Una sobre el café. I 

He bebido la deliciosa infusión durante algunos años, y con el tiempo he logrado apreciarla desde distintos enfoques. 

Entender conceptos como cuerpo, permanencia, color, intensidad, aroma, etc. todos designados al café para etiquetar su calidad, me hizo pensar en que las personas también pueden llevar estos conceptos para, ser definidas en un archivo personal.

Esta mañana preparé mi primera taza sin saber que mientras daba el primer sorbo, ese sabor me iba a recordar a alguien, cometo el pecado de fumar mientras lo degusto, no lo sé, debe ser la combinación del sabor en mi boca, es una especie de ritual para iniciar el día. 

Siempre que inicio mi día, busco tener un poquito de confort en la rutina , bañarse,  vestirse, desayunar, peinarse; guardar en tu ropa la billetera unas monedas y el teléfono, es como colocarse la armadura.

Salir de casa sin saber.

Me llegó la hora de la segunda taza, y era gracioso si lo piensas de esa forma, para la segunda taza, mi día ya era otro, en la primera taza era una persona con empleo, para la segunda taza, ya no.

“¿ Y ahora qué. ..?” pensé, y por un momento en mi cabeza, la avalancha de deudas se convirtió en un titán, y yo sólo me agobié. Así que sólo pensé en beber mi taza de café,  en esta segunda ocasión, éste fue mi héroe. 

Sólo que no duraría por mucho,  un héroe te salva en momentos de pánico,  donde sientes que ya no hay nada que hacer, después de estabilizar tu emergencia,  el héroe te dejará sólo en un punto seguro para que puedas continuar con tu vida, resolviendo por ti mismo tus problemas. ¿Qué esperabas? No es tu madre, o tu padre; y debes saber que ni tus padres deben resolverte la vida todo el tiempo. 

Pero… Yo estaba allí sintiéndome como un niño, indefenso, buscando que el café me salvara, que me transportara a un lugar donde nadie me conociera, y entender la explicación que recibí por mi despido.

“No hay presupuesto…”

Y sólo tenía en mi mente una respuesta: Pendejos.

Ya tenía en mi cabeza el ” qué voy a hacer, no me lo esperaba, no lo entiendo…”

Pero el café estaba delicioso y no pude evitar ignorar esas voces. En este lugar lo preparan como ángeles.

¡Es cierto! Nunca lo había visto. Nunca había visitado esta cafetería,  era un lugar pequeño en comparación con otros locales, con su terraza evidentemente, ya les dije que fumo mientras bebo; tiene mesas cuadradas de aproximadamente 60 centímetros en su superficie, sillas cómodas que te invitan a pasar un buen rato ahí, y el aroma a café se reparte por todo el aire. La terraza me permitió ver la calle y el cielo, por la calle aprecié el tránsito de las personas, apresuradas en sus quehaceres,  mirando el teléfono,  cargando portafolios y mochilas, chamarras, sombrillas todas recorriendo la calle de derecha a izquierda, todo era de pronto más simple, así sin más. Por un momento, en medio de mi degustación de café, sentí pena por ellos…

– Todo mundo tiene prisa aquí ¿verdad?

La voz que emitió la frase tenía una frecuencia relajante, aterciopelada.

– Si, imagino que si.

Traté de controlar el asombro,porque si yo te digo que su voz era hermosa, ella lo era más. 

–  Y ¿Qué tal?

– ¿Cómo?

– El café ¿Te gusta? 

– Si, mucho. 

– Déjame decirte que ya lo sabía. Lo noté en tu rostro. 

Entonces me toqué la cara con mis manos, perdona si creés que mi actitud es estúpida,  pero eso de que alguien tan bonita te diga con esa voz que acaba de notar algo en tus expresiones, es como para impresionarse. 

Por cierto, reí tontamente, y entonces dije: 

– Si ¿Verdad? Es que lo está, y hoy ésta taza es reconfortante. 

– ¿Si? Me alegra mucho. Es como si el café apareciera frente a nosotros en un momento preciso.

– Supongo  que si … No lo había pensado. 

-A mi, el café me salvó una vez.

– Creo que está haciéndome lo mismo.

-No sé qué te pase, pero seguro tiene solución,  ” ¿Qué te preocupa ?”  dicen por ahí. 

– Nunca lo he escuchado.

