos; Radovan se detuvo en uno de ellos pues estudiantes de la Facultad de Música presentaban un concierto con un compendio de piezas de los antiguos Beethoven y Bach,  mientras ellos hacían gala de su virtuosismo al mismo tiempo se proyectaban hologramas multicolor creando un efecto acuarela desde el escenario hacia los espectadores, definitivamente una sensación de estar en un océano de tintas en una realidad extra era el resultado de estar dentro de esa área mientras te acompañaba la música. 

«Qué maravilla » Pensó Radovan mientras escuchaba,  el llamado de la expresión artística lo extrajo de la prisa y la rutina; observaba a su alrededor la mezcla de colores luz cuando se topó frente a la figura inconfundible de la Doctora Mariska Kafka. Ella al contrario de la mayoría del público presente mantenía los ojos cerrados mientras movía la cabeza de arriba a abajo al compaz de la sinfonía; la doctora lucia hermosa.

– Doctora Mariska  ¡Qué sorpresa! 

Mariska regresó a su realidad. Al ver a Radovan abrió los ojos asombrada.

– ¡Radovan! ¿Cómo estás?.  Se acerca entonces a él para darle un fuerte abrazo. 

-Me encuentro excelente Doctora, estaba un poco apresurado hasta que me detuve frente a este escenario. 

-El poder del Arte Radovan, me encanta aplacar esta loca cabeza con música, deberías ver mi casa, tengo montones de electroimágenes que son un verdadero alivio ver.

-No lo dudo Doctora. 

-Pero, ya me iba, podría quedarme todo el día sin embargo debo regresar al laboratorio. 

-También voy hacía allá Doctora. 

Ambos tomaron camino directo hacia las instalaciones de la Universidad. 

-¿Por qué ibas tan apresurado?  Preguntó Mariska mientras ojeaba por última vez el escenario. 

– Recibí un mensaje urgente del laboratorio,  estamos en un momento crítico con las últimas pruebas para el ojo biónico. 

– ¡Vaya! Radovan,  creo que gracias a ti toda la humanidad será reciclable. 

– Oh no,  yo no diría eso… Yo creo que… 

El brazalete del Doctor Radovan comenzó a sonar, ambos se detuvieron un momento y atendió el llamado,  en la pantalla de el artefacto se apreciaba el escudo de La Universidad. 

-Diga.

-Buena tarde Doctor Radovan. 

-Señor Rector,  dígame en que puedo servirle. 

-Por favor,  quisiera verle en mi oficina lo más pronto posible. 

-Entendido. 

-Dígame ¿Cómo van los progresos de su investigación? 

-Pues… Bien Señor. Aún estamos atendiendo las últimas pruebas. 

-¿Ya realizó los ensayos?

-No señor, creo que debo ajustar algunos elementos, la conexión del dispositivo al cerebro humano no parece terminar de configurarse,  debo realizar algún ajuste y continuar probando. 

-Lo entiendo. 

Hubo una pausa y la voz del Rector cambió de tono.

– Por favor envíeme un informe de estos resultados a la brevedad. Le espero en mi oficina. 

-Enseguida Señor.

La comunicación finalizó. 

Mariska intervino de inmediato. 

-Algo le molesta.

-¿Cómo dice? 

– Era su voz, algo le molesta. 

-Creo que es muy perspicaz Doctora. 

-Radovan,  deja las formalidades de lado. Tenemos mucho tiempo de conocernos los tres. ¿No sentiste algo en su manera de hablar? 

-Creo,  creo que sí. 

-Pues ya no te entretengo, vayamos pues,  el trabajo espera. 

Mariska al decir esto rotó la cabeza para estirar su cuello. 

-Siempre que hablas de trabajo haces ese gesto. 

-¿Ves?  Tú también eres muy observador. 

– Gracias;  creo que tienes razón, había algo en el tono de su voz, tienes muy buena memoria. 

– Si, y también sé que hay cosas que nunca cambian, y otras que si.

Al decir esto la mirada de la Doctora se tornó un poco sombría. 

– Hasta luego Doctora.

– Hasta luego «Doctor»

Radovan Malík desvió entonces su camino directo a la oficina del Rector. Llegar allá lo hizo pasar antes por otra glorieta donde se veía a un grupo de estudiantes muy interesados en aquello que decía otro Profesor de la Universidad; Delgado y de cabellera alborotada abría sus manos con energía, sonreía ante su audiencia,  la cual parecía sonreír con él. Radovan se fascinó con esa imagen brevemente «El Historiador» pensó. 

Radovan al fin llegó a la oficina del Rector. Al cruzar el umbral de entrada la puerta se cerró deslizándose con suavidad detrás de él,  mientras avanzaba la oficina cobraba iluminación cuanto más se acercaba al escritorio el cual estaba al fondo y frente a un ventanal donde podía verse en el panorama toda La Universidad. 

El Rector se encontraba justo mirando a través de éste, hasta que por fin el solemne silencio se rompió. 

-Buenas tardes de nuevo Doctor Radovan. 

-Buenas tardes. 

-Le agradezco que viniera. Sé que se encuentra muy ocupado.

-Ni lo diga ¿En qué puedo servirle?

– Doctor,  se trata de mi brazo. 

-¿Qué sucede, se ha averiado? 

-Duele,  Doctor. 

-Eso es imposible. 

-También lo creí imposible, pero es cierto. 

-Tal vez se trate de alguna falla en el sincronizador neuronal, de alguna forma debe estar estimulando ciertas áreas del cerebro. En ocasiones hay una neogenesis de conexiones, y estas interactuan con los elementos electrónicos. 

-Por favor arréglelo.

