12 Campanadas 

Karina ​(Ella)
Justo la hora pico en la calzada de Tlalpan,  en medio de esa lluvia ocurrente e imprudente de la Ciudad.«Atascada en el tráfico,  lo que me faltaba» piensa, pero ya lo saben, Diciembre está plagado de un aire de renovación que cualquier inconveniente se disuelve un poco al considerar que el siguiente año te traerá cosas nuevas «vida nueva, o más de lo mismo ».Ya no importa,  cambió de trabajo,  trata de dejar de fumar, tiene todos los regalos envueltos, la comida que tocó preparar para la fiesta de esa noche está lista , la ventaja es que es en su casa y viene sola en el automóvil, sin niña.

La lluvia la llevó a un recuerdo que de pronto es recurrente en su memoria :
Piensa en él. 
Años atrás una pareja de muchachos correteaban risueños por los pasillos del edificio en la Preparatoria,  una lluvia vasta los había atrapado y los dejó empapados hallaron un salón vacío,  en la Preparatoria no es imposible que eso suceda, y ahí decidieron secarse lo mejor posible,  tirando las mochilas en la entrada, Él decide de pronto quitarse la chamarra y la playera roja para exprimirla. 
Pasaba, como sucede muy seguido en esos tiempos de la vida humana escolar, que Ella no se atrevía a decirle que estaba gozando de ver esa imagen, observaba su espalda húmeda con hilos de agua provenientes de su cabellera larga la cual cubría la mitad de su espalda. Él se dio media vuelta para decirle:
-¿ No te vas a secar? Te puedes enfermar.

– ¿Yo? este…
– Espera,  espera; usa mi playera, yo la vuelvo a exprimir de todos modos.

– Pero…

Una pausa…

– ¡Ah! Si, perdón. 
Él se da media vuelta. 
Ella tenía frío,  pero éste se apagó cuando entonces pasaba la prenda por su rostro, figurando en una manera fantástica romántico – literaria,  que el roce de la prenda eran las manos y besos de Él. 


El Claxon del coche detrás de ella la regresa a La ciudad y al tráfico.



-¡Ay pinche Gabriel! 
Sigue su camino pendiente del tráfico y rellenando sus reflexiones con muchas posibilidades, cargados de «hubiera» entre esto,  y lo otro, posibilidades extintas muchas de ellas, pero una latente: «Si te besara una vez,  una vez sería suficiente,  lo juro, si te acariciara una vez,  una bastaría,  lo juro, lo juro… »

Entra una llamada:
-¿Bueno?
– ¡Hola Karina!
– ¡Hola Gabriel!  No te vas a morir pronto. 
– Ah, con que pensabas en mi. ¿Cosas buenas?
– Cosas buenas, si… Como el postre que vas a llevar a la casa, porque si vas a ir ¿Verdad? 
-Si cómo no,  solo quería preguntarte si el postre que querías era de durazno o fresa.
– Pues de fresa ¡Ay como si no me conocieras! 

– No pues si, por su puesto, es lo que le decía a Carolina,  de fresa, de fresa, pero me estaba neciando.

– Está bien,  no hay problema. 
– Bueno,te lo llevo, te va a gustar, va a quedar sabroso. Como las manos de quien lo prepara.
Ambos sueltan una carcajada. 
– Bueno sabroso, allá nos vemos todos, también llegará toda La bola. 
– ¡Órale! Seremos muchos.
– No me iba a endeudar con esa casota nada más para tenerla vacía.
– Ya sé.  Bueno, entonces nos vemos allá al rato.

«Todos tenemos nuestros hubiera» pensó. 

GABRIEL (Él) 

Gabriel colgó la llamada,  estaba en la cocina cortando las fresas para terminar de adornar el postre. Las fresas enteras le llevaron a un recuerdo vívido:
Karina y Gabriel salieron del cine y se estaban disponiendo a comer cerca de la plaza comercial, una costumbre en la que estaban de acuerdo, para así hablar sobre la película. 

Gabriel sacó de su mochila un recipiente con fresas, sonrientes, frescas y de colores vivos.

-Toma, te traje estas para postre. 

-¡Se ven deliciosas!.  Y tomó una de inmediato para morderla; el jugo de la fruta escurrió por las comisuras de sus labios y una gota cayó en su pecho. Gabriel observó la escena, mientras Karina mordía y limpiaba de su rostro y pecho el jugo de la fruta; él creyó que los labios de Karina eran tan rojos como la fresa, notar esos detalles lo sorprendió por un momento. 