 – Si. Si tiene solución, qué te preocupa; si no tiene solución, qué te preocupa. Me llamo Violeta. 

Pueden llamarme loco, o pensarme psicópata, o no sé. Pero si más de uno de ustedes tuvo la sensación física de un chispaso en la entraña al conocer a alguien, entonces no estaré solo.

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Intercambio 

Te intercambio cada momento y no lo sabes.

Me llevo tus palabras y te entrego mi conciencia y el alma.

Me regalas tu sonrisas y te entrego la vida.

Veo tus pasitos y te entrego un suspiro.

Te intercambio cada momento y no lo sabes.

Veo tu espalda arqueada en las sábanas y te entrego mi piel erizada.

Entrego besos en tus muslos y me llevo tus mejores gestos.

Te intercambio cada momento y no lo sabes. 

Tómate la lluvia 

Tómate la caída de  lluvia como quieras, tienes derecho.
Con café 

Con un té o un chocolate.

Con hojas de papel. 

Con abrigo o a flor de piel.

Con lágrimas,  risas, realidad ,fantasía y recuerdos.
En compañía o en solitario.
Pero muévete,  sigue tu plan.
Tómate el mundo como quieras, 

recuerda que no es para siempre, 

la lluvia pasará,  y todo lo demás también. 

Y por favor…

No olvides sentir el petricor.

El mantel.

Te levantaste como siempre, te bañas para prepararte para el trabajo. En la regadera estás sola inmersa en montones de pensamientos, los pagos, los pendientes,  el día qui viene, pero los olvidas, cómo es posible que tengas que pensar en ello desde que desoiertas; así que te das la oportunidad de dejar que el agua haga se trabajo, que te purifique y te prepare para el día ; fantaseas con una cama de agua corriente que te hace viajar en su cauce a lugares escondidos en tus pensamientos, todos son multicolor.

Al salir de la regadera te envuelves en la toalla y dejas que el residuo se vaya en esa tela, buscas tu ropa y la ordenas, eliges pantalones, zapatos, una bonita blusa, un abrigo y bufanda, una sombrilla, en estos días hace frio, y por supuesto, tu ropa,interior; hoy quieres usar un color negro, te miras al espejo y piensas que te viene bien ese color, das media vuelta y tratas de contemplar tus glúteos y piernas, te sientes, te ves y eres bonita.

Termina la primera parte del día,  sales a comer, vas al lugar de siempre, lo disfrutas, algunos minutos exclusivos para ti pues entiendes que la tranquilidad de la rutina es una clase de regalo que parece guardarte un descanso para sortear el sube y baja de la vida, buscas la mesa de siempre en la terraza, así observas a toda la gente, aquellos que también comen allí y a la gente transitado detrás de las rejillas que delimitan la terraza. Es tu lugar, tu rincón y el cielo parcialmente nublado te regala una inusual pintura de nubes que parecen librar una batalla con el sol, una danza en la que encuentras belleza. 

A tu izquierda un hombre que lee el periodico y bebe un americano, a tu derecha una pareja de chicas curiosean sus teléfonos y se muestran mutuamente lo que ven, observar a las personas te lleva a crear historias sobre ellos en tu mente y eso te divierte. 

La mente, la imaginación, la creatividad, la mente, la mente. El  concepto  que te atrae por sobre todas las cosas…

– Su café señorita.

El mesero corta tus reflexiones y solo agradeces. 

Bebes el café,  no es lo que pediste, llamas al mesero, te  atiende y explicas. Después escuchas:

– Disculpa pero este no lo pedí. 

El mesero asustado revisa las notas y se disculpa con la persona en la mesa delante tuyo.

No habías notado a ese hombre que llevaba rato ya, un inconveniente de la tranquilidad de la rutina indudablemente; el mesero se disculpa, notas que es su primer día, y ya cambió el turno, te tienes que ir pero no has tomado tu café,  y es importante hacerlo,  piensas que ahora deberás beberlo más rápido. 

– Creo que confundiste nuestras órdenes. 

El mesero asintió, el hombre de la mesa sonríe y le dice que no se preocupe que le traiga otro, que pagará aambo; él te ve y pide que traiga otro para ti y lo cargue a su cuenta.

– ¿Te molesta?