-Claro. Convendrá hacer un escaneo,  tal vez pueda utilizar un nuevo modelo. 

-No, el brazo está perfecto. 

-¿Tiene algún valor sentimental?  Radovan se acercó para reconocer el estado del brazo mecánico. 

-Esas cosas son una pérdida de tiempo Doctor,  es un recordatorio. No somos perfectos.

-Lo sé. 

-Pero si lo fuésemos,  si lo fuésemos biológicamente. Estoy seguro de que muchas cosas serían diferentes. 

-Tal vez mi trabajo no tendría razón de ser si algo así sucediera. 

-Se equivoca Doctor. 

-¿Cómo cree que algo así pudiera ser factible Señor Rector? 

-Aún no lo sé. Pero tal vez se puede encontrar la forma. Seres humanos perfectos, a veces creo Doctor, que también deberíamos asumir el control de la evolución. 

-Creo Señor, que habría una gran controversia si algo así sucediera.

-¿Cuándo podremos arreglar esto? El Rector señaló el brazo mecánico.

-Ahora mismo, podemos ir al laboratorio. 

-Vayamos entonces. 

Mariska Kafka se hallaba sentada en su laboratorio, tratando de concentrarse en su trabajo,  pero ese día no podía,  en su mente resonaba el tono de voz de El Rector,  tono que escuchó hacía un par de horas «¿Cuándo fue que te escuché así, Mustafá? » en sus reflexiones se develó una imagen,  un hombre con traje del cuerpo de Rescate y Seguridad de La ciudad cargaba con un brazo el cuerpo inerte de una persona, tenía la mirada endurecida, acomodaba el cuerpo de esta sobre una camilla.

– ¿Doctora? 

Mariska asintió. La pregunta vino de esa persona que cargaba al herido. 

-Por favor atiéndalo, está grave.  La explosión causó muchas muertes.

Mariska generalmente mantenía la cabeza fría,  aquí sus fibras estaban movidas gracias a la imagen frente a sus ojos el Rescatista usó un brazo para cargar al herido porque a éste le faltaba el otro. 

Mariska reaccionó también. 

– ¡No se mueva! Usted también necesita atención. 

El joven tenía los ojos encendidos en furia. Esa energía se desvaneció cuando sus lesiones le hicieron caer al piso,  Mariska trató de interceptarlo para suavizar la caída. 

En el piso Mariska revisaba la grave herida del Rescatista.

-Creo que las personas no aprecian esto, debería haber una manera de que todos dejemos de existir. 

-No diga tonterías,  está delirando, necesita sangre, no sé cómo pudo sostenerse. 

-No Doctora.  No es delirio.

-¿Cómo se llama? 

El Rescatista empalideció rápidamente. 

-¡Necesito apoyo aquí! Gritó Mariska. 

-Mi nombre es Mustafá… 

Y quedó inconsciente. 

El brazalete de la Doctora Mariska comenzó a sonar. Esto la trajo de regreso de sus pensamientos. 

-Diga. 

-Doctora, llegó su transporte,  la esperan en la conferencia. 

-Enseguida voy. Gracias. 

Mariska cortó la comunicación.  Tomó algunos documentos impresos y cargó en su brazalete información que necesitaría, salió de allí tratando de reajustar su concentración. 
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12 Campanadas 

Karina ​(Ella)
Justo la hora pico en la calzada de Tlalpan,  en medio de esa lluvia ocurrente e imprudente de la Ciudad.«Atascada en el tráfico,  lo que me faltaba» piensa, pero ya lo saben, Diciembre está plagado de un aire de renovación que cualquier inconveniente se disuelve un poco al considerar que el siguiente año te traerá cosas nuevas «vida nueva, o más de lo mismo ».Ya no importa,  cambió de trabajo,  trata de dejar de fumar, tiene todos los regalos envueltos, la comida que tocó preparar para la fiesta de esa noche está lista , la ventaja es que es en su casa y viene sola en el automóvil, sin niña.

La lluvia la llevó a un recuerdo que de pronto es recurrente en su memoria :
Piensa en él. 
Años atrás una pareja de muchachos correteaban risueños por los pasillos del edificio en la Preparatoria,  una lluvia vasta los había atrapado y los dejó empapados hallaron un salón vacío,  en la Preparatoria no es imposible que eso suceda, y ahí decidieron secarse lo mejor posible,  tirando las mochilas en la entrada, Él decide de pronto quitarse la chamarra y la playera roja para exprimirla. 
Pasaba, como sucede muy seguido en esos tiempos de la vida humana escolar, que Ella no se atrevía a decirle que estaba gozando de ver esa imagen, observaba su espalda húmeda con hilos de agua provenientes de su cabellera larga la cual cubría la mitad de su espalda. Él se dio media vuelta para decirle:
-¿ No te vas a secar? Te puedes enfermar.

– ¿Yo? este…
– Espera,  espera; usa mi playera, yo la vuelvo a exprimir de todos modos.

– Pero…

Una pausa…

– ¡Ah! Si, perdón. 
Él se da media vuelta. 
Ella tenía frío,  pero éste se apagó cuando entonces pasaba la prenda por su rostro, figurando en una manera fantástica romántico – literaria,  que el roce de la prenda eran las manos y besos de Él. 


El Claxon del coche detrás de ella la regresa a La ciudad y al tráfico.



