12 Campanadas 

Karina ​(Ella)
Justo la hora pico en la calzada de Tlalpan,  en medio de esa lluvia ocurrente e imprudente de la Ciudad.«Atascada en el tráfico,  lo que me faltaba» piensa, pero ya lo saben, Diciembre está plagado de un aire de renovación que cualquier inconveniente se disuelve un poco al considerar que el siguiente año te traerá cosas nuevas «vida nueva, o más de lo mismo ».Ya no importa,  cambió de trabajo,  trata de dejar de fumar, tiene todos los regalos envueltos, la comida que tocó preparar para la fiesta de esa noche está lista , la ventaja es que es en su casa y viene sola en el automóvil, sin niña.

La lluvia la llevó a un recuerdo que de pronto es recurrente en su memoria :
Piensa en él. 
Años atrás una pareja de muchachos correteaban risueños por los pasillos del edificio en la Preparatoria,  una lluvia vasta los había atrapado y los dejó empapados hallaron un salón vacío,  en la Preparatoria no es imposible que eso suceda, y ahí decidieron secarse lo mejor posible,  tirando las mochilas en la entrada, Él decide de pronto quitarse la chamarra y la playera roja para exprimirla. 
Pasaba, como sucede muy seguido en esos tiempos de la vida humana escolar, que Ella no se atrevía a decirle que estaba gozando de ver esa imagen, observaba su espalda húmeda con hilos de agua provenientes de su cabellera larga la cual cubría la mitad de su espalda. Él se dio media vuelta para decirle:
-¿ No te vas a secar? Te puedes enfermar.

– ¿Yo? este…
– Espera,  espera; usa mi playera, yo la vuelvo a exprimir de todos modos.

– Pero…

Una pausa…

– ¡Ah! Si, perdón. 
Él se da media vuelta. 
Ella tenía frío,  pero éste se apagó cuando entonces pasaba la prenda por su rostro, figurando en una manera fantástica romántico – literaria,  que el roce de la prenda eran las manos y besos de Él. 


El Claxon del coche detrás de ella la regresa a La ciudad y al tráfico.



-¡Ay pinche Gabriel! 
Sigue su camino pendiente del tráfico y rellenando sus reflexiones con muchas posibilidades, cargados de «hubiera» entre esto,  y lo otro, posibilidades extintas muchas de ellas, pero una latente: «Si te besara una vez,  una vez sería suficiente,  lo juro, si te acariciara una vez,  una bastaría,  lo juro, lo juro… »

Entra una llamada:
-¿Bueno?
– ¡Hola Karina!
– ¡Hola Gabriel!  No te vas a morir pronto. 
– Ah, con que pensabas en mi. ¿Cosas buenas?
– Cosas buenas, si… Como el postre que vas a llevar a la casa, porque si vas a ir ¿Verdad? 
-Si cómo no,  solo quería preguntarte si el postre que querías era de durazno o fresa.
– Pues de fresa ¡Ay como si no me conocieras! 

– No pues si, por su puesto, es lo que le decía a Carolina,  de fresa, de fresa, pero me estaba neciando.

– Está bien,  no hay problema. 
– Bueno,te lo llevo, te va a gustar, va a quedar sabroso. Como las manos de quien lo prepara.
Ambos sueltan una carcajada. 
– Bueno sabroso, allá nos vemos todos, también llegará toda La bola. 
– ¡Órale! Seremos muchos.
– No me iba a endeudar con esa casota nada más para tenerla vacía.
– Ya sé.  Bueno, entonces nos vemos allá al rato.

«Todos tenemos nuestros hubiera» pensó. 

GABRIEL (Él) 

Gabriel colgó la llamada,  estaba en la cocina cortando las fresas para terminar de adornar el postre. Las fresas enteras le llevaron a un recuerdo vívido:
Karina y Gabriel salieron del cine y se estaban disponiendo a comer cerca de la plaza comercial, una costumbre en la que estaban de acuerdo, para así hablar sobre la película. 

Gabriel sacó de su mochila un recipiente con fresas, sonrientes, frescas y de colores vivos.

-Toma, te traje estas para postre. 

-¡Se ven deliciosas!.  Y tomó una de inmediato para morderla; el jugo de la fruta escurrió por las comisuras de sus labios y una gota cayó en su pecho. Gabriel observó la escena, mientras Karina mordía y limpiaba de su rostro y pecho el jugo de la fruta; él creyó que los labios de Karina eran tan rojos como la fresa, notar esos detalles lo sorprendió por un momento. 

-¿Qué estás mirando?  Preguntó Karina. 

-Nada.

– Ya te vi éh.

-No, es que… Les puse mucho almíbar ¿verdad? 

-Están buenísimas.  Creo que esto de la da repostería se te da.

-Y, oye ¿Te gustó el final de la película? 

-¡Cómo no!  Mira, no he leído el libro,  pero ya éste es uno de mis personajes favoritos, el Doctor Lecter. 

– Gabriel,  ya vámonos,  el tráfico se va a poner pesado.

 La voz que lo regresó de sus pensamientos era de Carolina, quien tenía abrigos,  paraguas, bolsas,  todo listo para la partir. 

-¡Ay, pinche Karina!  susurró. 

———-

El camino resultó más relajado de lo que se esperaba,  el tránsito fue noble y la lluvia había disminuido de poco en poco mientras llegaban a casa de Karina. 

La pareja llegó al fin, Carolina usó una aldaba con forma de escorpión para anunciar su llegada,  el aguijón del mismo funcionaba para tal efecto. 

– Todavía me acuerdo de cuánto estuvimos buscando esta extravagancia Karina y  yo, insistía en uno así para su puerta.- Comentó Carolina. 

– Si, ya sabes como es.

– Me recuerda a tu tatuaje. – Se acercó para darle un tierno beso en los labios. 

