Regale usted hoy su corazón.

Regale usted hoy su corazón,
Cuando abra los ojos y respire,
y coma,y beba, y bese, y abrace, camine.

Regale un dulce o chocolate, un libro y suspiros, para si mismo a su cuerpo, ese cuerpo al que le ha metido tanta caña.

A otros, lo que quiera, pero quiera, hoy, mañana o cualquier día.

Pero más vale que no lo olvide porque puede pesarle mucho no hacerlo.

¿Ya corrió, ya gritó, ya bebió, ya fumó, ya besó, ya cogió ?

Regale usted lo que guste, pero regale y no lo reproche.

Regale odio y mentadas de madre, si quiere, finalmente salen de la entraña; si no es así, no cuenta.

Y cuéntese cosas, escríbase, háblese antes de que le diauelvan las ideas.

Felices días del resto de su vida…

Aunque huela tu perfume.

Aunque huela tu perfume,

Aunque mire tu sonrisa y tus labios carnosos,

Aunque mire la cadencia de tus pasos,

La forma de tu cintura y tu cadera,

Y deguste en el recuerdo el sabor de tu piel,

De tu sudor, tu sangre y todos tus humores,

Y mi espalda recuerde tus rasguños,

Y mis manos tu textura

Aunqu reviva tu voz y respiración justo en mi cuello,

Tu cabello en mi rostro y mis manos,

Aunque tu voz me hable tan cerca,

Mujer de bosque, mujer de tierra,

Mujer luna,

Mujer, calor de mujer,ojos de mujer,

Hago mi recuerdo y fantasías contigo,

Me hice bestia, me hice tuyo,

Labios de mujer, sexo de mujer

Aunque huela tu perfume,

No haré nada,

Sólo te extrañaré.

Chavita, el loco del barrio.

Esta tarde recibí la noticia, Salvador, o “Chavita” como todos lo llamamos se fue, trascendió, falleció.

Me llevó a un remolino de pensamientos fugaces que golpeaban mi cabeza como el granizo de la lluvia al cristal de la ventana.

No tenía mucho de leer un fragmento de diálogo de la película “Macario” aquella adaptación de la novela de Bruno Traven que toca el tema de La Señora Muerte y muchos más, pero este hablaba de Ella precisamente.

Después me llega la noticia, en realidad mi impresión abrió rápidamente los archivos de mi memoria donde le recordé su frase usual “¿Un cafecito Armando?” Armando no es mi nombre pero así me llamó, y siempre después de varias vueltas en el día por fin se llevaba su vaso de café.

Más de una vez pensé en cómo serían los pensamientos de Chavita, el loco, el loco del Barrio, me preguntaba qué es lo que veía o qué recordaba, trataba de encontrar la lógica entre líneas en su plática, una que parecía escrita en el corte del Teatro del absurdo, de alguna forma su conversación iba a algún lado aunque las conversación no tuviera sentido.

Ahí estaba siempre caminando con la seguridad que llegaba a envidiarle, caminando por el mundo y las calles que ambos conocíamos y tal vez por otros callejones que yo no he conocido.

De él se decían varias cosas, él era un mito viviente y andante, como que fue un genio, que no era así, que no se veía así, era común y corriente, enamorado de alguien, ex novio de otra.

Las leyes que no entendemos, las leyes que nos hacen respirar me llevaron a pensar que él siempre traía un mensaje entre líneas en cada palabrería que salía de él.

Una noche para partir a casa desde el trabajo nos entretuvo diciéndome algunas cosas curiosas, me decidí a salir a fumar mientras tanto la noche ya estaba avanzada, cuando llegó frente a mí.

– ¿Me regalas un cigarro, Armando?

– a ver… Aquí traigo una Chavita

– Donde está el café está la muerte canijo.

Una observación curiosa y extraña, yo estaba bebiendo café por cierto

– En tu cara se ve la muerte canijo, sí donde está el café está la muerte, sí. Café negro y un pan para aliviar, sí, sí. ¿Cómo te llamas?

– …

– Armando, vengo caminando desde Tlalpan, a las ocho de la noche llego canijo, sí.