-¡Ay pinche Gabriel! 
Sigue su camino pendiente del tráfico y rellenando sus reflexiones con muchas posibilidades, cargados de «hubiera» entre esto,  y lo otro, posibilidades extintas muchas de ellas, pero una latente: «Si te besara una vez,  una vez sería suficiente,  lo juro, si te acariciara una vez,  una bastaría,  lo juro, lo juro… »

Entra una llamada:
-¿Bueno?
– ¡Hola Karina!
– ¡Hola Gabriel!  No te vas a morir pronto. 
– Ah, con que pensabas en mi. ¿Cosas buenas?
– Cosas buenas, si… Como el postre que vas a llevar a la casa, porque si vas a ir ¿Verdad? 
-Si cómo no,  solo quería preguntarte si el postre que querías era de durazno o fresa.
– Pues de fresa ¡Ay como si no me conocieras! 

– No pues si, por su puesto, es lo que le decía a Carolina,  de fresa, de fresa, pero me estaba neciando.

– Está bien,  no hay problema. 
– Bueno,te lo llevo, te va a gustar, va a quedar sabroso. Como las manos de quien lo prepara.
Ambos sueltan una carcajada. 
– Bueno sabroso, allá nos vemos todos, también llegará toda La bola. 
– ¡Órale! Seremos muchos.
– No me iba a endeudar con esa casota nada más para tenerla vacía.
– Ya sé.  Bueno, entonces nos vemos allá al rato.

«Todos tenemos nuestros hubiera» pensó. 

GABRIEL (Él) 

Gabriel colgó la llamada,  estaba en la cocina cortando las fresas para terminar de adornar el postre. Las fresas enteras le llevaron a un recuerdo vívido:
Karina y Gabriel salieron del cine y se estaban disponiendo a comer cerca de la plaza comercial, una costumbre en la que estaban de acuerdo, para así hablar sobre la película. 

Gabriel sacó de su mochila un recipiente con fresas, sonrientes, frescas y de colores vivos.

-Toma, te traje estas para postre. 

-¡Se ven deliciosas!.  Y tomó una de inmediato para morderla; el jugo de la fruta escurrió por las comisuras de sus labios y una gota cayó en su pecho. Gabriel observó la escena, mientras Karina mordía y limpiaba de su rostro y pecho el jugo de la fruta; él creyó que los labios de Karina eran tan rojos como la fresa, notar esos detalles lo sorprendió por un momento. 

-¿Qué estás mirando?  Preguntó Karina. 

-Nada.

– Ya te vi éh.

-No, es que… Les puse mucho almíbar ¿verdad? 

-Están buenísimas.  Creo que esto de la da repostería se te da.

-Y, oye ¿Te gustó el final de la película? 

-¡Cómo no!  Mira, no he leído el libro,  pero ya éste es uno de mis personajes favoritos, el Doctor Lecter. 

– Gabriel,  ya vámonos,  el tráfico se va a poner pesado.

 La voz que lo regresó de sus pensamientos era de Carolina, quien tenía abrigos,  paraguas, bolsas,  todo listo para la partir. 

-¡Ay, pinche Karina!  susurró. 

———-

El camino resultó más relajado de lo que se esperaba,  el tránsito fue noble y la lluvia había disminuido de poco en poco mientras llegaban a casa de Karina. 

La pareja llegó al fin, Carolina usó una aldaba con forma de escorpión para anunciar su llegada,  el aguijón del mismo funcionaba para tal efecto. 

– Todavía me acuerdo de cuánto estuvimos buscando esta extravagancia Karina y  yo, insistía en uno así para su puerta.- Comentó Carolina. 

– Si, ya sabes como es.

– Me recuerda a tu tatuaje. – Se acercó para darle un tierno beso en los labios. 

Cuando la puerta abrió, una niña de cerca de 8 años de cabellera larga y oscura lanzó un grito alegre. 

-¡Tío Gabriel,  tía Caro! 

-¡Marianita!.  Exclamó Gabriel arrodillándose para recibir el abrazo de la pequeña. 

– Hice muchos dibujos.

– ¿En serio?

– Si tío, todos los que me dijiste con los colores que me regalaron. 

– ¿Y en dónde están?. – Preguntó Carolina esta vez. 

– Allá tía. – La pequeña señaló dentro e la casa sonriente revelando un hueco en la dentadura que solo acentuaba su tierna imagen. 

-¡Pues vamos! – Respondió Carolina. 

La pareja entró a la casa guiados por su pequeña anfitriona. Era un espacio organizado con buen gusto limitado con claridad con colores en las paredes,  entre gritos y risas los niños jugaban y correteaban en un espacio con las paredes tapizadas con hojas de papel las cuales también servían de alfombra en el lugar. Gabriel se detuvo unos segundos para mirarlo y admiró ese particular universo.

Se podía apreciar también un pequeño estudio con media luz por efecto de una lámpara que era para Karina.La sala de estar era de colores neutros,  grises coordinados con buen gusto y bien iluminado para Fernando, esposo de Karina quien cantaba con su guitarra acústica para todos los adultos presentes, un viejo vestigio de su época de músico, nada mal por cierto.

-¡Miren quién llegó! 

Karina salía de la cocina con un par de tazas de café humeante y se las entregó a los recién llegados. 

-Tomen,  seguro que les caerá bien. Es Chiapaneco. 

Carolina sostuvo la taza de café que le correspondía entre sus manos y dio un sorbo.

-Está delicioso. 

Gabriel sostuvo la suya con una mano mientras que con la otra cargaba una bolsa con los postres para la cena. 

-La llevaré a la cocina.

– Me voy a la sala,  es que me gusta mucho esa canción. – Dijo Carolina,  ahí te veo Gabo. 

– Te ayudo.- Dijo Karina, y quitó de la mano de Gabriel,  la taza.

-Hija de… Me hubieras ayudado con los postres. 

-¿Cómo te ha ido?  

– Bien, todo bien.

Entraron a la cocina. Al fondo se escuchó el llanto de un niño, un accidente en el pequeño universo.

