Ya te vi.

Te pones a andar con tus pasitos, con tus pies pequeños,  con tus pasitos seguros.

Te mueves por ahí con tu ligereza y la espalda recta, tu espalda suave.

Caminas y me cruzas la mirada, y me sonríes; me dices cosas, muchas parecen sin sentido pero las entiendo todas,me das palabras capciosas, y yo te digo otras tantas.

Entre las miraditas de tus ojos y los roces de tu mano sucede, explotan chispas en cada roce,  nadie las ve, sólo nosotros.

En un momento quedas a dos centímetros de mi, a dos centímetros de mi tu rostro y tus labios,  a dos centímetros solo tres segundos.

No pasará de nuevo.

Siempre me lo digo.

No pasará de nuevo.

Si te acercas así otra vez, a propósito o por accidente, te hablaré de la comida, de como es que se degusta la buena comida; como el olor te transporta a cualquier lugar, como la textura visual enamora,  y finalmente entre la textura y el sabor, la reacción que lleva al placer.

En fin.

Todo esto para decirte que no te acerques a mi, con tu caminar,  con tu espalda, con tus ojos y tus palabras.

O te voy a comer, sin más; te comeré, y te va a gustar.

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