El mantel.

Te levantaste como siempre, te bañas para prepararte para el trabajo. En la regadera estás sola inmersa en montones de pensamientos, los pagos, los pendientes,  el día qui viene, pero los olvidas, cómo es posible que tengas que pensar en ello desde que desoiertas; así que te das la oportunidad de dejar que el agua haga se trabajo, que te purifique y te prepare para el día ; fantaseas con una cama de agua corriente que te hace viajar en su cauce a lugares escondidos en tus pensamientos, todos son multicolor.

Al salir de la regadera te envuelves en la toalla y dejas que el residuo se vaya en esa tela, buscas tu ropa y la ordenas, eliges pantalones, zapatos, una bonita blusa, un abrigo y bufanda, una sombrilla, en estos días hace frio, y por supuesto, tu ropa,interior; hoy quieres usar un color negro, te miras al espejo y piensas que te viene bien ese color, das media vuelta y tratas de contemplar tus glúteos y piernas, te sientes, te ves y eres bonita.

Termina la primera parte del día,  sales a comer, vas al lugar de siempre, lo disfrutas, algunos minutos exclusivos para ti pues entiendes que la tranquilidad de la rutina es una clase de regalo que parece guardarte un descanso para sortear el sube y baja de la vida, buscas la mesa de siempre en la terraza, así observas a toda la gente, aquellos que también comen allí y a la gente transitado detrás de las rejillas que delimitan la terraza. Es tu lugar, tu rincón y el cielo parcialmente nublado te regala una inusual pintura de nubes que parecen librar una batalla con el sol, una danza en la que encuentras belleza. 

A tu izquierda un hombre que lee el periodico y bebe un americano, a tu derecha una pareja de chicas curiosean sus teléfonos y se muestran mutuamente lo que ven, observar a las personas te lleva a crear historias sobre ellos en tu mente y eso te divierte. 

La mente, la imaginación, la creatividad, la mente, la mente. El  concepto  que te atrae por sobre todas las cosas…

– Su café señorita.

El mesero corta tus reflexiones y solo agradeces. 

Bebes el café,  no es lo que pediste, llamas al mesero, te  atiende y explicas. Después escuchas:

– Disculpa pero este no lo pedí. 

El mesero asustado revisa las notas y se disculpa con la persona en la mesa delante tuyo.

No habías notado a ese hombre que llevaba rato ya, un inconveniente de la tranquilidad de la rutina indudablemente; el mesero se disculpa, notas que es su primer día, y ya cambió el turno, te tienes que ir pero no has tomado tu café,  y es importante hacerlo,  piensas que ahora deberás beberlo más rápido. 

– Creo que confundiste nuestras órdenes. 

El mesero asintió, el hombre de la mesa sonríe y le dice que no se preocupe que le traiga otro, que pagará aambo; él te ve y pide que traiga otro para ti y lo cargue a su cuenta.

– ¿Te molesta?

Te lo dice al tiempo en que se retira un momento los anteojos. Él estaba leyendo, cómo fue que no lo notaste te preguntas; no respondes con palabras, casi por impulso niegas con la cabeza y entonces el error se repara.

– No quiero molestarte en absoluto, ¿Puedo sentarme contigo? 

Asientes, igualmente por impulso. 

No sabes por qué dijiste que si, no estaba en el plan, en la rutina. Pero como ya lo habías pensado, la rutina te prepara para eso.

-Yo no quiero parecerte un loco, pero te había visto antes aqui. Y esperaba verte hoy.

Te has sorprendido. Explicas que es uno de tus lugares favoritos y que sueles reconocer a las personas. Creés que deberias levantarte de ahí e irte, en estos días las cosas no están para estas situaciones. Pero en él percebes algo que quieres  encontrar, una clase de misterio… Y los misterios te gustan.

– No pareces loco de primera vista, pero ese puede ser el peligro, además aun podria gritar.

Miras en sus expresivos ojos una reacción de susto, notar eso te deja algo tranquila. Te ha dicho que le había tomado tiempo animarse y que en su mente actuar asi parecía buena idea. 

Te ha dicho que te observó leer, que leés mucho, que cree que te gusta el Arte y la música, que te concentras mucho cada tarde pensando en algo que él no sabe qué es, que podría ser desde lo más mínimo hasta lo mas extravagante. Y que él quiere conocer la parte extravagante. 