– Ay no, déjame ir a ver 

Gabriel se quedó solo en la cocina bebió un poco de la infusión chiapaneca, aún podía ver el escenario de la fiesta, en su mente la frase «Bien, todo bien» resonó. 

Y realmente así lo era, el trabajo estaba perfecto,  las cosas con Carolina están más que bien,  no hay deudas,  todo lo que dentro del ordinario mundo adulto se traduce en armonía.

– Todo bien.  – Se dijo en voz baja mientras escuchó una carcajada de una de las asistentes, Regina, mujer morena clara con una sonrisa luminosa, ese tipo de persona que son alegres y despreocupadas. Oírla lo llevó a recordar una interesante conversación. 

Semanas atrás Gabriel y Regina terminaban de arreglar la mesa para un servicio de banquetes del cual Gabriel, ahora chef estuvo a cargo. 

-Está buenísimo. 

– Deja, eso no es tuyo. 

– ¡¿Qué?! No me digas que nunca se te han antojado las cosas ajenas.

– No.

-No te creo, y creo que si, te he visto.

-¿Cómo? 

– Si, te he… Mira,  a mi cuanto más me dicen que no,  más lo intento,  siempre que quiero un pedazo de pastel, voy y lo agarro, quiero tener mi vida llena de cosas que se me antojan,  si no, para qué las quiero, y así podría terminar el viaje diciendo que hice todo lo que quise. 

– ¿ No respetas nada?

– Ah claro que si. Pero algo con etiqueta de prohibido siempre adiciona «condimento» a las cosas. Yo simplemente no puedo estar a dieta.- Dice esto mientras suelta una carcajada ruidosa. 

– ¡Silencio!.- Susurró Gabriel. – Ya, creo que entiendo de lo que hablas, pero ¿Qué no piensas en las consecuencias? 

– Si, claro que si. Pero me tengo como prioridad,  y sé cómo,  con qué o… Con quién hacer las cosas..- Regina observó con cuidado a Gabriel.- Yo sé que eres bueno,  todos lo sabemos, pero también eres una persona,  y todos tenemos nuestro rincón prohibido. – Regina volvió a reír esteuendosamente.

– Si, tal vez tienes razón.

– Gabriel, ¿ seguimos hablando de pasteles? 

– Pues… 

– No importa, ni te preocupes,  todos tenemos esos momentos; Oye ¿De dónde sacas a estos meseros?  Parece que los aceptas con fotografía. 

Estas vez ambos sonrieron. 

                                —–

Ya todos estaban reunidos en la estancia, hablando, cantando canciones conocidas en coro, Fernando se encontraba pleno como hacía mucho que no se sentía.

– Nos alegra mucho verlos aquí, y a ti Gabriel, Caro. Ya era hora de que llegaran.. – Dijo Fernando. 

– Disculpen, pero la lluvia nos retrasó un poco. – Respondió Carolina. 

En medio de música, café y cóctel se respiraba de nuevo la atmósfera de renovación característica de la noche y la época.

Gabriel de cuando en cuando cruzó miradas con Karina,  sonreía especialmente luminosa esa noche,  radiante,  siempre pensó que su sonrisa estaba muy bien enmarcada por su densa cabellera oscura azabache, lucia hermosa, llevaba puesta ropa formal,  así era ella, impecable. 

Cada que una mirada de ellos se conectaba había una variante en el gesto, un sutil cambio en la sonrisa. 

El tiempo tiene dimensiones subjetivas.

Finalmente Karina tomó aire y anunció la cena. El comedor ya estaba listo y ordenado, tomó más tiempo del esperado hacer que todos tomaran lugar en la precisa mesa, ir por los niños y extraerlos de su universo de juegos, acarrear algunos adultos que en la conversación no querían perder tiempo de estar al corriente de todos los hechos del año para cada quien.

Hasta que todos tomaron lugar para maravillarse del colorido mosaico de alimentos que la mesa ofrecía. 

-¡Buen provecho! Amigos y familia,  gracias por acompañarnos esta noche. Que nuestros lazos sean más fuertes día a día. 

Todos aplaudieron. 

Hay lazos fuertes que son imperceptibles…  

———-

La cena terminó y casi cronómetricamente se acercó la hora para recibir el año nuevo, doce campanadas, doce uvas, un brindis,  y muchos abrazos, en medio del mencionado aire de renovación, los bríos listos para la nueva vuelta del mundo, al fin Karina y Gabriel se encontraron frente a frente.

Ambos se dieron un abrazo cuya sensación fue de otros 365 días de duración,  en ese instante ambos recibieron el golpe del recuerdo que habían tenido cada uno en su momento el día anterior. Gabriel percibía la forma de la cintura de Karina, ella descansaba en sus hombros y sumergió la nariz en la cabellera de Gabriel, que ya no era tan larga, pero si lo suficiente como para que le gustara.Posiblemente sin explicación, sólo instinto, había algo que interiormente gritaba: « ¡Nada más de lo mismo! »

Karina susurró al oído de Gabriel:

 – Que Dios me perdone Gabriel,  por favor,  acompáñame… Arriba. 

Tantos años de amistad y relación le dieron la suficiente información a Gabriel para entender entre líneas y dentro del ese tono de voz lo que Karina trataba de decirle. 
——

En el primer piso se encontraban cuatro alcobas, una para Karina y Fernando, otra para Marianita , otra para invitados y una más que Karina siempre dijo que era exclusiva para ella, esa noche ya no más… 
La puerta abrió rápidamente,  el ruido no era un problema,  el bullicio de los invitados era ahora su mejor aliado. 

