Rompe la jaula II

Habían pasado pocos días después de esa experiencia en el cuarto de baño. Ella y yo sentíamos algo pendiente después de que seguíamos intercambiando mensajes por teléfono, y la posibilidad de romper la jaula otra vez  no se alejaba, coqueteaba mucho en nuestras mentes (seguro estoy de ello) aau cuando dijimos que no tendría que pasar de nuevo.

En algún dia posterior a esto recordé cosas extrañas como la Teoría de las cuerdas, que existe más de una dimensión y por ende, más de una realidad, pensé en el Efecto Mariposa y en la fragilidad de nuestras acciones; mejor dicho, el poder de nuestras acciones. 

Después de trabajar todo el equipo esta vez en su casa, me arreglé con pretextos para quedarme más tiempo ahí,  y que nadie se preguntara por qué. 

Hasta que nos quedamos solos,y platicamos sobre lo,que,habíamos hecho y nos preguntábamos si debíamos repetirlo, si era correcto o no.

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 Si rompes la jaula te conveirtes en una bestia llena de instinto. 

Y llegó la sensación instintiva, en el punto donde te encuentras parado en una delgada línea que te lleva a la acción, a hacerlo o no hacerlo. 

Sólo acaricié sus piernas intentado hacerme sentir cálido para ella, en ese lenguaje en el,que quieres,decir que estás presente, pero no avanzaba.

Sólo acaricié sus piernas y le abracé. Ahí se sintió una sacudida en la que los barrotes de la jaula se estremecieron, se doblaban. 

Sentí un beso, un beso que casi parecía robado porque no lo esperaba.

Y la jaula se rompió…

Inmediatamente mis manos se desplazaban por sus muslos y sus nalgas, quería asirme de ellas con mis manos en forma de garras, sentí su abrazo y su respiración agitada,  sentí sus besos de gruesos labios en mi boca, se acercaban como tímidos,  un beso detrás de otro, me dediqué unos segundos para percibir su boca.

Ella se colocó sobre mi mientras estábamos sentados en la silla del comedor y traté de deslizar mis manos debajo de su ropa, bajé el cierre de su traje, buscaba su piel, yo podía sentir el calor de su aliento y su vientre, en ella se dibujaba un mapa con instrucciones para acariciar y besar.

En cada paso, el símbolo de aprobación se acompañaba de su  acelerada respiración, de gemidos que se entre cortaban, hasta que fueron cada vez más libres; mi cuerpo correspondía a su temperatura,  el invierno no tenia efecto en ese lugar.

Le hablaba preguntándole  si estaba bien acariciarla aqui, o allá.

-Si, si, está bien.

Del comedor fuimos directo a la recámara, de su mano seguí sus pasos encendidos, nos recostamos en la cama para continuar con besos y caricias, pocas palabras hubieron, sólo estaban nuestras manos y nuestra piel para acariciarnos, sólo estaba ese momento, esos segundos, el tiempo vuela, y el tiempo muere cada segundo, y este no regresa, así que debía seguir, porque ese tiempo no iba a regresar.

Su piel de canela y su cuerpo con curvas hacían que mis manos le recorrieran de arriba a abajo, no quise guardar reservas y busqué su pubis, el cual ya me había respondido, se despojó de su calzado y pantalones, y al regresar a la cama se mostraba tan dispuesta que se hacía imposible no querer acariciar y continuar.  Cada movimiento de su cuerpo me figuraban las olas del mar, su cuerpo ondeaba en la cama, sus piernas abiertas me dejaron abordar con mis manos de nuevo en su sexo cálido y húmedo, traté de hacerlo lo más delicado posible aun cuando deseaba ser más agresivo, pero su respuesta de gemidos, de respiración rápida, sus ojos cerrados me hacían ver que era el camino correcto; mis dedos abrían su sexo para dejarme sentir su textura, de arriba a abajo, en círculos,  lento,  después mis dedos dentro de ella se sintieron contraidos y entendía su respuesta. 

Traté de besarla más,  pero estuve muy dedicado a observarla, era como esculpir,  crear una escultura, al trabajar una escultura, tu mente se llena de placeres cuando las formas resultan,  aqui sentía lo mismo (perdona la analogía,  es lo mejor que viene a mi mente) ella se acercaba a un álgido punto.

Recostados en la cama su cabeza descansaba en mi brazo, se movía tanto que comenzó a colgar ligeramente fuera de la misma, y le abracé sin dejar de acariciar su sexo y abordar su endurecido, clitoris…

Llegaba el momento, su orgasmo iba a aparecer, tal cual el mar cuando es salvaje al golpear la roca mientras la marea sube, ella también respiraba fuerte, sus ojos se apretaban, su boca se abría, tomó mi mano para pedirme un movimiento diferente que obedecí en el acto, y aceleré, y aceleré…

Su boca se abría más…

Su voz aumentó su volumen…

Sus piernas se tensaron…

Y su primer orgasmo llegó…

Era una armonía en la cama, mi mano se empapó de sus cálidas humedades, ella buscó acariciarme debajo de la ropa mientras todo esto sucedía y acariciaba mi pene de arriba a abajo. 

Dejé que algunos segundos pasaran sin alejar mis manos de su pubis, y quise repetir el movimiento.

El mar se hizo salvaje de nuevo…

Su voz se ahogaba a medida de la cercanía de su orgasmo…

3… 2… 1….

