LA CULPA ES DE ESA LOLIPOP

Créanme cuando les digo que si bien puedo tener un arranque animal cuyo único antídoto es el coito. También sé que puedo dominarlo. 
Supongo que me encontré con la excepción de la regla (lo sé,  todos somos iguales,  siempre pensamos en lo mismo) pero reitero que también he debido aprender a controlar el impulso sexual o sexoso que se dispara desde los cromosomas o por causa de, según mis amistades entendidas en el tema, haber nacido escorpión. (Já) 

La excepción de mi regla había aparecido en un episodio de mi camino en este plano justo al terminar una entrega de proyecto. En realidad antes, pues era compañera de una de mis clases. Aburrido al terminar la mencionada junta me fui a la escuela para alcanzar la última clase, ya terminada salí a sentarme por ahí en el área de la cafetería,  encendí un cigarrillo y estaba pensando «seguro estos carbones van a querer pagar menos » había percibido el olor peculiar de su perfume. « Ay Dios, aquí anda»  y entonces decidió sentarse a mi lado.

– ¿ Vas a ir a la fiesta? 

-¿ Cuál fiesta? 

– En casa de Edgar. 

– Si. Yo creo que si.

-Bueno… 

Dejaré hasta aquí el detalle del complejo arreglo para ir a una fiesta, hecho que como deben saber, se sincroniza más rápido que cualquier aparato inteligente existente.

Isabel (evidentemente no es su nombre real) usaba pantalones rasgados en el área de los muslos, pantalones que se asentaban muy bien en sus redondeadas nalgas, ya nos habíamos descubierto en intercambio de miradas, y conversaciones de ese tipo que se sabe que no dañan a nadie (en verdad no dañan a nadie) y era hasta divertido tenerlo.

Claro, claro el cliché de la tensión sexual (porque eso era y no otra cosa, sexo, sexo y nada más)  ¿Por qué debía controlar al travieso instinto?  Porque yo en aquellos días tenía novia. Y ella el suyo respectivo. 
* * * * *
No se trataba de que pasara por un mal momento en esa relación o por alguna clase de crisis existencial. No,no. Era verla bailar, moviendo sus caderas, ver ondear su cabello al ritmo de su baile, los ojos en un color miel que brillaban bonito con la luz del día y el sutil hecho de que ella me miraba de vez en cuando mientras bailaba.
——- ¡Y llegó el Vodka! ——-


Nos dejamos llevar todos por esa fiesta de viernes. « ¡Si, pinches clientes! ¡Si pinches profe! ¡Si,  pinches gastos! ¡Si, salud…! »

Oh si, fiesta universitaria…
Ya se llenaba la sala del departamento de Edgar con nuestros humores. Éramos muchos y hacía calor, ya estaba algo cansado de moverme y del ritmo de la música electrónica. 

Salí a tomar aire y fumar (tomar aire fumando, claro,  suena logico) con mi desarmador de jugo de naranja artificial en mano me asome al pequeño balcón del departamento. 

Llegó Isabel, y me dio un abrazo desde la espalda. 

– ¡Hace calor allá adentro!

– Si, mucho.

– ¿ Quieres…? (Aquí aparece la lolipop que estaba justo entre sus labios rosas.)

Y la mencionada lolipop en sus manos regresó a su boca.

-No, está bien,  gracias. 

-Pues ni quería darte. 

-Pero, oye… (Ok. De pronto digo lo primero que pienso sin tener idea de lo que va a pasar, a veces funciona para ciertas cosas, muy ajenas a las que les redacto aquí ) 

– ¿Qué?  y puso la paleta de nuevo en su boca.

– Sigue haciendo eso con tu paleta…

-¡Eres un puerco!

Me dio un golpe en el hombro. 

– ¡Qué quieres!, debe ser el Vodka (si, cómo no)

– Un día,  tal vez.

-Si, tal vez…

– ¡Ya! No hagas eso.

-¿Qué cosa?

– Verme así.

– Imposible (si, eso era cierto, imposible no verla así, ya escuchaba esa voz interior que me decía « ¡Vas,vas! » y yo tratando de controlarla)

– Mira que no debes desatar fuerzas que no sabes si puedes controlar ( ¿Acaso me leyó el pensamiento?) 

– No he desatado nada… Todavía.
Y nos reímos, supongo que era esa connotación sexual dentro de nuestra comunicación. 

– ¿Sabes qué?.  Me dijo. 

– ¿Qué? Si, ya sé.  Debo portarme bien.

-Voy adentro. 

Y puso la golosina en su boca.
Regresamos adentro a la fiesta, bailé con ella mucho,  con el bit de la música electrónica encontramos el perfecto pretexto para acercarnos, beber, sudar…

Le abracé de la cintura con el extremo deseo de acercarla a mi y besarle, y me contenía. No decíamos nada sólo sonreiamos ella levantaba los brazos y yo me acerqué para sentir con toda intención su temperatura y la humedad en su piel.Nos rozabamos las manos, tocaba mi espalda y yo la suya, dos o tres roces con la nariz, sentí sus senos contra mi pecho. Yo y mi autocontrol, yo y mis ganas de besarle contra mis ganas de ser bien portado. 