No hubo nada que explicar,  Gabriel estaba cegado por el deseo, entendiendo en su sangre y toda conexión neuronal aquel sabor de lo llamado prohibido, levantó a Karina con fuerza de la cintura para llevarla sobre una mesa escritorio, rasgó las medias impecables de Karina y ella le asistió. 

– Sólo está vez,  te juro que esta vez será suficiente.- Decía Karina jadeante, susurrando 

– Estoy de acuerdo, bésame,  bésame más.- Respondió Gabriel 

Los besos eran fuertes como mordidas, dados con el mismo deseo que alguien hambriento atacaría una mesa de banquetes. 

Karina abrió la camisa de Gabriel,  botón por botón, la habría roto, pero sabía que tenía que guardar precauciones, al hacerlo,  se despliega en su mente el recuerdo de aquel día lluvioso, mira en torso con un escorpión tatuado que más de una vez había querido acariciar, besar, morder… 

Gabriel cerraba los ojos mientras sentía el hálito caliente de Karina viajando en su pecho,  él parecía más impaciente,  no tenían mucho tiempo,  alguien podría notar la ausencia prolongada,  alguien podría entrar a ese lugar que Karina tenía prohibido a todo el mundo «pero no, aún no subirán,  no entrarán » se decía. Luego entonces se abalanzó sobre Karina para librarla de las prendas superiores, le ha desnudado el torso, y sus senos se erguían orgullosos,  listos como una ofrenda, Gabriel comenzó a besarlos y a deslizar con rapidez la lengua en cada uno de ellos, deseaba sentir el sabor de la piel de su amiga, de su amante. 

-¡Tu boca! Mmhh tu boca Gabriel,  no te detengas.

Gabriel jadeaba y sus respiración parecía  a hacer eco en toda la habitación.  Karina desata con agilidad el cinturón de Gabriel,  abre la cremallera. 

– Por favor,  tampoco te detengas.- Dijo él . 
Karina cerró los ojos en el instante en que Gabriel comenzó a entrar en ella, lanzó un grito ahogado mordiendo sus propios labios. 

Dos cuerpos, dos personas que tenía un claro deseo no declarado en ese momento hacían plausible la fantasía. 

Karina apretaba con fuerza sus piernas para aprisionarlo, ambos en sincronía,  como toda la vida, en el vaivén de una danza de dos amantes, ya no hay marcha atrás,  ya no hay nada más que explicar. Ahí están,  por fin, ahí están. 

– ¡Ahora, ahora! Gritó ella con los ojos fuertemente cerrados abrazando y clavando las uñas en la espalda de Gabriel. 

-Karina… 

Los movimientos de Gabriel obedecían la voz de su Karina, era suya en ese pequeño presente en la línea de tiempo. 

-Más rápido,  más fuerte…

La pareja tuvo un orgasmo en el que callaron sus bocas mutuamente.

Y el vaivén cesó. 

Ambos tratando e recuperar el aliento, con el rostro nariz con nariz.El primero en hablar fue Gabriel. 

-Karina,  hacía tanto tiempo, no sé qué decirte, sólo deseaba…

-Es mutuo, y eso, créeme me ha hecho muy feliz, sólo está vez, lo juro, sólo esta. Ya tengo todo de ti.

-Y yo de ti. No te  arruinaré nada, te lo prometo. 

-No,no. Yo tampoco quiero hacerlo. Todo está aqui.- Karina mira alrededor, aquí,señala la cabeza de Gabriel; aquí señala su pecho; y aquí,  coloca su dedo sobre sus labios en señal de silencio. 

Los amantes sonrieron. Al salir de esa habitación, los amigos regresarán a  su vida habitual,  a ser lo que son, dos almas que tuvieron algo pendiente,  pero ese año,  al fin ese tema tuvo una conclusión. 

LOS SUEÑOS DE ANA.(Primera parte)

Cuando abrió los ojos Ana aún tenía los auriculares puestos, la lista de reproducción pareció repetirse infinidad de veces, pero no estaba descansada.

Aún recostada en la cama movía la mirada por toda la habitación, la música era uno de sus medios para apaciguar una ola de pensamientos que le golpeaban, voces que parecen ecos lejanos que suben el volumen repentinamente y que sólo haciendo esfuerzo por concentrarse en otra cosa, simplemente se esfuman. 

-Odio estas noches. 

Lo dijo en voz alta para sí misma. Era un método propio para asegurarse de que eso acabó.

En el extremo contrario a la cama de su recámara, Ana tiene un caballete con un bastidor que ya tenía algunas veladuras con óleo donde apenas se dibujan formas, un retrato por encargo; cuando se inicia alguna veladura trabajas con una base de color rojo, eso es lo que se apreciaba en el bastidor,  una forma de rostro con matices rojos que al echar andar la imaginación resultaba en una figura descarnada, forma que ella no podía dejar de sentir asi, una pura consecuencia de ese episodio. Junto al bastidor Ana tiene un restirador sobre el cual abundan lápices,  carboncillos,  sanguinas, óleos, pinceles, aceites y solventes; un verdadero altar para la creatividad. Los bocetos del retrato eran varios, intercalado con otros tantos que resultaba ser esas imágenes que golpean involuntariamente su mente.

-Ana…Ana ¿Ya despertaste?

-¡Si! Ya desperté mamá. 

-Apúrate que ya se va tu papá y quiere despedirse.

-¡Ya voy! 

Ana salió de su recámara para alcanzar a su padre, bajó las escaleras y giró al comedor, la figura de un hombre barbudo, robusto, cabello alborotado,  y manos grandes que sostenía con una de ellas  un vaso de jugo de naranja y con la otra el periódico. 

– Este mundo parece cada vez más una historia de terror, hola mi’ja. 

-Hola papá.- De inmediato se acercó a él para abrazarle.