Y de nuevo ahí estaba, mi mano empapada otra vez, su respiración tratando de relajarse, traté de besar su pecho, le mordí un poco, también su cuello. 

-¿Estás bien…?

No sentí la necesidad de una respuesta. 

Y quise verla de nuevo, si, una vez más…

3… 2…. 1…

Ya el edredón estaba empapado también. 

Ya me sentía adicto a escuchar y ver sus orgasmos (no me puedes culpar de algo así, no es difícil caer en una adicción asi)

3… 2… 1…

Sentí que todo mi cuerpo tenía su olor.

Ella siguió con sus caricias para mi, pero yo estaba en medio de un placentero éxtasis. 

Y… Si… de nuevo…

3… 2… 1…

Después de éste último sus ojos, estaban entrecerrados,  y el resto de su cuerpo se sentía ligeramente húmedo,  el inicio del sudor en la piel era la causa, así que dejé de acosarle,  si es que es la palabra correcta.

-Dios, no creí que pudiera, tantas veces. Dijo.

-Ahora, estoy en deuda contigo. Dijo también. 

Lo anterior  venía en un tono travieso en su voz, se incorporó un poco para estar sobre mi, a la altura de mi cintura. 

-No, está bien asi, en verdad sólo quería verte…

No terminé ni la mitad de la frase cuando entonces ella besaba mi pene, no me resistí nada, su boca, su calor simplemente me hicieron dejarme llevar en medio de mis,jadeos y gruñidos hasta el final. 

Reposábamos los dos en la cama, ambos nos miramos un largo instante a los ojos.

-¿Está bien? Pregunta que fue mútua. 

-Si. Respuesta que fue mútua. 

Todo estaba bien, estuvimos instalados en alguna clase de tangente en el tiempo, corría rápido fuera de esa burbuja, lento dentro de ella, o tal vez al revés. 

Nada es para siempre, eso lo he descubierto en más de una ocasión y en formas duras.

Y teníamos que despedirnos,  decirnos que era todo, que hasta ahí podía ser, con un beso, con un abrazo y una mirada, escribiendo un acuerdo dentro de la burbuja que tenía en su piso los barrotes de la jaula rotos. Siempre he creído que en el cuerpo y su lenguaje se declaran más cosas que con las palabras, y ahí el lenguaje fue claro.

Salí de su casa sintiendo su perfume y recordando, desde entonces en adelante, pensando de nuevo en que hay muchos universos y que en cualquier dimensión las palabras y las acciones tienen un gran poder, alguna vez me llamó Su Lobo , mientras caminaba pensé en el aullido de un lobo en la lejanía, uno que se aleja pero estará siempre pendiente de ella.

Y que este especial intercambio (por poner una definición)  ha superado todo límite que me había dictado, como romper un antiguo tratado en papel envejecido y amarillento por los años, que estoy seguro que de alguna manera hacía falta, para los dos, y  no siento más que amor y gratitud instalados en un plano de categoría que no existe.

Alguna vez lo sentirás y verás que algo así, no se hace con cualquiera…

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Rompe la jaula.

Resuelto a romper la jaula, solamente dejé que la bestia interior surgiera.

Decidí observarla, a lo lejos, con la mayor discreción posible, ese factor era importante, había mucha gente, en todo lugar siempre hay un rincón adecuado, alejado y oscuro para un acto como este. 

No estoy seguro de si lo esperaba o no, ya que le había dicho al menos una hora antes “te voy a robar, hoy… ya te avisé. ..” traté de hacerlo sonriente y muy inocentemente si es que cabe el concepto ante tal declaración. 

Había llegado la hora de la comida, y era tarde, todos los presentes terminábamos ese día un trabajo importante y muy satisfactorio, qué trabajo y lo que hago no importa, porque lo que relato ahora puede sucederle a cualquiera que se decide. 

Después de haberle dicho esto, únicamente sonrió con un gesto muy suyo acompañado de un parpadeo lento que le hacía lucir tierna. Todos comimos a gusto y platicábamos los pormenores del día,  la charla de trabajo ayuda a afianzar la relación y además ayuda a proyectar quehaceres , ella se distanció del grupo algunas veces para hablar al teléfono, traté de estudiar cada movimiento y su rostro para estar seguro de que su día seguía siendo bueno y que una mala noticia no echara a perder nada, pero seguía sonriente.

El lugar donde trabajamos era lindo con una decoración rústica y algo polvoriento, con pocos focos que sólo se dedicaban a iluminar lugares esenciales,  lugares donde todo el mundo siempre puede estar realizando actividades; mientras la noche iba llegando, los rincones oscuros aumentaban su número y tamaño,  había uno en particular a donde le esperaba ver dirigirse, el cuarto de baño, ese lugar era el más adecuado. 

Todo seguía normal;  la charla, la bebida y el clima frío que acompañaba la noche se hacía notar, casi llegaba la hora de irnos y  pensé que no sucedería nada, sin embargo mientras hablaba con uno de mis compañeros, vi que ella se alejó del grupo, directo al baño, un lugar alejado y en medio de la oscuridad el cual era el perfecto escenario cómplice, el interior de este estaba revestido de madera y de una iluminación cálida y ténue, ahí debía ser.

 Las cosas suceden si decides comenzar a hacerlas

 

-Disculpa un momento, ahorita seguimos platicando 

-Va, va.

Respondió mi compañero. 

Entonces me dirigí justo donde ella estaba, y nadie me vió, todos estaban resueltos a continuar en sus pláticas,  lecturas y haciendo Scroll en su teléfono. 