Cuando la puerta abrió, una niña de cerca de 8 años de cabellera larga y oscura lanzó un grito alegre. 

-¡Tío Gabriel,  tía Caro! 

-¡Marianita!.  Exclamó Gabriel arrodillándose para recibir el abrazo de la pequeña. 

– Hice muchos dibujos.

– ¿En serio?

– Si tío, todos los que me dijiste con los colores que me regalaron. 

– ¿Y en dónde están?. – Preguntó Carolina esta vez. 

– Allá tía. – La pequeña señaló dentro e la casa sonriente revelando un hueco en la dentadura que solo acentuaba su tierna imagen. 

-¡Pues vamos! – Respondió Carolina. 

La pareja entró a la casa guiados por su pequeña anfitriona. Era un espacio organizado con buen gusto limitado con claridad con colores en las paredes,  entre gritos y risas los niños jugaban y correteaban en un espacio con las paredes tapizadas con hojas de papel las cuales también servían de alfombra en el lugar. Gabriel se detuvo unos segundos para mirarlo y admiró ese particular universo.

Se podía apreciar también un pequeño estudio con media luz por efecto de una lámpara que era para Karina.La sala de estar era de colores neutros,  grises coordinados con buen gusto y bien iluminado para Fernando, esposo de Karina quien cantaba con su guitarra acústica para todos los adultos presentes, un viejo vestigio de su época de músico, nada mal por cierto.

-¡Miren quién llegó! 

Karina salía de la cocina con un par de tazas de café humeante y se las entregó a los recién llegados. 

-Tomen,  seguro que les caerá bien. Es Chiapaneco. 

Carolina sostuvo la taza de café que le correspondía entre sus manos y dio un sorbo.

-Está delicioso. 

Gabriel sostuvo la suya con una mano mientras que con la otra cargaba una bolsa con los postres para la cena. 

-La llevaré a la cocina.

– Me voy a la sala,  es que me gusta mucho esa canción. – Dijo Carolina,  ahí te veo Gabo. 

– Te ayudo.- Dijo Karina, y quitó de la mano de Gabriel,  la taza.

-Hija de… Me hubieras ayudado con los postres. 

-¿Cómo te ha ido?  

– Bien, todo bien.

Entraron a la cocina. Al fondo se escuchó el llanto de un niño, un accidente en el pequeño universo.

– Ay no, déjame ir a ver 

Gabriel se quedó solo en la cocina bebió un poco de la infusión chiapaneca, aún podía ver el escenario de la fiesta, en su mente la frase «Bien, todo bien» resonó. 

Y realmente así lo era, el trabajo estaba perfecto,  las cosas con Carolina están más que bien,  no hay deudas,  todo lo que dentro del ordinario mundo adulto se traduce en armonía.

– Todo bien.  – Se dijo en voz baja mientras escuchó una carcajada de una de las asistentes, Regina, mujer morena clara con una sonrisa luminosa, ese tipo de persona que son alegres y despreocupadas. Oírla lo llevó a recordar una interesante conversación. 

Semanas atrás Gabriel y Regina terminaban de arreglar la mesa para un servicio de banquetes del cual Gabriel, ahora chef estuvo a cargo. 

-Está buenísimo. 

– Deja, eso no es tuyo. 

– ¡¿Qué?! No me digas que nunca se te han antojado las cosas ajenas.

– No.

-No te creo, y creo que si, te he visto.

-¿Cómo? 

– Si, te he… Mira,  a mi cuanto más me dicen que no,  más lo intento,  siempre que quiero un pedazo de pastel, voy y lo agarro, quiero tener mi vida llena de cosas que se me antojan,  si no, para qué las quiero, y así podría terminar el viaje diciendo que hice todo lo que quise. 

– ¿ No respetas nada?

– Ah claro que si. Pero algo con etiqueta de prohibido siempre adiciona «condimento» a las cosas. Yo simplemente no puedo estar a dieta.- Dice esto mientras suelta una carcajada ruidosa. 

– ¡Silencio!.- Susurró Gabriel. – Ya, creo que entiendo de lo que hablas, pero ¿Qué no piensas en las consecuencias? 

– Si, claro que si. Pero me tengo como prioridad,  y sé cómo,  con qué o… Con quién hacer las cosas..- Regina observó con cuidado a Gabriel.- Yo sé que eres bueno,  todos lo sabemos, pero también eres una persona,  y todos tenemos nuestro rincón prohibido. – Regina volvió a reír esteuendosamente.

– Si, tal vez tienes razón.

– Gabriel, ¿ seguimos hablando de pasteles? 

– Pues… 

– No importa, ni te preocupes,  todos tenemos esos momentos; Oye ¿De dónde sacas a estos meseros?  Parece que los aceptas con fotografía. 

Estas vez ambos sonrieron. 

                                —–

Ya todos estaban reunidos en la estancia, hablando, cantando canciones conocidas en coro, Fernando se encontraba pleno como hacía mucho que no se sentía.

– Nos alegra mucho verlos aquí, y a ti Gabriel, Caro. Ya era hora de que llegaran.. – Dijo Fernando. 

– Disculpen, pero la lluvia nos retrasó un poco. – Respondió Carolina. 

En medio de música, café y cóctel se respiraba de nuevo la atmósfera de renovación característica de la noche y la época.

Gabriel de cuando en cuando cruzó miradas con Karina,  sonreía especialmente luminosa esa noche,  radiante,  siempre pensó que su sonrisa estaba muy bien enmarcada por su densa cabellera oscura azabache, lucia hermosa, llevaba puesta ropa formal,  así era ella, impecable. 

Cada que una mirada de ellos se conectaba había una variante en el gesto, un sutil cambio en la sonrisa. 

El tiempo tiene dimensiones subjetivas.