Te lo dice al tiempo en que se retira un momento los anteojos. Él estaba leyendo, cómo fue que no lo notaste te preguntas; no respondes con palabras, casi por impulso niegas con la cabeza y entonces el error se repara.

– No quiero molestarte en absoluto, ¿Puedo sentarme contigo? 

Asientes, igualmente por impulso. 

No sabes por qué dijiste que si, no estaba en el plan, en la rutina. Pero como ya lo habías pensado, la rutina te prepara para eso.

-Yo no quiero parecerte un loco, pero te había visto antes aqui. Y esperaba verte hoy.

Te has sorprendido. Explicas que es uno de tus lugares favoritos y que sueles reconocer a las personas. Creés que deberias levantarte de ahí e irte, en estos días las cosas no están para estas situaciones. Pero en él percebes algo que quieres  encontrar, una clase de misterio… Y los misterios te gustan.

– No pareces loco de primera vista, pero ese puede ser el peligro, además aun podria gritar.

Miras en sus expresivos ojos una reacción de susto, notar eso te deja algo tranquila. Te ha dicho que le había tomado tiempo animarse y que en su mente actuar asi parecía buena idea. 

Te ha dicho que te observó leer, que leés mucho, que cree que te gusta el Arte y la música, que te concentras mucho cada tarde pensando en algo que él no sabe qué es, que podría ser desde lo más mínimo hasta lo mas extravagante. Y que él quiere conocer la parte extravagante. 

Te has sonrojado, apenado, quién lo diría,  en una tarde normal de pronto un perfecto desconocido parece desprenderte de tus capas. Un tatuaje en su antebrazo te llama la atención cuando decidió doblar las mangas de su camisa negra,  ya viste también que utiliza un reloj, usa barba, lleva un par de libros y una libreta en un morral negro también. Creés que es un personaje. Piensas que es tal,vez escritor, no; profesor, no; es, es… No tienes idea, no te deja pensar en profundidad.

Habla contigo,sobre música, lecturas, locuras hechas y también sobre trivialidades de momento, jugaste con él a crear historias sobre las personas y los comensales que circularan durante la tarde; por cierto, ya llega el ocaso y no te diste cuenta.

-El sol del ocaso te sienta bien.

Su voz ahora suena diferente para ti. Leías hablado de tu trabajo, decidiste ignorar cada mensaje y llamada recibida, todo puede esperar porque no sabes si esto se repita. No sabes si te volverás a encontrar con él. No importa. 

No habías notado tu lugar favorito de la tarde a esas horas del día. Te gusta ver cómo la luz artificial de los faroles de la terraza le bañan la cabellera, es muy extraño que seas tan directa y sincera con él. 

-¿Qué gano con mentirte? 

Es cierto, qué ganan, únicamente invertiste algunas horas de la tarde con él en la que invertirías tiempo en otra cosa. No hay problema para ti, el misterio de tu vigilante se desvela, y te sientes extraña, y algo traviesa.

– Dame un momento, vuelvo enseguida. 

Te levantas directo al,baño de mujeres, tomas tu teléfono y le quieres contar a alguien, te detienes, te miras en el espejo y arreglas tu cabello, retocas tus labios, y en tu mente surge una fantasía,  loca, como todo ese día; te viste mordiendo sus labios, te detienes en ese pensamiento sin saber de dónde salió él, la idea.

Ves que la puerta del baño se abre. Y aparece él.  Te ha dicho que no quiere que termine el día sin besarte. Y lo hace, ya la,imagen en tu mente es real, muerdes de inmediato sus labios, y sientes su aroma, a madera y tabaco, pasas tus manos por su cabellera y el por tu cintura, el,beso,se replica una y otra vez. 

No hay palabras, sólo jadeos, respira en tu cuello mientras tú has desabotonado su camisa y le sonries.

Todo tiene ahora un carácter salvaje y fuerte, te ha dado media vuelta y petcibes su aliento, está detrás de ti mordiendo tus hombros y tocando tus pechos, halas su cadera para sentirlo, él te ha tomado del cabello y tira para levantar tu rostro, y se lo permites; abres los ojos y lo percibes como un animal hambriento,  te sientes presa y miras tu rostro en el espejo, tienes fuego en los ojos y en el vientre, no es miedo, es lujuria lo que sientes;  percibes tu ropa interior húmeda por obvia razones; él también ya lo hizo, pues comienza a tocarte, te ha abierto los pantalones y los ha bajado hasta la mitad de tus piernas.