-¿Qué estás mirando?  Preguntó Karina. 

-Nada.

– Ya te vi éh.

-No, es que… Les puse mucho almíbar ¿verdad? 

-Están buenísimas.  Creo que esto de la da repostería se te da.

-Y, oye ¿Te gustó el final de la película? 

-¡Cómo no!  Mira, no he leído el libro,  pero ya éste es uno de mis personajes favoritos, el Doctor Lecter. 

– Gabriel,  ya vámonos,  el tráfico se va a poner pesado.

 La voz que lo regresó de sus pensamientos era de Carolina, quien tenía abrigos,  paraguas, bolsas,  todo listo para la partir. 

-¡Ay, pinche Karina!  susurró. 

———-

El camino resultó más relajado de lo que se esperaba,  el tránsito fue noble y la lluvia había disminuido de poco en poco mientras llegaban a casa de Karina. 

La pareja llegó al fin, Carolina usó una aldaba con forma de escorpión para anunciar su llegada,  el aguijón del mismo funcionaba para tal efecto. 

– Todavía me acuerdo de cuánto estuvimos buscando esta extravagancia Karina y  yo, insistía en uno así para su puerta.- Comentó Carolina. 

– Si, ya sabes como es.

– Me recuerda a tu tatuaje. – Se acercó para darle un tierno beso en los labios. 

Cuando la puerta abrió, una niña de cerca de 8 años de cabellera larga y oscura lanzó un grito alegre. 

-¡Tío Gabriel,  tía Caro! 

-¡Marianita!.  Exclamó Gabriel arrodillándose para recibir el abrazo de la pequeña. 

– Hice muchos dibujos.

– ¿En serio?

– Si tío, todos los que me dijiste con los colores que me regalaron. 

– ¿Y en dónde están?. – Preguntó Carolina esta vez. 

– Allá tía. – La pequeña señaló dentro e la casa sonriente revelando un hueco en la dentadura que solo acentuaba su tierna imagen. 

-¡Pues vamos! – Respondió Carolina. 

La pareja entró a la casa guiados por su pequeña anfitriona. Era un espacio organizado con buen gusto limitado con claridad con colores en las paredes,  entre gritos y risas los niños jugaban y correteaban en un espacio con las paredes tapizadas con hojas de papel las cuales también servían de alfombra en el lugar. Gabriel se detuvo unos segundos para mirarlo y admiró ese particular universo.

Se podía apreciar también un pequeño estudio con media luz por efecto de una lámpara que era para Karina.La sala de estar era de colores neutros,  grises coordinados con buen gusto y bien iluminado para Fernando, esposo de Karina quien cantaba con su guitarra acústica para todos los adultos presentes, un viejo vestigio de su época de músico, nada mal por cierto.

-¡Miren quién llegó! 

Karina salía de la cocina con un par de tazas de café humeante y se las entregó a los recién llegados. 

-Tomen,  seguro que les caerá bien. Es Chiapaneco. 

Carolina sostuvo la taza de café que le correspondía entre sus manos y dio un sorbo.

-Está delicioso. 

Gabriel sostuvo la suya con una mano mientras que con la otra cargaba una bolsa con los postres para la cena. 

-La llevaré a la cocina.

– Me voy a la sala,  es que me gusta mucho esa canción. – Dijo Carolina,  ahí te veo Gabo. 

– Te ayudo.- Dijo Karina, y quitó de la mano de Gabriel,  la taza.

-Hija de… Me hubieras ayudado con los postres. 

-¿Cómo te ha ido?  

– Bien, todo bien.

Entraron a la cocina. Al fondo se escuchó el llanto de un niño, un accidente en el pequeño universo.

– Ay no, déjame ir a ver 

Gabriel se quedó solo en la cocina bebió un poco de la infusión chiapaneca, aún podía ver el escenario de la fiesta, en su mente la frase «Bien, todo bien» resonó. 

Y realmente así lo era, el trabajo estaba perfecto,  las cosas con Carolina están más que bien,  no hay deudas,  todo lo que dentro del ordinario mundo adulto se traduce en armonía.

– Todo bien.  – Se dijo en voz baja mientras escuchó una carcajada de una de las asistentes, Regina, mujer morena clara con una sonrisa luminosa, ese tipo de persona que son alegres y despreocupadas. Oírla lo llevó a recordar una interesante conversación. 