Finalmente Karina tomó aire y anunció la cena. El comedor ya estaba listo y ordenado, tomó más tiempo del esperado hacer que todos tomaran lugar en la precisa mesa, ir por los niños y extraerlos de su universo de juegos, acarrear algunos adultos que en la conversación no querían perder tiempo de estar al corriente de todos los hechos del año para cada quien.

Hasta que todos tomaron lugar para maravillarse del colorido mosaico de alimentos que la mesa ofrecía. 

-¡Buen provecho! Amigos y familia,  gracias por acompañarnos esta noche. Que nuestros lazos sean más fuertes día a día. 

Todos aplaudieron. 

Hay lazos fuertes que son imperceptibles…  

———-

La cena terminó y casi cronómetricamente se acercó la hora para recibir el año nuevo, doce campanadas, doce uvas, un brindis,  y muchos abrazos, en medio del mencionado aire de renovación, los bríos listos para la nueva vuelta del mundo, al fin Karina y Gabriel se encontraron frente a frente.

Ambos se dieron un abrazo cuya sensación fue de otros 365 días de duración,  en ese instante ambos recibieron el golpe del recuerdo que habían tenido cada uno en su momento el día anterior. Gabriel percibía la forma de la cintura de Karina, ella descansaba en sus hombros y sumergió la nariz en la cabellera de Gabriel, que ya no era tan larga, pero si lo suficiente como para que le gustara.Posiblemente sin explicación, sólo instinto, había algo que interiormente gritaba: « ¡Nada más de lo mismo! »

Karina susurró al oído de Gabriel:

 – Que Dios me perdone Gabriel,  por favor,  acompáñame… Arriba. 

Tantos años de amistad y relación le dieron la suficiente información a Gabriel para entender entre líneas y dentro del ese tono de voz lo que Karina trataba de decirle. 
——

En el primer piso se encontraban cuatro alcobas, una para Karina y Fernando, otra para Marianita , otra para invitados y una más que Karina siempre dijo que era exclusiva para ella, esa noche ya no más… 
La puerta abrió rápidamente,  el ruido no era un problema,  el bullicio de los invitados era ahora su mejor aliado. 

No hubo nada que explicar,  Gabriel estaba cegado por el deseo, entendiendo en su sangre y toda conexión neuronal aquel sabor de lo llamado prohibido, levantó a Karina con fuerza de la cintura para llevarla sobre una mesa escritorio, rasgó las medias impecables de Karina y ella le asistió. 

– Sólo está vez,  te juro que esta vez será suficiente.- Decía Karina jadeante, susurrando 

– Estoy de acuerdo, bésame,  bésame más.- Respondió Gabriel 

Los besos eran fuertes como mordidas, dados con el mismo deseo que alguien hambriento atacaría una mesa de banquetes. 

Karina abrió la camisa de Gabriel,  botón por botón, la habría roto, pero sabía que tenía que guardar precauciones, al hacerlo,  se despliega en su mente el recuerdo de aquel día lluvioso, mira en torso con un escorpión tatuado que más de una vez había querido acariciar, besar, morder… 

Gabriel cerraba los ojos mientras sentía el hálito caliente de Karina viajando en su pecho,  él parecía más impaciente,  no tenían mucho tiempo,  alguien podría notar la ausencia prolongada,  alguien podría entrar a ese lugar que Karina tenía prohibido a todo el mundo «pero no, aún no subirán,  no entrarán » se decía. Luego entonces se abalanzó sobre Karina para librarla de las prendas superiores, le ha desnudado el torso, y sus senos se erguían orgullosos,  listos como una ofrenda, Gabriel comenzó a besarlos y a deslizar con rapidez la lengua en cada uno de ellos, deseaba sentir el sabor de la piel de su amiga, de su amante. 

-¡Tu boca! Mmhh tu boca Gabriel,  no te detengas.

Gabriel jadeaba y sus respiración parecía  a hacer eco en toda la habitación.  Karina desata con agilidad el cinturón de Gabriel,  abre la cremallera. 

– Por favor,  tampoco te detengas.- Dijo él . 
Karina cerró los ojos en el instante en que Gabriel comenzó a entrar en ella, lanzó un grito ahogado mordiendo sus propios labios. 

Dos cuerpos, dos personas que tenía un claro deseo no declarado en ese momento hacían plausible la fantasía. 

Karina apretaba con fuerza sus piernas para aprisionarlo, ambos en sincronía,  como toda la vida, en el vaivén de una danza de dos amantes, ya no hay marcha atrás,  ya no hay nada más que explicar. Ahí están,  por fin, ahí están. 

– ¡Ahora, ahora! Gritó ella con los ojos fuertemente cerrados abrazando y clavando las uñas en la espalda de Gabriel. 

-Karina… 

Los movimientos de Gabriel obedecían la voz de su Karina, era suya en ese pequeño presente en la línea de tiempo. 

-Más rápido,  más fuerte…

La pareja tuvo un orgasmo en el que callaron sus bocas mutuamente.

Y el vaivén cesó. 

Ambos tratando e recuperar el aliento, con el rostro nariz con nariz.El primero en hablar fue Gabriel. 

-Karina,  hacía tanto tiempo, no sé qué decirte, sólo deseaba…

-Es mutuo, y eso, créeme me ha hecho muy feliz, sólo está vez, lo juro, sólo esta. Ya tengo todo de ti.

-Y yo de ti. No te  arruinaré nada, te lo prometo. 

-No,no. Yo tampoco quiero hacerlo. Todo está aqui.- Karina mira alrededor, aquí,señala la cabeza de Gabriel; aquí señala su pecho; y aquí,  coloca su dedo sobre sus labios en señal de silencio. 

Los amantes sonrieron. Al salir de esa habitación, los amigos regresarán a  su vida habitual,  a ser lo que son, dos almas que tuvieron algo pendiente,  pero ese año,  al fin ese tema tuvo una conclusión. 