Caminé despacio para darme oportunidad de considerar las circunstancias y que todo saliera bien, vi entonces a todos ocupados, me acerqué entonces al cuarto de baño. 

Si te decides a romper la jaula, la sensación primera no tiene freno. 

Estaba parado delante de la puerta cerrada, iba a tocar, pero me arrepentí, no quise echar a perder el factor sorpresa . (No estoy seguro de que fuese tal, pero en mi mente eso era.) Entonces tuve dos segundos de duda de si continuar o no, pero me quedé. 

Esperé paciente a ver que la puerta se entreabiera,  cuando esto sucedió, usé mi mano para abrirla por completo,  sentí que mi mano desde sus ojos parecería una garra, tal cual un cliché de película de Terror. 

-Hola. Dije

-Hola.  Respondió. 

-Disculpa, compermiso. 

Entré entonces al lugar, no le permití salir, aunque no puso resistencia,  sólo se quedó quieta frente a mi, no aseguré la puerta, la detuve un momento con la mano, previendo ser descubiertos o que ella mostrara signos de querer salir.

-Es para liberarnos, y esto no tiene que volver a pasar.

Traía una mirada nerviosa con los labios apretados queriendo evitar una sonrisa.

Supe entonces que no iba a querer salir…

Cuando rompes la jaula, la sensación primera no tiene freno, así que después de decir eso, o mientras lo dije, tome su larga y linda cabellera la enrollé un poco para poder sostenerla con mi mano, sin más, sin palabras, acerqué mi boca abierta a su cuello como fauces, y la mordí. 

Tal cual se atrapa a una presa…

Ella reaccionó de inmediato suspirado fuertemente y cerrando los ojos. Mis siguientes movimientos estaban llenos de instinto, en mis ojos se iluminaba sobre su cuerpo cada lugar donde debía tocar, donde sabía que debía tocar; entonces le di media vuelta para abordar de nuevo su cuello cerré la distancia de mi cuerpo al suyo y sentí sus curvas y también sus lindas y redondeadas nalgas , entonces me arrodillé para bajar sus pantalones y su ropa interior para verlas de cerca, usé ambas manos para acariciarlas, frente a mi estaba mi presa y dentro de mi una oleada de calor subió hasta mi rostro,  entonces decidí presionar sus nalgas y clavar un poco las uñas en ella, después, evidentemente … morderlas (no lo podrías evitar al tener un par tan bonito frente a ti). 

La textura de su piel se registró en mis manos y mi lengua, ella entonces dio media vuelta y dejo descubierto su pubis frente a mi, bajé un poco más su pantalón al tiempo que ella jadeaba y de su voz escapaban gemidos entrecortados, como proporcionados con gotero.

Frente a mi estaba su sexo, y yo arrodillado frente a ella, sin freno entonces, usé de nuevo mi boca para besarla y explorarlo, mi boca se llenó de su humedad, al tiempo en que se escuchó otro gemido interrumpido, seguí ahi, tratando de acariciarla con mis manos mientras la besaba pasé mis manos por su muslo derecho y subí hasta alcanzar su pubis para sentir su sexo con mis dedos, mientras le besaba y acariciaba, sentirla por dentro…

Y ahí su respiración aceleró aun más…

Seguía abordándola con mi boca y con mis dedos, ella movía las caderas de vez en en cuando, me tomó del cabello y halaba de este con lo cual entendía su ritmo.

No teníamos mucho tiempo….

Me puse de pie frente a ella y decidí preguntar directamente si todo estaba bien, acariciaba su sexo y sentí su clítoris endurecido, no quería ser brusco con ella, entonces ella condujo mi mano algunos segunudos.

 Creo que su jaula se rompió también… Se convirtió en alguna clase de hembra felina.

Lo siguiente no lo esperaba. Ella movió velozmente su mano dentro de mi ropa y alcanzó mi pene, lo atrapó y comenzó a acariciarlo con mucho vigor, entonces ambos nos acariciamos simultáneamente,  dio un paso adelante y yo me retiré liberándola del rincón en el que estaba, se puso de rodillas frente a mi, entendí su movimiento y trataba de abrir mis pantalones , ayudé a ello…

Estaba expuesto frente a ella cuando pude ver que sin reserva, besaba mi pene y lo puso dentro de su boca, el calor dentro de mi desborda, la sentía y yo gozaba mucho de lo que estaba haciendo,  movía rápidamente su boca, tomé su cabello e imité el lenguaje del ritmo, cerré mis ojos y tiré mi cabeza hacia atrás,  creo que perdí el control de la situación pues ahora, yo estaba en sus manos.

Ella no cesaba en su movimiento mientras me acariciaba un poco, traté de escuchar lo que pasaba afuera y parecía que el tiempo se había detenido un poco; tuve la necesidad de mover mi cadera y lo hice un poco para no incomodar. 

-Me vas a hacer estallar… Voy a explotar. 

Eran mis palabras, pues sentía que un orgasmo se acercaba, y parece que fue un aliciente para ella mientras me besaba pues continuó moviéndose y aumentó la velocidad, puse mis manos sobre su cabeza dejándome llevar por la corriente eléctrica placentera,  me moví también. 

Gruñí un poco…

Y efectivamente, tuve un orgasmo. 

Mis movimientos cesaron y ahí estaba yo casi congelado dentro de su boca de labios gruesos.