Para mí ya era hora de irse y nos despedimos entonces. Fueron cerca de veinte minutos mientras platicó sus cosas, las deducciones de sus enunciados me hicieron pensar en que tenía sentido que donde hubiera café, estuviera la muerte, el café está en los cepelios, siempre.

No fue todo, en el camino de vuelta el paso estuvo cerrado un tramo hasta que me acerqué lo suficiente para ver a un grupo de bomberos levantando escombros, explicaron que un camión de carga se había volcado y tiro todo es escombro y piedras por ahí, y que tendría media hora aproximadamente, ahí estaba entonces el camión volcado en el camino, mi camino de vuelta a casa, eld e todos los días casi siempre a la mima hora , excepto que Chavita me entretuvo 20 minutos más o menos.

El poeta, el bailarín, el genio, el loco, el hombre del barrio que todos conocieron finalmente está libre de ese delirio que tenía en una conexión diferente su mente.

Libre, no lo sé si más, pues también al verlo en este plano andar, y caminar seguro en su pensamiento; en su tránsito entre callejones oscuros a altas horas de la noche él y su mente, él y su mente nada más, seguramente en este plano él era más libre que cualquiera de nosotros.

Descansa en paz Chavita.

Besos de humo.

Déjame tus besos de humo

Déjame el olor de tu carne

De tu saliva

De tu sangre

Déjame huellas de sudor en las sábanas

Porque yo sé a ti

Y tú sabes a mí

Te encontraré en la luna

Abrirás la cerradura que encierra mi oscuridad de vez en vez

Déjame tus besos de humo

Y la boca de cereza,

Tus senos hermosos,

Tus caderas adictivas,

Déjame esos humores,

Y toma todos mis sabores.

La caza de las mujeres

EL PEQUEÑO GRUPO

Prendo la televisión y de nuevo los noticiarios cubren el caso de un feminicidio.En los medios le llaman crimen de “violencia de género”. Pero, después de que diariamente una mujer es asesinada, el “género” en la oración queda como algo ambiguo y estéril.

De esa misma forma quedan los asesinatos. Las cadenas televisivas siguen los casos de las desaparecidas como si fuera un reality show: Especulan, comentan, crean programas especiales, crean sus propias teorías sobre el crimen, añaden sentimentalismo disfrazado de “humanidad”, victimizan a las víctimas y a sus familias, buscan y comentan sobre los sospechosos, recrean el crimen… Y, para finalizar, con una mueca de tristeza y una mano en el pecho a la altura del corazón, dan el pésame.

Esto puede seguir por semanas, por lo menos hasta el próximo crimen. Durante la comida, en las cafeterías y en el trabajo no se habla de nada más…

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Sentencia mágica para una bestia.

El nuevo sello de la jaula pegado en los barrotes en ese lugar sin tiempo sin espacio, dentro suyo y su conciencia tenía escrito un nuevo hechizo con normas más estrictas con la intención de dar una libertad condicionada en sabiduría.

Guárdate en tu jaula, bestia.

Hazlo por un momento corto antes de desplegarte de nuevo.

Probaste sólo entre abrir esos barrotes.

Guárdate en tu jaula porque sólo saliste a aullar y pisar un poco la tierra fresca.

Antes de salir entiende tu poder y restaura tu sabiduría, bestia.

Saliste a aullar apenas, sólo eso sin dimensionar el cambio drástico en tu atmósfera.

Guárdate en tu jaula un momento y después desgarra el cielo.

Volverás a romper el grillete y el sello hasta entender lo importante que es cada paso, zarpazo, mordida y aullido que darás.

Guárdate y restaurate, traga la llave y después regurgita y rompe el sello.

Y la próxima vez, el mundo no te va a olvidar.

“Sentencia mágica inviolable hasta cumplirse…”

Que se conceda.

Que se me conceda.

Que se me conceda ser tu idea y tu recuerdo.

Ser la idea que te inunda la cabeza.

La idea que baja y cosquillea en tu estómago y se desliza por tus caderas.

Que se me conceda ser sueño vívido estacionado en tus hoyuelos de Venus.

Y después que se me conceda, con toda ventaja, ser el pensamiento que baja más y entonces te humedece.