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LOS SUEÑOS DE ANA.(Primera parte)

Cuando abrió los ojos Ana aún tenía los auriculares puestos, la lista de reproducción pareció repetirse infinidad de veces, pero no estaba descansada.

Aún recostada en la cama movía la mirada por toda la habitación, la música era uno de sus medios para apaciguar una ola de pensamientos que le golpeaban, voces que parecen ecos lejanos que suben el volumen repentinamente y que sólo haciendo esfuerzo por concentrarse en otra cosa, simplemente se esfuman. 

-Odio estas noches. 

Lo dijo en voz alta para sí misma. Era un método propio para asegurarse de que eso acabó.

En el extremo contrario a la cama de su recámara, Ana tiene un caballete con un bastidor que ya tenía algunas veladuras con óleo donde apenas se dibujan formas, un retrato por encargo; cuando se inicia alguna veladura trabajas con una base de color rojo, eso es lo que se apreciaba en el bastidor,  una forma de rostro con matices rojos que al echar andar la imaginación resultaba en una figura descarnada, forma que ella no podía dejar de sentir asi, una pura consecuencia de ese episodio. Junto al bastidor Ana tiene un restirador sobre el cual abundan lápices,  carboncillos,  sanguinas, óleos, pinceles, aceites y solventes; un verdadero altar para la creatividad. Los bocetos del retrato eran varios, intercalado con otros tantos que resultaba ser esas imágenes que golpean involuntariamente su mente.

-Ana…Ana ¿Ya despertaste?

-¡Si! Ya desperté mamá. 

-Apúrate que ya se va tu papá y quiere despedirse.

-¡Ya voy! 

Ana salió de su recámara para alcanzar a su padre, bajó las escaleras y giró al comedor, la figura de un hombre barbudo, robusto, cabello alborotado,  y manos grandes que sostenía con una de ellas  un vaso de jugo de naranja y con la otra el periódico. 

– Este mundo parece cada vez más una historia de terror, hola mi’ja. 

-Hola papá.- De inmediato se acercó a él para abrazarle.

-Chamaca, deberías levantarte más temprano.

-Perdona Pá’, no pude dormir. 

-¿Andabas dibujando? 

-Pintando el encargo. 

-¿El retrato?

-Si, ese, aún me falta para acabarlo.

– Ya apúrate para que te vengas a trabajar conmigo,  ya te enseñaré más yo que todos tus maestros juntos.

Ambos rieron, ella asintió, disfrutaba el hecho de poder compartir el talento de su padre, cosa de familia.

-Bueno chamaca, ya me voy, ese retablo no se va a acabar solo. Pórtese bien y acabe pronto, si quieres,cuando lleguen tus vacaciones te vas conmigo.

– Obviamente, me lo vienes prometiendo tanto que ya ni te creía, pero ahora si te lo voy a hacer efectivo. 

Ana recibió el abrazo cálido de su padre, y lo vió dejar su vaso sobre la mesa y el periódico que leía debajo de él. 

-Voy a despedirme de tu hermana y tu mamá. 

-Está bien.

Su padre entonces dejó el comedor. Ana entonces tuvo una ligera fantasía donde pintaba el muro de un edificio, parada en un andamio, con su negro cabello recogido y manchado. Decidió entonces servirse algo de leche, y jugo, tomó una manzana del frutero de la mesa bebió el dulce jugo de la fruta recién exprimido,  mordió su primer bocado. 

Su teléfono sonó. En la pantalla decía “Lilia”

-Hola ¿Ana?

-Si, quién más. 

-Ay güey, qué mamona.

-Ya ¿qué pasó?

-Nada, estoy aburrida y quería ir a tu casa.

-Va, vente para acá. Sirve que me ayudas- Mientras hablaba movía el vaso vacío de su padre y se encontró con el,periódico,  decidió hojearlo. <Ay, papá,  ya deberías leer el periódico con la tablet > pensó, una tras otra, las páginas pasaban.

-Entonces voy,como en una hora ¿Vas a querer mota? 

-Pinche viciosa. 

-Te encanta no te hagas.

-Si, trae. Nada más que te esperas hasta que te diga. La otra vez el olor no se podía aguantar.

Ana logró ver un encabezado entre las páginas:  DESAPARECIDO. Una fotografía debajo del mismo, se apreciaba un pequeño de aproximadamente 3 años,sonriente y de mejillas rosadas. Acompañado de la descripción de éste. 

-Va, va. Oye, llevo los pinceles que dejaste aqui la otra vez. ¿Quieres que te lleve algo? 

Ana se detuvo precisamente ahí. La imágen era familiar, estaba muy segura de haberla visto antes. Trataba de hacer un recuento de rostros. 

-Ana…

Veía la fotografía, movía la vista a la sala de su casa ¿Dónde, dónde lo vio?.

-Ana…

-¿Qué..? Si, si, tráemelos por favor.

-Bueno, ya me voy, te veo al rato. Bye. 

Ana deja su teléfono sobre el comedor para observar la fotografía impresa del periódico, el rostro del niño sonriente, leía rápidamente el artículo, no era una alerta AMBER regular, era un artículo con detalles extras, palabras como “sin explicación “, “sin resultado”, “sin evidencia ” resaltaban en su atención. 

-¿Dónde te he visto nene?

Ana abandonó el pensamiento. Sabía que tenía que continuar en su encargo, se llevó su comida, en el camino se encontró con su madre.

-Hola mi niña. 

-Hola Má’. 

-Oye,te ves muy cansada,  deberías dormir más,  no te desveles trabajando, ya ves lo que le pasó a tu papá por trabajar tanto. Voy a llevarme las piezas a la galería, entonces nos vemos en la tarde. Va a venir tu abuela,  cuídense mucho.

-Si Má’.