Ella esperó ahí pacientemente hasta que me retiré….

No hubo muchas palabras después de eso.

Acordamos rápidamente que ella saldría antes de allí, apagué la media luz que nos acompañó y regresamos a la reunión.

________

Como mi plan tuvo un giro placenteramente inesperado, hubieron algunas preguntas que hacer, algunas de las que no tendré respuesta porque no las hice, pero de otras si.

Finalmente había roto la jaula, espero que alguna vez lo intentes y lo logres, porque definitivamente no eres el mismo después de que sucede.

En mi teléfono después de intercambiar algunos mensajes, llegó uno que me sorprendió: 

KAREN:

Quiero más…”

El mantel.

Te levantaste como siempre, te bañas para prepararte para el trabajo. En la regadera estás sola inmersa en montones de pensamientos, los pagos, los pendientes,  el día que viene frente a ti, pero los olvidas, cómo es posible que tengas que pensar en ello desde que despiertas; así que te das la oportunidad de dejar que el agua haga su trabajo, que te purifique y te prepare para el día ; fantaseas con una cama de agua corriente que te hace viajar en su cauce a lugares escondidos en tus pensamientos, todos son multicolor.

Al salir de la regadera te envuelves en la toalla y dejas que el residuo se vaya en esa tela, buscas tu ropa y la ordenas, eliges pantalones, zapatos, una bonita blusa, un abrigo y bufanda, una sombrilla, en estos días hace frio, y por supuesto, tu ropa interior; hoy quieres usar un color negro, te miras al espejo y piensas que te viene bien ese color, das media vuelta y tratas de contemplar tus glúteos y piernas, te sientes, te ves y eres bonita.

Termina la primera parte del día,  sales a comer, vas al lugar de siempre, lo disfrutas, algunos minutos exclusivos para ti pues entiendes que la tranquilidad de la rutina es una clase de regalo que parece guardarte un descanso para sortear el sube y baja de la vida, buscas la mesa de siempre en la terraza, así observas a toda la gente, aquellos que también comen allí y a la gente transitado detrás de las rejillas que delimitan la terraza. Es tu lugar, tu rincón y el cielo parcialmente nublado te regala una inusual pintura de nubes que parecen librar una batalla con el sol, una danza en la que encuentras belleza. 

A tu izquierda un hombre que lee el periodico y bebe un americano, a tu derecha una pareja de chicas curiosean sus teléfonos y se muestran mutuamente lo que ven, observar a las personas te lleva a crear historias sobre ellos en tu mente y eso te divierte. 

La mente, la imaginación, la creatividad; la mente, la mente. El concepto que te atrae por sobre todas las cosas…

– Su café señorita.

El mesero corta tus reflexiones y solo agradeces. 

Bebes el café,  no es lo que pediste, llamas al mesero, te  atiende y explicas. Después escuchas:

– Disculpa pero este no lo pedí. 

El mesero asustado revisa las notas y se disculpa con la persona en la mesa delante tuyo.

No habías notado a ese hombre que llevaba rato ya, un inconveniente de la tranquilidad de la rutina indudablemente; el mesero se disculpa, notas que es su primer día, y ya cambió el turno, te tienes que ir pero no has tomado tu café,  y es importante hacerlo,  piensas que ahora deberás beberlo más rápido. 

– Creo que confundiste nuestras órdenes. 

El mesero asintió, el hombre de la mesa sonríe y le dice que no se preocupe que le traiga otro, que pagará ambos; él te ve y pide que traiga otro para ti y lo cargue a su cuenta.

– ¿Te molesta?

Te lo dice al tiempo en que se retira un momento los anteojos. Él estaba leyendo, cómo fue que no lo notaste, te preguntas; no respondes con palabras, casi por impulso niegas con la cabeza y entonces el error se repara.

– No quiero molestarte en absoluto, ¿Puedo sentarme contigo? 

Asientes, igualmente por impulso. 

No sabes por qué dijiste que si, no estaba en el plan, en la rutina. Pero como ya lo habías pensado, la rutina te prepara para eso.

-Yo no quiero parecerte un loco, pero te había visto antes aqui. Y esperaba verte hoy.

Te has sorprendido. Explicas que es uno de tus lugares favoritos y que sueles reconocer a las personas. Creés que deberias levantarte de ahí e irte, en estos días las cosas no están para estas situaciones. Pero en él percibís algo que quieres  encontrar, una clase de misterio… Y los misterios te gustan.

– No pareces loco de primera vista, pero ese puede ser el peligro, además aun podria gritar.

Miras en sus expresivos ojos una reacción de susto, notar eso te deja algo tranquila. Te ha dicho que le había tomado tiempo animarse y que en su mente actuar asi parecía buena idea. 

Te ha dicho que te observó leer, que leés mucho, que cree que te gusta el Arte y la música, que te concentras mucho cada tarde pensando en algo que él no sabe qué es, que podría ser desde lo más mínimo hasta lo mas extravagante. Y que él quiere conocer la parte extravagante. 

Te has sonrojado, apenado, quién lo diría,  en una tarde normal de pronto un perfecto desconocido parece desprenderte de tus capas. Un tatuaje en su antebrazo te llama la atención cuando decidió doblar las mangas de su camisa negra,  ya viste también que utiliza un reloj, usa barba, lleva un par de libros y una libreta en un morral negro también. Creés que es un personaje. Piensas que es tal,vez escritor, no; profesor, no; es, es… No tienes idea, no te deja pensar en profundidad.