Semanas atrás Gabriel y Regina terminaban de arreglar la mesa para un servicio de banquetes del cual Gabriel, ahora chef estuvo a cargo. 

-Está buenísimo. 

– Deja, eso no es tuyo. 

– ¡¿Qué?! No me digas que nunca se te han antojado las cosas ajenas.

– No.

-No te creo, y creo que si, te he visto.

-¿Cómo? 

– Si, te he… Mira,  a mi cuanto más me dicen que no,  más lo intento,  siempre que quiero un pedazo de pastel, voy y lo agarro, quiero tener mi vida llena de cosas que se me antojan,  si no, para qué las quiero, y así podría terminar el viaje diciendo que hice todo lo que quise. 

– ¿ No respetas nada?

– Ah claro que si. Pero algo con etiqueta de prohibido siempre adiciona «condimento» a las cosas. Yo simplemente no puedo estar a dieta.- Dice esto mientras suelta una carcajada ruidosa. 

– ¡Silencio!.- Susurró Gabriel. – Ya, creo que entiendo de lo que hablas, pero ¿Qué no piensas en las consecuencias? 

– Si, claro que si. Pero me tengo como prioridad,  y sé cómo,  con qué o… Con quién hacer las cosas..- Regina observó con cuidado a Gabriel.- Yo sé que eres bueno,  todos lo sabemos, pero también eres una persona,  y todos tenemos nuestro rincón prohibido. – Regina volvió a reír esteuendosamente.

– Si, tal vez tienes razón.

– Gabriel, ¿ seguimos hablando de pasteles? 

– Pues… 

– No importa, ni te preocupes,  todos tenemos esos momentos; Oye ¿De dónde sacas a estos meseros?  Parece que los aceptas con fotografía. 

Estas vez ambos sonrieron. 

                                —–

Ya todos estaban reunidos en la estancia, hablando, cantando canciones conocidas en coro, Fernando se encontraba pleno como hacía mucho que no se sentía.

– Nos alegra mucho verlos aquí, y a ti Gabriel, Caro. Ya era hora de que llegaran.. – Dijo Fernando. 

– Disculpen, pero la lluvia nos retrasó un poco. – Respondió Carolina. 

En medio de música, café y cóctel se respiraba de nuevo la atmósfera de renovación característica de la noche y la época.

Gabriel de cuando en cuando cruzó miradas con Karina,  sonreía especialmente luminosa esa noche,  radiante,  siempre pensó que su sonrisa estaba muy bien enmarcada por su densa cabellera oscura azabache, lucia hermosa, llevaba puesta ropa formal,  así era ella, impecable. 

Cada que una mirada de ellos se conectaba había una variante en el gesto, un sutil cambio en la sonrisa. 

El tiempo tiene dimensiones subjetivas.

Finalmente Karina tomó aire y anunció la cena. El comedor ya estaba listo y ordenado, tomó más tiempo del esperado hacer que todos tomaran lugar en la precisa mesa, ir por los niños y extraerlos de su universo de juegos, acarrear algunos adultos que en la conversación no querían perder tiempo de estar al corriente de todos los hechos del año para cada quien.

Hasta que todos tomaron lugar para maravillarse del colorido mosaico de alimentos que la mesa ofrecía. 

-¡Buen provecho! Amigos y familia,  gracias por acompañarnos esta noche. Que nuestros lazos sean más fuertes día a día. 

Todos aplaudieron. 

Hay lazos fuertes que son imperceptibles…  

———-

La cena terminó y casi cronómetricamente se acercó la hora para recibir el año nuevo, doce campanadas, doce uvas, un brindis,  y muchos abrazos, en medio del mencionado aire de renovación, los bríos listos para la nueva vuelta del mundo, al fin Karina y Gabriel se encontraron frente a frente.

Ambos se dieron un abrazo cuya sensación fue de otros 365 días de duración,  en ese instante ambos recibieron el golpe del recuerdo que habían tenido cada uno en su momento el día anterior. Gabriel percibía la forma de la cintura de Karina, ella descansaba en sus hombros y sumergió la nariz en la cabellera de Gabriel, que ya no era tan larga, pero si lo suficiente como para que le gustara.Posiblemente sin explicación, sólo instinto, había algo que interiormente gritaba: « ¡Nada más de lo mismo! »

Karina susurró al oído de Gabriel:

 – Que Dios me perdone Gabriel,  por favor,  acompáñame… Arriba. 