<< Ay mamá,  siempre con prisa y hablando rápido. ..>>

Continuó su camino a la recámara, junto a ésta estaba la de su hermana menor,  Carolina. Ella estaba al teléfono,  no se detuvo a poner atención a la conversación. 

Pasaba la mañana hasta que se transformó en una agradable tarde y Ana con la ventana abierta ventilaba su espacio, el olor de los materiales se fugaba por esa salida.

Lilia llegó.

-Hola güey. 

-Hola.

-Órale, andas concentrada ¿Ya,vas a acabar?

-Ahí la llevo.

-Si quieres te ayudo.

-No, la vayas a regar. Ana sonrió con su comentario.

-Ay si güey. Oye abajo está tu abuelita. 

-Ay, ni avisa cuando entra. ¿Qué está haciendo?

-¡Carne! Hasta se me antojó un taco.

-Ah pu’s al rato comemos, nada mas quiero terminar esta parte. 

-Ya te tardaste. 

-Es que no me he podido,concentrar.

-¿Y eso?

Mientras hablaban,Lilia comenzó a garabatear lineas en las hojas sobre el restirador de Ana.

-No sé, como que sueño mucho cuando me acuesto. Y todo se siente muy real, además pura pesadilla. 

-¿Ves gente muerta?.- Lo dijo mientras hacía un característico tono de broma. Ana guardo silencio.

-No mames, no gente pero… Ah no sé,  son como monstruos.

-¿A poco?

-Si, mejor me despierto, me levanto y me pongo a dibujar.

-Ahh ¿Son como estos?

-Si, todos esos.-  Respondió sin dejar de mirar el bastidor.

-Güey estan muy chidos. Lilia seguía repasando dibujo tras dibujo hasta detenerse en uno que llamó su atención. 

-Este está muy bueno. ¿Me lo regalas?

Ana entonces miró el papel que su amiga sostenia, abrió los ojos impresionada, en el dibujo se apreciaba la figura de un niño jugando sentado en el piso, detrás de él una oscura garra de largo brazo parecía querer atraparlo sin que se diera cuenta; Ana sintió vértigo,  el niño era muy parecido al de la fotografía del periódico, arrebató el dibujo de las manos de Lilia y se sentó sobre la cama.

-¿Qué onda, qué te pasa?  

– Nada, déjame ver la fecha.

La fecha constaba un mes atrás desde ese día. Estaba confundida. Quería explicar a su amiga esa reacción y decirle algo lógico. Pero no había explicación.

-Si, te lo doy, nada más déjame ver algo. Préstamelo.

Bajó las escaleras rápidamente para revisar el periódico que dejó su padre. Al llegar a la cocina vió a su abuela recargada en la encimera de la cocina, con el periódico en mano. Ana se detuvo para tratar de pedirle el impreso a su abuela.

-Hola mi niña. – Saludó sin dejar de ver la imágen. 

-Abuela…

-Ya sé lo que tienes mi niña. También sé que te preguntas muchas cosas, que apenas duermes y has tenido muchos sueños extraños ¿Puedo ver tu dibujo?

Ana, enmudecida sólo extendió la mano con el papel, su abuela lo recibió con calma y calidez.

-Primero, quiero decirte que tu talento es inmenso, y para responder tu siguiente pregunta. .. Si, es el mismo nene.

Ana se sintió golpeada por una sensación de angustia que le hizo ceñir el rostro y tener los ojos llorozos…

Fin de la primera parte.

LA CULPA ES DE ESA LOLIPOP

Créanme cuando les digo que si bien puedo tener un arranque animal cuyo único antídoto es el coito. También sé que puedo dominarlo. 
Supongo que me encontré con la excepción de la regla (lo sé,  todos somos iguales,  siempre pensamos en lo mismo) pero reitero que también he debido aprender a controlar el impulso sexual o sexoso que se dispara desde los cromosomas o por causa de, según mis amistades entendidas en el tema, haber nacido escorpión. (Já) 

La excepción de mi regla había aparecido en un episodio de mi camino en este plano justo al terminar una entrega de proyecto. En realidad antes, pues era compañera de una de mis clases. Aburrido al terminar la mencionada junta me fui a la escuela para alcanzar la última clase, ya terminada salí a sentarme por ahí en el área de la cafetería,  encendí un cigarrillo y estaba pensando «seguro estos carbones van a querer pagar menos » había percibido el olor peculiar de su perfume. « Ay Dios, aquí anda»  y entonces decidió sentarse a mi lado.

– ¿ Vas a ir a la fiesta? 

-¿ Cuál fiesta? 

– En casa de Edgar. 

– Si. Yo creo que si.

-Bueno… 

Dejaré hasta aquí el detalle del complejo arreglo para ir a una fiesta, hecho que como deben saber, se sincroniza más rápido que cualquier aparato inteligente existente.

Isabel (evidentemente no es su nombre real) usaba pantalones rasgados en el área de los muslos, pantalones que se asentaban muy bien en sus redondeadas nalgas, ya nos habíamos descubierto en intercambio de miradas, y conversaciones de ese tipo que se sabe que no dañan a nadie (en verdad no dañan a nadie) y era hasta divertido tenerlo.

Claro, claro el cliché de la tensión sexual (porque eso era y no otra cosa, sexo, sexo y nada más)  ¿Por qué debía controlar al travieso instinto?  Porque yo en aquellos días tenía novia. Y ella el suyo respectivo. 
* * * * *
No se trataba de que pasara por un mal momento en esa relación o por alguna clase de crisis existencial. No,no. Era verla bailar, moviendo sus caderas, ver ondear su cabello al ritmo de su baile, los ojos en un color miel que brillaban bonito con la luz del día y el sutil hecho de que ella me miraba de vez en cuando mientras bailaba.
——- ¡Y llegó el Vodka! ——-


Nos dejamos llevar todos por esa fiesta de viernes. « ¡Si, pinches clientes! ¡Si pinches profe! ¡Si,  pinches gastos! ¡Si, salud…! »

Oh si, fiesta universitaria…
Ya se llenaba la sala del departamento de Edgar con nuestros humores. Éramos muchos y hacía calor, ya estaba algo cansado de moverme y del ritmo de la música electrónica. 