Habla contigo,sobre música, lecturas, locuras hechas y también sobre trivialidades de momento, jugaste con él a crear historias sobre las personas y los comensales que circularan durante la tarde; por cierto, ya llega el ocaso y no te diste cuenta.

-El sol del ocaso te sienta bien.

Su voz ahora suena diferente para ti. Leías hablado de tu trabajo, decidiste ignorar cada mensaje y llamada recibida, todo puede esperar porque no sabes si esto se repita. No sabes si te volverás a encontrar con él. No importa. 

No habías notado tu lugar favorito de la tarde a esas horas del día. Te gusta ver cómo la luz artificial de los faroles de la terraza le bañan la cabellera, es muy extraño que seas tan directa y sincera con él. 

-¿Qué gano con mentirte? 

Es cierto, qué ganan, únicamente invertiste algunas horas de la tarde con él en la que invertirías tiempo en otra cosa. No hay problema para ti, el misterio de tu vigilante se desvela, y te sientes extraña, y algo traviesa.

– Dame un momento, vuelvo enseguida. 

Te levantas directo al,baño de mujeres, tomas tu teléfono y le quieres contar a alguien, te detienes, te miras en el espejo y arreglas tu cabello, retocas tus labios, y en tu mente surge una fantasía,  loca, como todo ese día; te viste mordiendo sus labios, te detienes en ese pensamiento sin saber de dónde salió él, la idea.

Ves que la puerta del baño se abre. Y aparece él.  Te ha dicho que no quiere que termine el día sin besarte. Y lo hace, ya la,imagen en tu mente es real, muerdes de inmediato sus labios, y sientes su aroma, a madera y tabaco, pasas tus manos por su cabellera y el por tu cintura, el,beso,se replica una y otra vez. 

No hay palabras, sólo jadeos, respira en tu cuello mientras tú has desabotonado su camisa y le sonries.

Todo tiene ahora un carácter salvaje y fuerte, te ha dado media vuelta y petcibes su aliento, está detrás de ti mordiendo tus hombros y tocando tus pechos, halas su cadera para sentirlo, él te ha tomado del cabello y tira para levantar tu rostro, y se lo permites; abres los ojos y lo percibes como un animal hambriento,  te sientes presa y miras tu rostro en el espejo, tienes fuego en los ojos y en el vientre, no es miedo, es lujuria lo que sientes;  percibes tu ropa interior húmeda por obvia razones; él también ya lo hizo, pues comienza a tocarte, te ha abierto los pantalones y los ha bajado hasta la mitad de tus piernas.

Lo sientes, quieres continuar sin detenerte, lo sostienes y halas hacia tí con más fuerza, dentro de ti lo percibes, y recibes los impactos que vienen de sus caderas una y otra vez, quieres gritar, y él te silencia con una de sus manos, detalle que te gusta y a decir verdad esperabas. 

Todo termina, como termina un terremoto o una explosión, se ha disipado la energía y tu piel está erizada,  y él besa tu cuello con suavidad,  te das media vuelta para tenerlo de frente. Lo abrazas y él a ti. Se miran de nuevo y hay un carácter de agradecimiento en ese intercambio de miradas.

Quiere decirte algo, no lo,permites, ahora tú eres quien habla. Coqueta segura, sonriente. 

– Nada mal para romper la rutina, no sé si te vuelva a ver, pero no te siento como un extraño. 

– No lo somos. 

Se funden en un abrazo contrastante con respecto a la energía desbordada hace unos instantes.

-Su café señorita…

Regresaste de tus pensamientos. Qué fantasía tan loca acabas de tener. Sientes que tu sexo aún palpita. Vaya que tu mente es fuerte. Te descubres con una de tus manos estrujando el mantel blanco de la mesa, lo sueltas. Ríes internamente por esa reacción natural derivada de tus pensamientos. La plena tarde y su cielo parcialmente nublado está allí. Suspiras un poco para reponerte y bebes de tu taza…

-Disculpa, esto no es lo que pedí.

El mesero se sorprende y se disculpa. Frente a ti escuchas a un hombre  con camisa negra y de barba que leía un libro y a quien no habías notado decir:

-Creo que confundiste nuestras órdenes…

12 Campanadas 

Karina ​(Ella)
Justo la hora pico en la calzada de Tlalpan,  en medio de esa lluvia ocurrente e imprudente de la Ciudad.«Atascada en el tráfico,  lo que me faltaba» piensa, pero ya lo saben, Diciembre está plagado de un aire de renovación que cualquier inconveniente se disuelve un poco al considerar que el siguiente año te traerá cosas nuevas «vida nueva, o más de lo mismo ».Ya no importa,  cambió de trabajo,  trata de dejar de fumar, tiene todos los regalos envueltos, la comida que tocó preparar para la fiesta de esa noche está lista , la ventaja es que es en su casa y viene sola en el automóvil, sin niña.

La lluvia la llevó a un recuerdo que de pronto es recurrente en su memoria :
Piensa en él. 
Años atrás una pareja de muchachos correteaban risueños por los pasillos del edificio en la Preparatoria,  una lluvia vasta los había atrapado y los dejó empapados hallaron un salón vacío,  en la Preparatoria no es imposible que eso suceda, y ahí decidieron secarse lo mejor posible,  tirando las mochilas en la entrada, Él decide de pronto quitarse la chamarra y la playera roja para exprimirla. 
Pasaba, como sucede muy seguido en esos tiempos de la vida humana escolar, que Ella no se atrevía a decirle que estaba gozando de ver esa imagen, observaba su espalda húmeda con hilos de agua provenientes de su cabellera larga la cual cubría la mitad de su espalda. Él se dio media vuelta para decirle:
-¿ No te vas a secar? Te puedes enfermar.