Lo sientes, quieres continuar sin detenerte, lo sostienes y halas hacia tí con más fuerza, dentro de ti lo percibes, y recibes los impactos que vienen de sus caderas una y otra vez, quieres gritar, y él te silencia con una de sus manos, detalle que te gusta y a decir verdad esperabas. 

Todo termina, como termina un terremoto o una explosión, se ha disipado la energía y tu piel está erizada,  y él besa tu cuello con suavidad,  te das media vuelta para tenerlo de frente. Lo abrazas y él a ti. Se miran de nuevo y hay un carácter de agradecimiento en ese intercambio de miradas.

Quiere decirte algo, no lo,permites, ahora tú eres quien habla. Coqueta segura, sonriente. 

– Nada mal para romper la rutina, no sé si te vuelva a ver, pero no te siento como un extraño. 

– No lo somos. 

Se funden en un abrazo contrastante con respecto a la energía desbordada hace unos instantes.

-Su café señorita…

Regresaste de tus pensamientos. Qué fantasía tan loca acabas de tener. Sientes que tu sexo aún palpita. Vaya que tu mente es fuerte. Te descubres con una de tus manos estrujando el mantel blanco de la mesa, lo sueltas. Ríes internamente por esa reacción natural derivada de tus pensamientos. La plena tarde y su cielo parcialmente nublado está allí. Suspiras un poco para reponerte y bebes de tu taza…

-Disculpa, esto no es lo que pedí.

El mesero se sorprende y se disculpa. Frente a ti escuchas a un hombre  con camisa negra y de barba que leía un libro y a quien no habías notado decir:

-Creo que confundiste nuestras órdenes…

NOTA ELECTRÓNICA 001705                          TEMA: INGENIERÍA BIOMECÁNICA Y BIÓNICA FUENTE: DESCONOCIDA AUTENTICIDAD: EN PROCESO 

El Doctor Radovan Malík es un hombre robusto de cabellera larga y amarrada, usaba una barba algo crecida, especialista en Ingeniería Biomecánica responsable de la creación de extremidades humanas artificiales que han sido aceptadas al cien por ciento por parte de cada persona que ha decidido utilizar alguna, profesor de Cátedra Alfa en La Universidad , es también uno de los pocos profesores que podía elegir a los alumnos para su clase; transitaba con paso apresurado por los senderos de los jardines de la Universidad murmurando cosas haciendo cálculos mentales rápidos observaba constantemente su brazalete revisando datos, hacía pases con los dedos sobre la lisa superficie del dispositivo anotando recordatorios. 

Caminar por ahí resultaba siempre una experiencia que pareciera de primera vez; La Universidad tenía una disposición simétrica de sus jardines con pasillos para transitar bien delimitados,  cada uno de los mismos se interconectaba con otro, la señalética era impecable y bien planeada, mediante hologramas proyectados desde postes pequeños de aproximadamente medio metro de altura podías transitar por cualquiera de los caminos sin problema de extraviarte. 

En muchas de las conexiones de estos caminos se construyeron glorietas las cuales poseían cada una de éstas una interesante estructura inteligente que podía ser utilizada como escenario de múltiples eventos, cualquiera que sea la necesidad para efectuarlos; Radovan se detuvo en uno de ellos pues estudiantes de la Facultad de Música presentaban un concierto con un compendio de piezas de los antiguos Beethoven y Bach,  mientras ellos hacían gala de su virtuosismo al mismo tiempo se proyectaban hologramas multicolor creando un efecto acuarela desde el escenario hacia los espectadores, definitivamente una sensación de estar en un océano de tintas en una realidad extra era el resultado de estar dentro de esa área mientras te acompañaba la música. 

«Qué maravilla » Pensó Radovan mientras escuchaba,  el llamado de la expresión artística lo extrajo de la prisa y la rutina; observaba a su alrededor la mezcla de colores luz cuando se topó frente a la figura inconfundible de la Doctora Mariska Kafka. Ella al contrario de la mayoría del público presente mantenía los ojos cerrados mientras movía la cabeza de arriba a abajo al compaz de la sinfonía; la doctora lucia hermosa.

– Doctora Mariska  ¡Qué sorpresa! 