-Chamaca, deberías levantarte más temprano.

-Perdona Pá’, no pude dormir. 

-¿Andabas dibujando? 

-Pintando el encargo. 

-¿El retrato?

-Si, ese, aún me falta para acabarlo.

– Ya apúrate para que te vengas a trabajar conmigo,  ya te enseñaré más yo que todos tus maestros juntos.

Ambos rieron, ella asintió, disfrutaba el hecho de poder compartir el talento de su padre, cosa de familia.

-Bueno chamaca, ya me voy, ese retablo no se va a acabar solo. Pórtese bien y acabe pronto, si quieres,cuando lleguen tus vacaciones te vas conmigo.

– Obviamente, me lo vienes prometiendo tanto que ya ni te creía, pero ahora si te lo voy a hacer efectivo. 

Ana recibió el abrazo cálido de su padre, y lo vió dejar su vaso sobre la mesa y el periódico que leía debajo de él. 

-Voy a despedirme de tu hermana y tu mamá. 

-Está bien.

Su padre entonces dejó el comedor. Ana entonces tuvo una ligera fantasía donde pintaba el muro de un edificio, parada en un andamio, con su negro cabello recogido y manchado. Decidió entonces servirse algo de leche, y jugo, tomó una manzana del frutero de la mesa bebió el dulce jugo de la fruta recién exprimido,  mordió su primer bocado. 

Su teléfono sonó. En la pantalla decía “Lilia”

-Hola ¿Ana?

-Si, quién más. 

-Ay güey, qué mamona.

-Ya ¿qué pasó?

-Nada, estoy aburrida y quería ir a tu casa.

-Va, vente para acá. Sirve que me ayudas- Mientras hablaba movía el vaso vacío de su padre y se encontró con el,periódico,  decidió hojearlo. <Ay, papá,  ya deberías leer el periódico con la tablet > pensó, una tras otra, las páginas pasaban.

-Entonces voy,como en una hora ¿Vas a querer mota? 

-Pinche viciosa. 

-Te encanta no te hagas.

-Si, trae. Nada más que te esperas hasta que te diga. La otra vez el olor no se podía aguantar.

Ana logró ver un encabezado entre las páginas:  DESAPARECIDO. Una fotografía debajo del mismo, se apreciaba un pequeño de aproximadamente 3 años,sonriente y de mejillas rosadas. Acompañado de la descripción de éste. 

-Va, va. Oye, llevo los pinceles que dejaste aqui la otra vez. ¿Quieres que te lleve algo? 

Ana se detuvo precisamente ahí. La imágen era familiar, estaba muy segura de haberla visto antes. Trataba de hacer un recuento de rostros. 

-Ana…

Veía la fotografía, movía la vista a la sala de su casa ¿Dónde, dónde lo vio?.

-Ana…

-¿Qué..? Si, si, tráemelos por favor.

-Bueno, ya me voy, te veo al rato. Bye. 

Ana deja su teléfono sobre el comedor para observar la fotografía impresa del periódico, el rostro del niño sonriente, leía rápidamente el artículo, no era una alerta AMBER regular, era un artículo con detalles extras, palabras como “sin explicación “, “sin resultado”, “sin evidencia ” resaltaban en su atención. 

-¿Dónde te he visto nene?

Ana abandonó el pensamiento. Sabía que tenía que continuar en su encargo, se llevó su comida, en el camino se encontró con su madre.

-Hola mi niña. 

-Hola Má’. 

-Oye,te ves muy cansada,  deberías dormir más,  no te desveles trabajando, ya ves lo que le pasó a tu papá por trabajar tanto. Voy a llevarme las piezas a la galería, entonces nos vemos en la tarde. Va a venir tu abuela,  cuídense mucho.

-Si Má’.

<< Ay mamá,  siempre con prisa y hablando rápido. ..>>

Continuó su camino a la recámara, junto a ésta estaba la de su hermana menor,  Carolina. Ella estaba al teléfono,  no se detuvo a poner atención a la conversación. 

Pasaba la mañana hasta que se transformó en una agradable tarde y Ana con la ventana abierta ventilaba su espacio, el olor de los materiales se fugaba por esa salida.

Lilia llegó.

-Hola güey. 

-Hola.

-Órale, andas concentrada ¿Ya,vas a acabar?

-Ahí la llevo.

-Si quieres te ayudo.

-No, la vayas a regar. Ana sonrió con su comentario.

-Ay si güey. Oye abajo está tu abuelita. 

-Ay, ni avisa cuando entra. ¿Qué está haciendo?

-¡Carne! Hasta se me antojó un taco.

-Ah pu’s al rato comemos, nada mas quiero terminar esta parte. 

-Ya te tardaste. 

-Es que no me he podido,concentrar.

-¿Y eso?

Mientras hablaban,Lilia comenzó a garabatear lineas en las hojas sobre el restirador de Ana.

-No sé, como que sueño mucho cuando me acuesto. Y todo se siente muy real, además pura pesadilla. 

-¿Ves gente muerta?.- Lo dijo mientras hacía un característico tono de broma. Ana guardo silencio.

-No mames, no gente pero… Ah no sé,  son como monstruos.

-¿A poco?

-Si, mejor me despierto, me levanto y me pongo a dibujar.

-Ahh ¿Son como estos?

-Si, todos esos.-  Respondió sin dejar de mirar el bastidor.

-Güey estan muy chidos. Lilia seguía repasando dibujo tras dibujo hasta detenerse en uno que llamó su atención. 

-Este está muy bueno. ¿Me lo regalas?