– ¿Yo? este…
– Espera,  espera; usa mi playera, yo la vuelvo a exprimir de todos modos.

– Pero…

Una pausa…

– ¡Ah! Si, perdón. 
Él se da media vuelta. 
Ella tenía frío,  pero éste se apagó cuando entonces pasaba la prenda por su rostro, figurando en una manera fantástica romántico – literaria,  que el roce de la prenda eran las manos y besos de Él. 


El Claxon del coche detrás de ella la regresa a La ciudad y al tráfico.



-¡Ay pinche Gabriel! 
Sigue su camino pendiente del tráfico y rellenando sus reflexiones con muchas posibilidades, cargados de «hubiera» entre esto,  y lo otro, posibilidades extintas muchas de ellas, pero una latente: «Si te besara una vez,  una vez sería suficiente,  lo juro, si te acariciara una vez,  una bastaría,  lo juro, lo juro… »

Entra una llamada:
-¿Bueno?
– ¡Hola Karina!
– ¡Hola Gabriel!  No te vas a morir pronto. 
– Ah, con que pensabas en mi. ¿Cosas buenas?
– Cosas buenas, si… Como el postre que vas a llevar a la casa, porque si vas a ir ¿Verdad? 
-Si cómo no,  solo quería preguntarte si el postre que querías era de durazno o fresa.
– Pues de fresa ¡Ay como si no me conocieras! 

– No pues si, por su puesto, es lo que le decía a Carolina,  de fresa, de fresa, pero me estaba neciando.

– Está bien,  no hay problema. 
– Bueno,te lo llevo, te va a gustar, va a quedar sabroso. Como las manos de quien lo prepara.
Ambos sueltan una carcajada. 
– Bueno sabroso, allá nos vemos todos, también llegará toda La bola. 
– ¡Órale! Seremos muchos.
– No me iba a endeudar con esa casota nada más para tenerla vacía.
– Ya sé.  Bueno, entonces nos vemos allá al rato.

«Todos tenemos nuestros hubiera» pensó. 

GABRIEL (Él) 

Gabriel colgó la llamada,  estaba en la cocina cortando las fresas para terminar de adornar el postre. Las fresas enteras le llevaron a un recuerdo vívido:
Karina y Gabriel salieron del cine y se estaban disponiendo a comer cerca de la plaza comercial, una costumbre en la que estaban de acuerdo, para así hablar sobre la película. 

Gabriel sacó de su mochila un recipiente con fresas, sonrientes, frescas y de colores vivos.

-Toma, te traje estas para postre. 

-¡Se ven deliciosas!.  Y tomó una de inmediato para morderla; el jugo de la fruta escurrió por las comisuras de sus labios y una gota cayó en su pecho. Gabriel observó la escena, mientras Karina mordía y limpiaba de su rostro y pecho el jugo de la fruta; él creyó que los labios de Karina eran tan rojos como la fresa, notar esos detalles lo sorprendió por un momento. 

-¿Qué estás mirando?  Preguntó Karina. 

-Nada.

– Ya te vi éh.

-No, es que… Les puse mucho almíbar ¿verdad? 

-Están buenísimas.  Creo que esto de la da repostería se te da.

-Y, oye ¿Te gustó el final de la película? 

-¡Cómo no!  Mira, no he leído el libro,  pero ya éste es uno de mis personajes favoritos, el Doctor Lecter. 

– Gabriel,  ya vámonos,  el tráfico se va a poner pesado.

 La voz que lo regresó de sus pensamientos era de Carolina, quien tenía abrigos,  paraguas, bolsas,  todo listo para la partir. 

-¡Ay, pinche Karina!  susurró. 

———-

El camino resultó más relajado de lo que se esperaba,  el tránsito fue noble y la lluvia había disminuido de poco en poco mientras llegaban a casa de Karina. 

La pareja llegó al fin, Carolina usó una aldaba con forma de escorpión para anunciar su llegada,  el aguijón del mismo funcionaba para tal efecto. 

– Todavía me acuerdo de cuánto estuvimos buscando esta extravagancia Karina y  yo, insistía en uno así para su puerta.- Comentó Carolina. 

– Si, ya sabes como es.

– Me recuerda a tu tatuaje. – Se acercó para darle un tierno beso en los labios. 

Cuando la puerta abrió, una niña de cerca de 8 años de cabellera larga y oscura lanzó un grito alegre. 

-¡Tío Gabriel,  tía Caro! 

-¡Marianita!.  Exclamó Gabriel arrodillándose para recibir el abrazo de la pequeña. 

– Hice muchos dibujos.

– ¿En serio?

– Si tío, todos los que me dijiste con los colores que me regalaron. 

– ¿Y en dónde están?. – Preguntó Carolina esta vez. 

– Allá tía. – La pequeña señaló dentro e la casa sonriente revelando un hueco en la dentadura que solo acentuaba su tierna imagen. 

-¡Pues vamos! – Respondió Carolina. 