Salí a tomar aire y fumar (tomar aire fumando, claro,  suena logico) con mi desarmador de jugo de naranja artificial en mano me asome al pequeño balcón del departamento. 

Llegó Isabel, y me dio un abrazo desde la espalda. 

– ¡Hace calor allá adentro!

– Si, mucho.

– ¿ Quieres…? (Aquí aparece la lolipop que estaba justo entre sus labios rosas.)

Y la mencionada lolipop en sus manos regresó a su boca.

-No, está bien,  gracias. 

-Pues ni quería darte. 

-Pero, oye… (Ok. De pronto digo lo primero que pienso sin tener idea de lo que va a pasar, a veces funciona para ciertas cosas, muy ajenas a las que les redacto aquí ) 

– ¿Qué?  y puso la paleta de nuevo en su boca.

– Sigue haciendo eso con tu paleta…

-¡Eres un puerco!

Me dio un golpe en el hombro. 

– ¡Qué quieres!, debe ser el Vodka (si, cómo no)

– Un día,  tal vez.

-Si, tal vez…

– ¡Ya! No hagas eso.

-¿Qué cosa?

– Verme así.

– Imposible (si, eso era cierto, imposible no verla así, ya escuchaba esa voz interior que me decía « ¡Vas,vas! » y yo tratando de controlarla)

– Mira que no debes desatar fuerzas que no sabes si puedes controlar ( ¿Acaso me leyó el pensamiento?) 

– No he desatado nada… Todavía.
Y nos reímos, supongo que era esa connotación sexual dentro de nuestra comunicación. 

– ¿Sabes qué?.  Me dijo. 

– ¿Qué? Si, ya sé.  Debo portarme bien.

-Voy adentro. 

Y puso la golosina en su boca.
Regresamos adentro a la fiesta, bailé con ella mucho,  con el bit de la música electrónica encontramos el perfecto pretexto para acercarnos, beber, sudar…

Le abracé de la cintura con el extremo deseo de acercarla a mi y besarle, y me contenía. No decíamos nada sólo sonreiamos ella levantaba los brazos y yo me acerqué para sentir con toda intención su temperatura y la humedad en su piel.Nos rozabamos las manos, tocaba mi espalda y yo la suya, dos o tres roces con la nariz, sentí sus senos contra mi pecho. Yo y mi autocontrol, yo y mis ganas de besarle contra mis ganas de ser bien portado. 

Ya eran las 2 de la mañana.
 

Salí a fumar. Y ella siguió dentro hablando con algunos amigos. 
«Ya no llegué a mi casa» pensé. 

Apareció de nuevo frente a mí.

-¿Qué pasa?

– Nada niña.

-¿Piensas en algo?

-No, en nada («¡Bésala!»)

– No parece, tu mirada siempre es expresiva.

-Si,  eso dicen («¡Que me bese!»)

– ¿Por qué no me has besado en toda la fiesta?

-No quiero molestarte (« ¡Quieres besarla,  Bésala!»)

-No me va a molestar. Me he acercado a ti toda la noche, hemos bailado tan cerquita que hasta podría estar ofendida porque nada más no nos hemos besado. No nos hagamos tontos.

Me quedé mudo… 

* * * * * *
Puro impulso del deseo sexual fue, nada más. 

Isabel y yo llegamos casi corriendo a la puerta de la habitación del hotel. En el camino por el pasillo en dicho lugar la besé con mucha fuerza y ella mordió mis labios en cada vez.

Entramos a la habitación y ni bien cerré la puerta me empujó contra ella y nos dimos otro prolongado beso de esos que hacen que la saliva deje hilo.

No hay engaño ante un deseo, surge, está ahí aunque cierres los ojos; yo quería estar ahí con ella; ella también, y decidimos saciarlo en ese momento y lugar. Si, también sé que me pudo rechazar y todo hubiese seguido igual. 

Pero, no… No fue  así. 

-Creo que no nos costaba nada. Le dije

-Nada…

Y nos besábamos entre palabras,  casi arranco sus ropas.  Ella besaba mi cuello mientras metía una mano dentro de mis pantalones, en ese justo momento dejé fluir por entero esa característica de mis cromosomas, o signo astral.

Hurgó dentro de mi ropa interior hasta encontrar mi erección y masajear mi pene. Yo use ambas manos para tocar sus bonitos glúteos,  los que había admirado desde la tarde del día anterior.

La cargué sostendiéndole de ahí mismo y enredó sus piernas en mi cintura, me di media vuelta para hacer contrapeso en la puerta, ya ella estaba desnuda por mi causa y yo en pantalones y la camisa abierta.

-Si comes un postre, no lo dejas a la mitad,  le dije.

Y ella sonrió. 

Así contra la puerta le sostuve las piernas hasta subirla a mis hombros, Isabel leyó mis intenciones y me ayudó para acomodar sus muslos, su pubis húmedo quedó frente a mi y  yo lo exploré de la mejor manera posible, presionaba con sus piernas y hacía equilibrio contra la puerta (un acto de acrobacia que no es tan fácil,  pero la lujuria es un fuerte aliciente) quería conocer su sabor, quería saciar todo con ella.

Nos movimos a la cama, me quitó toda la ropa y así desnudos ambos me dijo:

-Hace tanto, niño bueno… (tal cual el famoso libro)

Isabel…

No terminé la frase cuando ella ya besaba mi pecho y cintura con velocidad, y comenzó a besar mi pene ( Sabrán que en este momento yo me sentí a su merced, evidentemente) 

Su boca caliente y húmeda se movía de arriba a abajo,me acariciaba, tocó mis nalgas,  lo hacía rápido y no dejaba de mirarme, se detenía brevemente para tomar aire o descanso y continuaba. 