Te has sonrojado, apenado, quién lo diría,  en una tarde normal de pronto un perfecto desconocido parece desprenderte de tus capas. Un tatuaje en su antebrazo te llama la atención cuando decidió doblar las mangas de su camisa negra,  ya viste también que utiliza un reloj, usa barba, lleva un par de libros y una libreta en un morral negro también. Creés que es un personaje. Piensas que es tal,vez escritor, no; profesor, no; es, es… No tienes idea, no te deja pensar en profundidad.

Habla contigo,sobre música, lecturas, locuras hechas y también sobre trivialidades de momento, jugaste con él a crear historias sobre las personas y los comensales que circularan durante la tarde; por cierto, ya llega el ocaso y no te diste cuenta.

-El sol del ocaso te sienta bien.

Su voz ahora suena diferente para ti. Leías hablado de tu trabajo, decidiste ignorar cada mensaje y llamada recibida, todo puede esperar porque no sabes si esto se repita. No sabes si te volverás a encontrar con él. No importa. 

No habías notado tu lugar favorito de la tarde a esas horas del día. Te gusta ver cómo la luz artificial de los faroles de la terraza le bañan la cabellera, es muy extraño que seas tan directa y sincera con él. 

-¿Qué gano con mentirte? 

Es cierto, qué ganan, únicamente invertiste algunas horas de la tarde con él en la que invertirías tiempo en otra cosa. No hay problema para ti, el misterio de tu vigilante se desvela, y te sientes extraña, y algo traviesa.

– Dame un momento, vuelvo enseguida. 

Te levantas directo al,baño de mujeres, tomas tu teléfono y le quieres contar a alguien, te detienes, te miras en el espejo y arreglas tu cabello, retocas tus labios, y en tu mente surge una fantasía,  loca, como todo ese día; te viste mordiendo sus labios, te detienes en ese pensamiento sin saber de dónde salió él, la idea.

Ves que la puerta del baño se abre. Y aparece él.  Te ha dicho que no quiere que termine el día sin besarte. Y lo hace, ya la,imagen en tu mente es real, muerdes de inmediato sus labios, y sientes su aroma, a madera y tabaco, pasas tus manos por su cabellera y el por tu cintura, el,beso,se replica una y otra vez. 

No hay palabras, sólo jadeos, respira en tu cuello mientras tú has desabotonado su camisa y le sonries.

Todo tiene ahora un carácter salvaje y fuerte, te ha dado media vuelta y petcibes su aliento, está detrás de ti mordiendo tus hombros y tocando tus pechos, halas su cadera para sentirlo, él te ha tomado del cabello y tira para levantar tu rostro, y se lo permites; abres los ojos y lo percibes como un animal hambriento,  te sientes presa y miras tu rostro en el espejo, tienes fuego en los ojos y en el vientre, no es miedo, es lujuria lo que sientes;  percibes tu ropa interior húmeda por obvia razones; él también ya lo hizo, pues comienza a tocarte, te ha abierto los pantalones y los ha bajado hasta la mitad de tus piernas.

Lo sientes, quieres continuar sin detenerte, lo sostienes y halas hacia tí con más fuerza, dentro de ti lo percibes, y recibes los impactos que vienen de sus caderas una y otra vez, quieres gritar, y él te silencia con una de sus manos, detalle que te gusta y a decir verdad esperabas. 

Todo termina, como termina un terremoto o una explosión, se ha disipado la energía y tu piel está erizada,  y él besa tu cuello con suavidad,  te das media vuelta para tenerlo de frente. Lo abrazas y él a ti. Se miran de nuevo y hay un carácter de agradecimiento en ese intercambio de miradas.

Quiere decirte algo, no lo,permites, ahora tú eres quien habla. Coqueta segura, sonriente. 

– Nada mal para romper la rutina, no sé si te vuelva a ver, pero no te siento como un extraño. 

– No lo somos. 

Se funden en un abrazo contrastante con respecto a la energía desbordada hace unos instantes.

-Su café señorita…

Regresaste de tus pensamientos. Qué fantasía tan loca acabas de tener. Sientes que tu sexo aún palpita. Vaya que tu mente es fuerte. Te descubres con una de tus manos estrujando el mantel blanco de la mesa, lo sueltas. Ríes internamente por esa reacción natural derivada de tus pensamientos. La plena tarde y su cielo parcialmente nublado está allí. Suspiras un poco para reponerte y bebes de tu taza…

-Disculpa, esto no es lo que pedí.

El mesero se sorprende y se disculpa. Frente a ti escuchas a un hombre  con camisa negra y de barba que leía un libro y a quien no habías notado decir:

-Creo que confundiste nuestras órdenes…

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