Ana entonces miró el papel que su amiga sostenia, abrió los ojos impresionada, en el dibujo se apreciaba la figura de un niño jugando sentado en el piso, detrás de él una oscura garra de largo brazo parecía querer atraparlo sin que se diera cuenta; Ana sintió vértigo,  el niño era muy parecido al de la fotografía del periódico, arrebató el dibujo de las manos de Lilia y se sentó sobre la cama.

-¿Qué onda, qué te pasa?  

– Nada, déjame ver la fecha.

La fecha constaba un mes atrás desde ese día. Estaba confundida. Quería explicar a su amiga esa reacción y decirle algo lógico. Pero no había explicación.

-Si, te lo doy, nada más déjame ver algo. Préstamelo.

Bajó las escaleras rápidamente para revisar el periódico que dejó su padre. Al llegar a la cocina vió a su abuela recargada en la encimera de la cocina, con el periódico en mano. Ana se detuvo para tratar de pedirle el impreso a su abuela.

-Hola mi niña. – Saludó sin dejar de ver la imágen. 

-Abuela…

-Ya sé lo que tienes mi niña. También sé que te preguntas muchas cosas, que apenas duermes y has tenido muchos sueños extraños ¿Puedo ver tu dibujo?

Ana, enmudecida sólo extendió la mano con el papel, su abuela lo recibió con calma y calidez.

-Primero, quiero decirte que tu talento es inmenso, y para responder tu siguiente pregunta. .. Si, es el mismo nene.

Ana se sintió golpeada por una sensación de angustia que le hizo ceñir el rostro y tener los ojos llorozos…

Fin de la primera parte.

LA CULPA ES DE ESA LOLIPOP

Créanme cuando les digo que si bien puedo tener un arranque animal cuyo único antídoto es el coito. También sé que puedo dominarlo. 
Supongo que me encontré con la excepción de la regla (lo sé,  todos somos iguales,  siempre pensamos en lo mismo) pero reitero que también he debido aprender a controlar el impulso sexual o sexoso que se dispara desde los cromosomas o por causa de, según mis amistades entendidas en el tema, haber nacido escorpión. (Já) 

La excepción de mi regla había aparecido en un episodio de mi camino en este plano justo al terminar una entrega de proyecto. En realidad antes, pues era compañera de una de mis clases. Aburrido al terminar la mencionada junta me fui a la escuela para alcanzar la última clase, ya terminada salí a sentarme por ahí en el área de la cafetería,  encendí un cigarrillo y estaba pensando «seguro estos carbones van a querer pagar menos » había percibido el olor peculiar de su perfume. « Ay Dios, aquí anda»  y entonces decidió sentarse a mi lado.

– ¿ Vas a ir a la fiesta? 

-¿ Cuál fiesta? 

– En casa de Edgar. 

– Si. Yo creo que si.

-Bueno… 

Dejaré hasta aquí el detalle del complejo arreglo para ir a una fiesta, hecho que como deben saber, se sincroniza más rápido que cualquier aparato inteligente existente.

Isabel (evidentemente no es su nombre real) usaba pantalones rasgados en el área de los muslos, pantalones que se asentaban muy bien en sus redondeadas nalgas, ya nos habíamos descubierto en intercambio de miradas, y conversaciones de ese tipo que se sabe que no dañan a nadie (en verdad no dañan a nadie) y era hasta divertido tenerlo.

Claro, claro el cliché de la tensión sexual (porque eso era y no otra cosa, sexo, sexo y nada más)  ¿Por qué debía controlar al travieso instinto?  Porque yo en aquellos días tenía novia. Y ella el suyo respectivo. 
* * * * *
No se trataba de que pasara por un mal momento en esa relación o por alguna clase de crisis existencial. No,no. Era verla bailar, moviendo sus caderas, ver ondear su cabello al ritmo de su baile, los ojos en un color miel que brillaban bonito con la luz del día y el sutil hecho de que ella me miraba de vez en cuando mientras bailaba.
——- ¡Y llegó el Vodka! ——-


Nos dejamos llevar todos por esa fiesta de viernes. « ¡Si, pinches clientes! ¡Si pinches profe! ¡Si,  pinches gastos! ¡Si, salud…! »

Oh si, fiesta universitaria…
Ya se llenaba la sala del departamento de Edgar con nuestros humores. Éramos muchos y hacía calor, ya estaba algo cansado de moverme y del ritmo de la música electrónica. 

Salí a tomar aire y fumar (tomar aire fumando, claro,  suena logico) con mi desarmador de jugo de naranja artificial en mano me asome al pequeño balcón del departamento. 

Llegó Isabel, y me dio un abrazo desde la espalda. 

– ¡Hace calor allá adentro!

– Si, mucho.

– ¿ Quieres…? (Aquí aparece la lolipop que estaba justo entre sus labios rosas.)

Y la mencionada lolipop en sus manos regresó a su boca.

-No, está bien,  gracias. 

-Pues ni quería darte. 

-Pero, oye… (Ok. De pronto digo lo primero que pienso sin tener idea de lo que va a pasar, a veces funciona para ciertas cosas, muy ajenas a las que les redacto aquí ) 

– ¿Qué?  y puso la paleta de nuevo en su boca.

– Sigue haciendo eso con tu paleta…

-¡Eres un puerco!

Me dio un golpe en el hombro. 

– ¡Qué quieres!, debe ser el Vodka (si, cómo no)

– Un día,  tal vez.

-Si, tal vez…

– ¡Ya! No hagas eso.

-¿Qué cosa?

– Verme así.

– Imposible (si, eso era cierto, imposible no verla así, ya escuchaba esa voz interior que me decía « ¡Vas,vas! » y yo tratando de controlarla)

– Mira que no debes desatar fuerzas que no sabes si puedes controlar ( ¿Acaso me leyó el pensamiento?) 