Entre un momento y otro me decía :

– Hoy te quiero mío. Sin reproches mutuos, sin nada, sólo hoy te quiero mío, serás mio desde hoy y nos recordaremos.

(Estaba de acuerdo con ella, yo era para ella y ella para mi, sólo ese momento, sólo esa noche, no lo diríamos a nadie, aun cuando rumoraran,  nunca lo íbamos a aceptar, nuestras parejas no lo sabrían,  para qué, era sexo y ya)

En aquellos momentos yo no podía hablar,se movía cada vez más rápido, ella seguia bien mi mapa de placeres, yo movía un poco las caderas, y ella no se detuvo…

Exploté…

Ella pasaba la lengua por sus labios y en tono de travesura me dijo:

-¿Lolipop?

Ambos reímos con complicidad. 

Las cosas no terminaron ahí.  La noche aún era larga y había mucho fuego que apagar.

Días después, nada, ningún reproche, ningún reclamo,  nos seguíamos cruzando en clases, incluso con nuestras parejas,  el trato se respetó, en privado de vez en cuando un saludo que decía ;

-Hola Niño bueno. 

-Hola Lolipop. 

Seguido de una sonrisa mutua. 

Tengo en mi memoria sus tatuajes y toda esa noche; y de pronto me gusta pensar en ella y en sus palabras, me gusta pensar en éstas como en un embrujo atinado, aún la recuerdo y espero que ella también. 




Era su mente en primavera. 

Habíamos pasado una de esas tardes de primavera calurosas hasta el cansancio. (Y pareciera que cada vez lo son más) 

La señorita que involucra este relato tenía una habilidad extraordinaria en las manos, pues dibuja con maestría, también pinta, pero no con la misma virtud. Regresando al calor cansado, caminamos por el zócalo de esta CDMX consiguiendo papel, carboncillo,  gises, etcétera.  << Material para trazar fantasías >> decía; no me mal interpretes lector, disfruto de la compra y caza de material,  gasto mi nariz en los olores de los pigmentos y el papel, pero el calor casi calaba mi buen humor hasta el límite.

El material para crear fantasías.

 Me entretenía junto a ella revisando y codiciando algunos artículos que sabía que no podía comprar, había un libro parte de una colección,  era un libro de fotografías con el título “Fetish” << algún día >> lo pensé, ya tenía el primero de esa colección “Erotique” es su nombre 

Hubo un momento,  ya terminadas las compras, y antes de sumergirnos al metro donde conseguimos un par de botellas de agua para apaciguar el humor, y tuvo una ocurrencia que me alegró el día <<sostén mis cosas>> y dejó caer agua de su botella en su cabeza. 

Sólo reí un poco por su espontánea idea, pero me agradó ver su cabello húmedo y su blusa mojada también, sus bonitos senos podían adivinarse ahora ( ese día no usaba sostén) creo que notó mi mirada justo apuntando a sus pechos. 

Ella sólo rió y me besó aun con su rostro húmedo.

-Estás salado barbón. 

-Estoy sudando 

-Vamos a casa y comamos 

-Si.

-¿Sabes qué? Vamos a bañarnos antes de comer. 

Hice más de un apunte como éste con ella como modelo alguna vez..
                          ———-

En el departamento,  ella entró y arrojó las bolsas al piso, estaba harta; se sacó los tenis con los pies y los abandonaba en su camino, soltó su cabello,  se quitó la blusa y los pantalones, usaba ropa interior negra, una tanga; no decía palabra alguna, como dije,  ella estaba ya de mal humor.

Quise ir detrás de ella,  pero yo tenía el tonto impulso de levantar el camino de prendas que dejó a su paso y llevarlo a su recámara. Así,  básicamente en calzones, entró al baño.

Y yo detrás de ella…
                  —————
Cuando terminamos de comer estábamos en el piso de la sala, descalzos y con ropa limpia (si, ya tenía yo un par de mudas de ropa mias allí), una botella de vino que compré hacía días y que tenía fría en su refrigerador (lo bebiamos en taza,  creo que eso lo vio en una película,  para mi era igual; la tarde ya estaba mucho mejor y el sol ya nos abandonaba) también  estaba en el piso frente a nosotros, todo ese material comprado. Yo garabateaba cosas en mi cuaderno de dibujo. No decíamos nada, teníamos música jazz en la radio y esa era una excelente compañía para ambos. 
– Te vi mirando el libro. Me dijo. 

-¿Cuál,  el ” Fetish “?

– Si, ese. Cuando te conocí, ni siquiera me interesabas.

-Ya lo sé. 

-Pero te has convertido en un agradable laberinto. 

-Tú eres el laberinto. 

– Cállate. Y me arrojó un trozo de carboncillo. 

– ¡Ora’! ¿ Qué traes? 

-Nada, barbón. Oye tengo un fuete… 

Yo tampoco lo  entiendo cuando lo pienso, cómo es que nuestra conversación de pronto avanzaba así (Bueno,  ya habíamos bebido tres cuartos de botella de vino, la verdad no sé si eso es excusa, pero me gustaba escucharla, y verle trabajar, por lo pronto, eso me bastaba) 

-Y yo unas esposas (obviamente era mentira) 

– ¡Qué tonto eres! 

– Qué loca estás.

-Es verdad, tengo un fuete. Te lo voy a enseñar al rato. ¿ Te vas a quedar? 

-No lo sé,  tengo tareas y trabajo pendiente.

-Ya te dije que puedes hacerla aquí. Y puedo ayudarte en tu trabajo. 

-No, está bien. Yo lo hago, pintas muy mal.