La pareja entró a la casa guiados por su pequeña anfitriona. Era un espacio organizado con buen gusto limitado con claridad con colores en las paredes,  entre gritos y risas los niños jugaban y correteaban en un espacio con las paredes tapizadas con hojas de papel las cuales también servían de alfombra en el lugar. Gabriel se detuvo unos segundos para mirarlo y admiró ese particular universo.

Se podía apreciar también un pequeño estudio con media luz por efecto de una lámpara que era para Karina.La sala de estar era de colores neutros,  grises coordinados con buen gusto y bien iluminado para Fernando, esposo de Karina quien cantaba con su guitarra acústica para todos los adultos presentes, un viejo vestigio de su época de músico, nada mal por cierto.

-¡Miren quién llegó! 

Karina salía de la cocina con un par de tazas de café humeante y se las entregó a los recién llegados. 

-Tomen,  seguro que les caerá bien. Es Chiapaneco. 

Carolina sostuvo la taza de café que le correspondía entre sus manos y dio un sorbo.

-Está delicioso. 

Gabriel sostuvo la suya con una mano mientras que con la otra cargaba una bolsa con los postres para la cena. 

-La llevaré a la cocina.

– Me voy a la sala,  es que me gusta mucho esa canción. – Dijo Carolina,  ahí te veo Gabo. 

– Te ayudo.- Dijo Karina, y quitó de la mano de Gabriel,  la taza.

-Hija de… Me hubieras ayudado con los postres. 

-¿Cómo te ha ido?  

– Bien, todo bien.

Entraron a la cocina. Al fondo se escuchó el llanto de un niño, un accidente en el pequeño universo.

– Ay no, déjame ir a ver 

Gabriel se quedó solo en la cocina bebió un poco de la infusión chiapaneca, aún podía ver el escenario de la fiesta, en su mente la frase «Bien, todo bien» resonó. 

Y realmente así lo era, el trabajo estaba perfecto,  las cosas con Carolina están más que bien,  no hay deudas,  todo lo que dentro del ordinario mundo adulto se traduce en armonía.

– Todo bien.  – Se dijo en voz baja mientras escuchó una carcajada de una de las asistentes, Regina, mujer morena clara con una sonrisa luminosa, ese tipo de persona que son alegres y despreocupadas. Oírla lo llevó a recordar una interesante conversación. 

Semanas atrás Gabriel y Regina terminaban de arreglar la mesa para un servicio de banquetes del cual Gabriel, ahora chef estuvo a cargo. 

-Está buenísimo. 

– Deja, eso no es tuyo. 

– ¡¿Qué?! No me digas que nunca se te han antojado las cosas ajenas.

– No.

-No te creo, y creo que si, te he visto.

-¿Cómo? 

– Si, te he… Mira,  a mi cuanto más me dicen que no,  más lo intento,  siempre que quiero un pedazo de pastel, voy y lo agarro, quiero tener mi vida llena de cosas que se me antojan,  si no, para qué las quiero, y así podría terminar el viaje diciendo que hice todo lo que quise. 

– ¿ No respetas nada?

– Ah claro que si. Pero algo con etiqueta de prohibido siempre adiciona «condimento» a las cosas. Yo simplemente no puedo estar a dieta.- Dice esto mientras suelta una carcajada ruidosa. 

– ¡Silencio!.- Susurró Gabriel. – Ya, creo que entiendo de lo que hablas, pero ¿Qué no piensas en las consecuencias? 

– Si, claro que si. Pero me tengo como prioridad,  y sé cómo,  con qué o… Con quién hacer las cosas..- Regina observó con cuidado a Gabriel.- Yo sé que eres bueno,  todos lo sabemos, pero también eres una persona,  y todos tenemos nuestro rincón prohibido. – Regina volvió a reír esteuendosamente.

– Si, tal vez tienes razón.

– Gabriel, ¿ seguimos hablando de pasteles? 

– Pues… 

– No importa, ni te preocupes,  todos tenemos esos momentos; Oye ¿De dónde sacas a estos meseros?  Parece que los aceptas con fotografía. 

Estas vez ambos sonrieron. 

                                —–

Ya todos estaban reunidos en la estancia, hablando, cantando canciones conocidas en coro, Fernando se encontraba pleno como hacía mucho que no se sentía.

– Nos alegra mucho verlos aquí, y a ti Gabriel, Caro. Ya era hora de que llegaran.. – Dijo Fernando. 

– Disculpen, pero la lluvia nos retrasó un poco. – Respondió Carolina. 

En medio de música, café y cóctel se respiraba de nuevo la atmósfera de renovación característica de la noche y la época.

Gabriel de cuando en cuando cruzó miradas con Karina,  sonreía especialmente luminosa esa noche,  radiante,  siempre pensó que su sonrisa estaba muy bien enmarcada por su densa cabellera oscura azabache, lucia hermosa, llevaba puesta ropa formal,  así era ella, impecable. 

Cada que una mirada de ellos se conectaba había una variante en el gesto, un sutil cambio en la sonrisa. 

El tiempo tiene dimensiones subjetivas.

Finalmente Karina tomó aire y anunció la cena. El comedor ya estaba listo y ordenado, tomó más tiempo del esperado hacer que todos tomaran lugar en la precisa mesa, ir por los niños y extraerlos de su universo de juegos, acarrear algunos adultos que en la conversación no querían perder tiempo de estar al corriente de todos los hechos del año para cada quien.

Hasta que todos tomaron lugar para maravillarse del colorido mosaico de alimentos que la mesa ofrecía. 