– No he desatado nada… Todavía.
Y nos reímos, supongo que era esa connotación sexual dentro de nuestra comunicación. 

– ¿Sabes qué?.  Me dijo. 

– ¿Qué? Si, ya sé.  Debo portarme bien.

-Voy adentro. 

Y puso la golosina en su boca.
Regresamos adentro a la fiesta, bailé con ella mucho,  con el bit de la música electrónica encontramos el perfecto pretexto para acercarnos, beber, sudar…

Le abracé de la cintura con el extremo deseo de acercarla a mi y besarle, y me contenía. No decíamos nada sólo sonreiamos ella levantaba los brazos y yo me acerqué para sentir con toda intención su temperatura y la humedad en su piel.Nos rozabamos las manos, tocaba mi espalda y yo la suya, dos o tres roces con la nariz, sentí sus senos contra mi pecho. Yo y mi autocontrol, yo y mis ganas de besarle contra mis ganas de ser bien portado. 

Ya eran las 2 de la mañana.
 

Salí a fumar. Y ella siguió dentro hablando con algunos amigos. 
«Ya no llegué a mi casa» pensé. 

Apareció de nuevo frente a mí.

-¿Qué pasa?

– Nada niña.

-¿Piensas en algo?

-No, en nada («¡Bésala!»)

– No parece, tu mirada siempre es expresiva.

-Si,  eso dicen («¡Que me bese!»)

– ¿Por qué no me has besado en toda la fiesta?

-No quiero molestarte (« ¡Quieres besarla,  Bésala!»)

-No me va a molestar. Me he acercado a ti toda la noche, hemos bailado tan cerquita que hasta podría estar ofendida porque nada más no nos hemos besado. No nos hagamos tontos.

Me quedé mudo… 

* * * * * *
Puro impulso del deseo sexual fue, nada más. 

Isabel y yo llegamos casi corriendo a la puerta de la habitación del hotel. En el camino por el pasillo en dicho lugar la besé con mucha fuerza y ella mordió mis labios en cada vez.

Entramos a la habitación y ni bien cerré la puerta me empujó contra ella y nos dimos otro prolongado beso de esos que hacen que la saliva deje hilo.

No hay engaño ante un deseo, surge, está ahí aunque cierres los ojos; yo quería estar ahí con ella; ella también, y decidimos saciarlo en ese momento y lugar. Si, también sé que me pudo rechazar y todo hubiese seguido igual. 

Pero, no… No fue  así. 

-Creo que no nos costaba nada. Le dije

-Nada…

Y nos besábamos entre palabras,  casi arranco sus ropas.  Ella besaba mi cuello mientras metía una mano dentro de mis pantalones, en ese justo momento dejé fluir por entero esa característica de mis cromosomas, o signo astral.

Hurgó dentro de mi ropa interior hasta encontrar mi erección y masajear mi pene. Yo use ambas manos para tocar sus bonitos glúteos,  los que había admirado desde la tarde del día anterior.

La cargué sostendiéndole de ahí mismo y enredó sus piernas en mi cintura, me di media vuelta para hacer contrapeso en la puerta, ya ella estaba desnuda por mi causa y yo en pantalones y la camisa abierta.

-Si comes un postre, no lo dejas a la mitad,  le dije.

Y ella sonrió. 

Así contra la puerta le sostuve las piernas hasta subirla a mis hombros, Isabel leyó mis intenciones y me ayudó para acomodar sus muslos, su pubis húmedo quedó frente a mi y  yo lo exploré de la mejor manera posible, presionaba con sus piernas y hacía equilibrio contra la puerta (un acto de acrobacia que no es tan fácil,  pero la lujuria es un fuerte aliciente) quería conocer su sabor, quería saciar todo con ella.

Nos movimos a la cama, me quitó toda la ropa y así desnudos ambos me dijo:

-Hace tanto, niño bueno… (tal cual el famoso libro)

Isabel…

No terminé la frase cuando ella ya besaba mi pecho y cintura con velocidad, y comenzó a besar mi pene ( Sabrán que en este momento yo me sentí a su merced, evidentemente) 

Su boca caliente y húmeda se movía de arriba a abajo,me acariciaba, tocó mis nalgas,  lo hacía rápido y no dejaba de mirarme, se detenía brevemente para tomar aire o descanso y continuaba. 

Entre un momento y otro me decía :

– Hoy te quiero mío. Sin reproches mutuos, sin nada, sólo hoy te quiero mío, serás mio desde hoy y nos recordaremos.

(Estaba de acuerdo con ella, yo era para ella y ella para mi, sólo ese momento, sólo esa noche, no lo diríamos a nadie, aun cuando rumoraran,  nunca lo íbamos a aceptar, nuestras parejas no lo sabrían,  para qué, era sexo y ya)

En aquellos momentos yo no podía hablar,se movía cada vez más rápido, ella seguia bien mi mapa de placeres, yo movía un poco las caderas, y ella no se detuvo…

Exploté…

Ella pasaba la lengua por sus labios y en tono de travesura me dijo:

-¿Lolipop?

Ambos reímos con complicidad. 

Las cosas no terminaron ahí.  La noche aún era larga y había mucho fuego que apagar.

Días después, nada, ningún reproche, ningún reclamo,  nos seguíamos cruzando en clases, incluso con nuestras parejas,  el trato se respetó, en privado de vez en cuando un saludo que decía ;

-Hola Niño bueno. 

-Hola Lolipop. 

Seguido de una sonrisa mutua. 

Tengo en mi memoria sus tatuajes y toda esa noche; y de pronto me gusta pensar en ella y en sus palabras, me gusta pensar en éstas como en un embrujo atinado, aún la recuerdo y espero que ella también.