– ¡Eres un carbón! 

-Ya sé. 
Y se recostó en el piso,  sobre sus dibujos y bocetos, pasamos otro rato de silencio. 

(De cualquier forma,  quería quedarme)


                      ————

 Nos quedamos el resto del día dándole duro al trabajo, a las tareas, intercambiando miradas de repente, besándonos en intervalos de tiempo cada vez más corto, abrimos una botella de vodka a medias que guardaba en su cocina e hicimos desarmadores con jugo de naranja artificial mientras seguíamos dibujando; ella de pronto adquiría un momento de concentración con la mirada puesta sobre el papel que le hacía lucir hermosa. (Su mente era mi fetiche ahora que lo pienso) 

Cansados de trabajar,  nos tumbamos en el sillón. 
-Hoy no quiero que seamos suaves. Hoy te quiero violento. Ya sé que eres un perverso,  barbón. 


Esas palabras fueron un impulso,  un interruptor que activó nuestra lujuria, no era eso otra cosa más que lujuria.

Y así,  sin preámbulo, saltó sobre mi para morder mi boca, le correspondí; y mi lengua. Y yo me aferré a sus caderas para arrancarle el pantalón (rompí su botón) 

Caímos al piso.

En el piso rodamos sobre dibujos sin terminar, bocetos tachados, el papel crujía debajo de nosotros, me quitó la playera, los pantalones y se sentó sobre mi. 

Ella tenía el pubis caliente,  lo sentía a través de la ropa que nos quedaba, movía en círculos la cadera pues percibía mi erección. 

-Quítatelos…

Ya estábamos desnudos y logré notar en su espalda de piel clara huellas de carboncillo y rasguños de mi parte (mi espalda ardía, así que supe que ya tenía mis propias marcas) pero simplemente no nos íbamos a detener sólo por eso, de hecho, nos gustaba; me gustaba mucho. 

Lo que vivimos en ese momento parecía ser el resultado del calor, de el alcohol, los dibujos, su mente, su sonrisa y el libro… 

Hicimos una parada, se levantó del piso y corrió a la recámara. Ahí estaba yo en el piso, esperándole con una erección reconociendo sus rasguños en mi espalda. 

Regresó sonriente, traía entre sus manos el fuete. Dijo que pensó en él cuando me vio mirando el libro, se arrodilló frente a mí se aferró a mi erección, esa imagen está muy grabada en mi mente.
– Hay que ponernos creativos.
Me gusta pensar que esa tarde y noche no se nos olvidarán nunca. 


ERA COMO UN BOTÓN 

Tenía poco tiempo de haber iniciado un contacto sexual con ella. Me gustaron más de una cosa, pues como era de esperar en cada cosa que haces por primera vez,  el tiempo cambia su medida y a tu alrededor todo luce más lento. 

Besaba su cuello mientras estábamos en la cama del hotel, éramos dóciles mutuamente, disfrutaba mucho de verla cerrar los ojos cuando se me ocurría pasear mi lengua por esa zona de su cuerpo. 

Cuando bajé a su pecho, justo entre sus senos, que ya tenían un par de bonitos pezones endurecidos, ella inhalada profundamente (francamente yo descubría su lenguaje corporal para entender su aprobación) cosa que me hizo pensar que el camino que trazaba con la lengua y mis labios parecía dejar un mapa por la vía correcta. Dejaba escapar su aliento mientras me sostenía las manos al tiempo que yo estaba sobre ella.

En mi curiosidad por reconocerla, supe que no debía abusar de los besos en su cadera (le hacia cosquillas). 

Me encontré al fin con su pubis, definitivamente quería besarlo, y conocer el sabor de su sexo. Ahí fue cuando descubrí el botón que le hizo aferrarse a las sábanas,  arquear la espalda y colocar sus talones en mi espalda. 
No es que fuera perfecto, no. A veces se movía tanto que temía que mis dientes le hicieran daño,  y mi lengua se cansaba, mantener la boca abierta tanto tiempo me daban ciertos dolores en la mandíbula, los cuales quise amortiguar cerrando mi boca y usar los labios. 

No trato de hacer un poema sobre esto. Sólo es lo que pasó y nada más. De hecho tuve que detenerme un momento pues me excedí en movimientos y sintió dolor. Pero pronto regresamos a la tarea.

Lo que sí fue un poema, fue el orgasmo que resultó de aquella exploración. 

Sus muslos temblaron.

Su boca dejó escapar gemidos que nunca había escuchado,nunca. (Ya lo dije, era la primera vez que lo practicaba y llegué a pensar que nunca sucedería nada, me sentí muy torpe ; y…  ¡oh sí! Los gemidos de sexo oral son distintos) 

Y mi rostro se empapó de ella.

Descubrí en su sexo el delicioso botón que es el clítoris.

El botón que se convirtió en mi mejor amigo.

SU PIEL ES MORENA 

El hombre aquel en la banca apagó su cigarrillo y dejó un pedazo de papel algo arrugado, el escrito estaba incompleto:

No recuerdo la distancia de los años hasta estos días. 
Pero, sí, pienso en ella. 

Su piel es morena, lo sé, lo digo porque sé que aun vive. 

Pienso:

En como caminó hacia mi cuando le conocí.

En sus ojos color café. 

Los lunares en su barbilla. 

En sus manos con dedos alargados.

En sus hoyuelos de Venus.

En su voz y su música.

En su música con piano.

Su seño fruncido.

Su libertad y locura. 
Era espectador de cada una de sus emociones. 

De sus ideas y sabores.

Sus berrinches.

Su ternura y su 

Su carácter. 

Sus sueños y pasiones. 

Viajé en ella, con ella. 

En el <<si>> que dice <<no>>. Y en el <<no >>que dice <<sí>>. 

Era espectador y partícipe de estos…