Tantos años de amistad y relación le dieron la suficiente información a Gabriel para entender entre líneas y dentro del ese tono de voz lo que Karina trataba de decirle. 
——

En el primer piso se encontraban cuatro alcobas, una para Karina y Fernando, otra para Marianita , otra para invitados y una más que Karina siempre dijo que era exclusiva para ella, esa noche ya no más… 
La puerta abrió rápidamente,  el ruido no era un problema,  el bullicio de los invitados era ahora su mejor aliado. 

No hubo nada que explicar,  Gabriel estaba cegado por el deseo, entendiendo en su sangre y toda conexión neuronal aquel sabor de lo llamado prohibido, levantó a Karina con fuerza de la cintura para llevarla sobre una mesa escritorio, rasgó las medias impecables de Karina y ella le asistió. 

– Sólo está vez,  te juro que esta vez será suficiente.- Decía Karina jadeante, susurrando 

– Estoy de acuerdo, bésame,  bésame más.- Respondió Gabriel 

Los besos eran fuertes como mordidas, dados con el mismo deseo que alguien hambriento atacaría una mesa de banquetes. 

Karina abrió la camisa de Gabriel,  botón por botón, la habría roto, pero sabía que tenía que guardar precauciones, al hacerlo,  se despliega en su mente el recuerdo de aquel día lluvioso, mira en torso con un escorpión tatuado que más de una vez había querido acariciar, besar, morder… 

Gabriel cerraba los ojos mientras sentía el hálito caliente de Karina viajando en su pecho,  él parecía más impaciente,  no tenían mucho tiempo,  alguien podría notar la ausencia prolongada,  alguien podría entrar a ese lugar que Karina tenía prohibido a todo el mundo «pero no, aún no subirán,  no entrarán » se decía. Luego entonces se abalanzó sobre Karina para librarla de las prendas superiores, le ha desnudado el torso, y sus senos se erguían orgullosos,  listos como una ofrenda, Gabriel comenzó a besarlos y a deslizar con rapidez la lengua en cada uno de ellos, deseaba sentir el sabor de la piel de su amiga, de su amante. 

-¡Tu boca! Mmhh tu boca Gabriel,  no te detengas.

Gabriel jadeaba y sus respiración parecía  a hacer eco en toda la habitación.  Karina desata con agilidad el cinturón de Gabriel,  abre la cremallera. 

– Por favor,  tampoco te detengas.- Dijo él . 
Karina cerró los ojos en el instante en que Gabriel comenzó a entrar en ella, lanzó un grito ahogado mordiendo sus propios labios. 

Dos cuerpos, dos personas que tenía un claro deseo no declarado en ese momento hacían plausible la fantasía. 

Karina apretaba con fuerza sus piernas para aprisionarlo, ambos en sincronía,  como toda la vida, en el vaivén de una danza de dos amantes, ya no hay marcha atrás,  ya no hay nada más que explicar. Ahí están,  por fin, ahí están. 

– ¡Ahora, ahora! Gritó ella con los ojos fuertemente cerrados abrazando y clavando las uñas en la espalda de Gabriel. 

-Karina… 

Los movimientos de Gabriel obedecían la voz de su Karina, era suya en ese pequeño presente en la línea de tiempo. 

-Más rápido,  más fuerte…

La pareja tuvo un orgasmo en el que callaron sus bocas mutuamente.

Y el vaivén cesó. 

Ambos tratando e recuperar el aliento, con el rostro nariz con nariz.El primero en hablar fue Gabriel. 

-Karina,  hacía tanto tiempo, no sé qué decirte, sólo deseaba…

-Es mutuo, y eso, créeme me ha hecho muy feliz, sólo está vez, lo juro, sólo esta. Ya tengo todo de ti.

-Y yo de ti. No te  arruinaré nada, te lo prometo. 

-No,no. Yo tampoco quiero hacerlo. Todo está aqui.- Karina mira alrededor, aquí,señala la cabeza de Gabriel; aquí señala su pecho; y aquí,  coloca su dedo sobre sus labios en señal de silencio. 

Los amantes sonrieron. Al salir de esa habitación, los amigos regresarán a  su vida habitual,  a ser lo que son, dos almas que tuvieron algo pendiente,  pero ese año,  al fin ese tema tuvo una conclusión. 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s