Ya eran las 2 de la mañana.
 

Salí a fumar. Y ella siguió dentro hablando con algunos amigos. 
«Ya no llegué a mi casa» pensé. 

Apareció de nuevo frente a mí.

-¿Qué pasa?

– Nada niña.

-¿Piensas en algo?

-No, en nada («¡Bésala!»)

– No parece, tu mirada siempre es expresiva.

-Si,  eso dicen («¡Que me bese!»)

– ¿Por qué no me has besado en toda la fiesta?

-No quiero molestarte (« ¡Quieres besarla,  Bésala!»)

-No me va a molestar. Me he acercado a ti toda la noche, hemos bailado tan cerquita que hasta podría estar ofendida porque nada más no nos hemos besado. No nos hagamos tontos.

Me quedé mudo… 

* * * * * *
Puro impulso del deseo sexual fue, nada más. 

Isabel y yo llegamos casi corriendo a la puerta de la habitación del hotel. En el camino por el pasillo en dicho lugar la besé con mucha fuerza y ella mordió mis labios en cada vez.

Entramos a la habitación y ni bien cerré la puerta me empujó contra ella y nos dimos otro prolongado beso de esos que hacen que la saliva deje hilo.

No hay engaño ante un deseo, surge, está ahí aunque cierres los ojos; yo quería estar ahí con ella; ella también, y decidimos saciarlo en ese momento y lugar. Si, también sé que me pudo rechazar y todo hubiese seguido igual. 

Pero, no… No fue  así. 

-Creo que no nos costaba nada. Le dije

-Nada…

Y nos besábamos entre palabras,  casi arranco sus ropas.  Ella besaba mi cuello mientras metía una mano dentro de mis pantalones, en ese justo momento dejé fluir por entero esa característica de mis cromosomas, o signo astral.

Hurgó dentro de mi ropa interior hasta encontrar mi erección y masajear mi pene. Yo use ambas manos para tocar sus bonitos glúteos,  los que había admirado desde la tarde del día anterior.

La cargué sostendiéndole de ahí mismo y enredó sus piernas en mi cintura, me di media vuelta para hacer contrapeso en la puerta, ya ella estaba desnuda por mi causa y yo en pantalones y la camisa abierta.

-Si comes un postre, no lo dejas a la mitad,  le dije.

Y ella sonrió. 

Así contra la puerta le sostuve las piernas hasta subirla a mis hombros, Isabel leyó mis intenciones y me ayudó para acomodar sus muslos, su pubis húmedo quedó frente a mi y  yo lo exploré de la mejor manera posible, presionaba con sus piernas y hacía equilibrio contra la puerta (un acto de acrobacia que no es tan fácil,  pero la lujuria es un fuerte aliciente) quería conocer su sabor, quería saciar todo con ella.

Nos movimos a la cama, me quitó toda la ropa y así desnudos ambos me dijo:

-Hace tanto, niño bueno… (tal cual el famoso libro)

Isabel…

No terminé la frase cuando ella ya besaba mi pecho y cintura con velocidad, y comenzó a besar mi pene ( Sabrán que en este momento yo me sentí a su merced, evidentemente) 

Su boca caliente y húmeda se movía de arriba a abajo,me acariciaba, tocó mis nalgas,  lo hacía rápido y no dejaba de mirarme, se detenía brevemente para tomar aire o descanso y continuaba. 

Entre un momento y otro me decía :

– Hoy te quiero mío. Sin reproches mutuos, sin nada, sólo hoy te quiero mío, serás mio desde hoy y nos recordaremos.

(Estaba de acuerdo con ella, yo era para ella y ella para mi, sólo ese momento, sólo esa noche, no lo diríamos a nadie, aun cuando rumoraran,  nunca lo íbamos a aceptar, nuestras parejas no lo sabrían,  para qué, era sexo y ya)

En aquellos momentos yo no podía hablar,se movía cada vez más rápido, ella seguia bien mi mapa de placeres, yo movía un poco las caderas, y ella no se detuvo…

Exploté…

Ella pasaba la lengua por sus labios y en tono de travesura me dijo:

-¿Lolipop?

Ambos reímos con complicidad. 

Las cosas no terminaron ahí.  La noche aún era larga y había mucho fuego que apagar.

Días después, nada, ningún reproche, ningún reclamo,  nos seguíamos cruzando en clases, incluso con nuestras parejas,  el trato se respetó, en privado de vez en cuando un saludo que decía ;

-Hola Niño bueno. 

-Hola Lolipop. 

Seguido de una sonrisa mutua. 

Tengo en mi memoria sus tatuajes y toda esa noche; y de pronto me gusta pensar en ella y en sus palabras, me gusta pensar en éstas como en un embrujo atinado, aún la recuerdo y espero que ella también. 




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