-¡Buen provecho! Amigos y familia,  gracias por acompañarnos esta noche. Que nuestros lazos sean más fuertes día a día. 

Todos aplaudieron. 

Hay lazos fuertes que son imperceptibles…  

———-

La cena terminó y casi cronómetricamente se acercó la hora para recibir el año nuevo, doce campanadas, doce uvas, un brindis,  y muchos abrazos, en medio del mencionado aire de renovación, los bríos listos para la nueva vuelta del mundo, al fin Karina y Gabriel se encontraron frente a frente.

Ambos se dieron un abrazo cuya sensación fue de otros 365 días de duración,  en ese instante ambos recibieron el golpe del recuerdo que habían tenido cada uno en su momento el día anterior. Gabriel percibía la forma de la cintura de Karina, ella descansaba en sus hombros y sumergió la nariz en la cabellera de Gabriel, que ya no era tan larga, pero si lo suficiente como para que le gustara.Posiblemente sin explicación, sólo instinto, había algo que interiormente gritaba: « ¡Nada más de lo mismo! »

Karina susurró al oído de Gabriel:

 – Que Dios me perdone Gabriel,  por favor,  acompáñame… Arriba. 

Tantos años de amistad y relación le dieron la suficiente información a Gabriel para entender entre líneas y dentro del ese tono de voz lo que Karina trataba de decirle. 
——

En el primer piso se encontraban cuatro alcobas, una para Karina y Fernando, otra para Marianita , otra para invitados y una más que Karina siempre dijo que era exclusiva para ella, esa noche ya no más… 
La puerta abrió rápidamente,  el ruido no era un problema,  el bullicio de los invitados era ahora su mejor aliado. 

No hubo nada que explicar,  Gabriel estaba cegado por el deseo, entendiendo en su sangre y toda conexión neuronal aquel sabor de lo llamado prohibido, levantó a Karina con fuerza de la cintura para llevarla sobre una mesa escritorio, rasgó las medias impecables de Karina y ella le asistió. 

– Sólo está vez,  te juro que esta vez será suficiente.- Decía Karina jadeante, susurrando 

– Estoy de acuerdo, bésame,  bésame más.- Respondió Gabriel 

Los besos eran fuertes como mordidas, dados con el mismo deseo que alguien hambriento atacaría una mesa de banquetes. 

Karina abrió la camisa de Gabriel,  botón por botón, la habría roto, pero sabía que tenía que guardar precauciones, al hacerlo,  se despliega en su mente el recuerdo de aquel día lluvioso, mira en torso con un escorpión tatuado que más de una vez había querido acariciar, besar, morder… 

Gabriel cerraba los ojos mientras sentía el hálito caliente de Karina viajando en su pecho,  él parecía más impaciente,  no tenían mucho tiempo,  alguien podría notar la ausencia prolongada,  alguien podría entrar a ese lugar que Karina tenía prohibido a todo el mundo «pero no, aún no subirán,  no entrarán » se decía. Luego entonces se abalanzó sobre Karina para librarla de las prendas superiores, le ha desnudado el torso, y sus senos se erguían orgullosos,  listos como una ofrenda, Gabriel comenzó a besarlos y a deslizar con rapidez la lengua en cada uno de ellos, deseaba sentir el sabor de la piel de su amiga, de su amante. 

-¡Tu boca! Mmhh tu boca Gabriel,  no te detengas.

Gabriel jadeaba y sus respiración parecía  a hacer eco en toda la habitación.  Karina desata con agilidad el cinturón de Gabriel,  abre la cremallera. 

– Por favor,  tampoco te detengas.- Dijo él . 
Karina cerró los ojos en el instante en que Gabriel comenzó a entrar en ella, lanzó un grito ahogado mordiendo sus propios labios. 

Dos cuerpos, dos personas que tenía un claro deseo no declarado en ese momento hacían plausible la fantasía. 

Karina apretaba con fuerza sus piernas para aprisionarlo, ambos en sincronía,  como toda la vida, en el vaivén de una danza de dos amantes, ya no hay marcha atrás,  ya no hay nada más que explicar. Ahí están,  por fin, ahí están. 

– ¡Ahora, ahora! Gritó ella con los ojos fuertemente cerrados abrazando y clavando las uñas en la espalda de Gabriel. 

-Karina… 

Los movimientos de Gabriel obedecían la voz de su Karina, era suya en ese pequeño presente en la línea de tiempo. 

-Más rápido,  más fuerte…

La pareja tuvo un orgasmo en el que callaron sus bocas mutuamente.

Y el vaivén cesó. 

Ambos tratando e recuperar el aliento, con el rostro nariz con nariz.El primero en hablar fue Gabriel. 

-Karina,  hacía tanto tiempo, no sé qué decirte, sólo deseaba…

-Es mutuo, y eso, créeme me ha hecho muy feliz, sólo está vez, lo juro, sólo esta. Ya tengo todo de ti.

-Y yo de ti. No te  arruinaré nada, te lo prometo. 

-No,no. Yo tampoco quiero hacerlo. Todo está aqui.- Karina mira alrededor, aquí,señala la cabeza de Gabriel; aquí señala su pecho; y aquí,  coloca su dedo sobre sus labios en señal de silencio. 

Los amantes sonrieron. Al salir de esa habitación, los amigos regresarán a  su vida habitual,  a ser lo que son, dos almas que tuvieron algo pendiente,  pero ese año,  al fin ese tema tuvo una conclusión.