Mariska regresó a su realidad. Al ver a Radovan abrió los ojos asombrada.

– ¡Radovan! ¿Cómo estás?.  Se acerca entonces a él para darle un fuerte abrazo. 

-Me encuentro excelente Doctora, estaba un poco apresurado hasta que me detuve frente a este escenario. 

-El poder del Arte Radovan, me encanta aplacar esta loca cabeza con música, deberías ver mi casa, tengo montones de electroimágenes que son un verdadero alivio ver.

-No lo dudo Doctora. 

-Pero, ya me iba, podría quedarme todo el día sin embargo debo regresar al laboratorio. 

-También voy hacía allá Doctora. 

Ambos tomaron camino directo hacia las instalaciones de la Universidad. 

-¿Por qué ibas tan apresurado?  Preguntó Mariska mientras ojeaba por última vez el escenario. 

– Recibí un mensaje urgente del laboratorio,  estamos en un momento crítico con las últimas pruebas para el ojo biónico. 

– ¡Vaya! Radovan,  creo que gracias a ti toda la humanidad será reciclable. 

– Oh no,  yo no diría eso… Yo creo que… 

El brazalete del Doctor Radovan comenzó a sonar, ambos se detuvieron un momento y atendió el llamado,  en la pantalla de el artefacto se apreciaba el escudo de La Universidad. 

-Diga.

-Buena tarde Doctor Radovan. 

-Señor Rector,  dígame en que puedo servirle. 

-Por favor,  quisiera verle en mi oficina lo más pronto posible. 

-Entendido. 

-Dígame ¿Cómo van los progresos de su investigación? 

-Pues… Bien Señor. Aún estamos atendiendo las últimas pruebas. 

-¿Ya realizó los ensayos?

-No señor, creo que debo ajustar algunos elementos, la conexión del dispositivo al cerebro humano no parece terminar de configurarse,  debo realizar algún ajuste y continuar probando. 

-Lo entiendo. 

Hubo una pausa y la voz del Rector cambió de tono.

– Por favor envíeme un informe de estos resultados a la brevedad. Le espero en mi oficina. 

-Enseguida Señor.

La comunicación finalizó. 

Mariska intervino de inmediato. 

-Algo le molesta.

-¿Cómo dice? 

– Era su voz, algo le molesta. 

-Creo que es muy perspicaz Doctora. 

-Radovan,  deja las formalidades de lado. Tenemos mucho tiempo de conocernos los tres. ¿No sentiste algo en su manera de hablar? 

-Creo,  creo que sí. 

-Pues ya no te entretengo, vayamos pues,  el trabajo espera. 

Mariska al decir esto rotó la cabeza para estirar su cuello. 

-Siempre que hablas de trabajo haces ese gesto. 

-¿Ves?  Tú también eres muy observador. 

– Gracias;  creo que tienes razón, había algo en el tono de su voz, tienes muy buena memoria. 

– Si, y también sé que hay cosas que nunca cambian, y otras que si.

Al decir esto la mirada de la Doctora se tornó un poco sombría. 

– Hasta luego Doctora.

– Hasta luego «Doctor»

Radovan Malík desvió entonces su camino directo a la oficina del Rector. Llegar allá lo hizo pasar antes por otra glorieta donde se veía a un grupo de estudiantes muy interesados en aquello que decía otro Profesor de la Universidad; Delgado y de cabellera alborotada abría sus manos con energía, sonreía ante su audiencia,  la cual parecía sonreír con él. Radovan se fascinó con esa imagen brevemente «El Historiador» pensó. 

Radovan al fin llegó a la oficina del Rector. Al cruzar el umbral de entrada la puerta se cerró deslizándose con suavidad detrás de él,  mientras avanzaba la oficina cobraba iluminación cuanto más se acercaba al escritorio el cual estaba al fondo y frente a un ventanal donde podía verse en el panorama toda La Universidad. 

El Rector se encontraba justo mirando a través de éste, hasta que por fin el solemne silencio se rompió. 

-Buenas tardes de nuevo Doctor Radovan. 

-Buenas tardes. 

-Le agradezco que viniera. Sé que se encuentra muy ocupado.

-Ni lo diga ¿En qué puedo servirle?

– Doctor,  se trata de mi brazo. 

-¿Qué sucede, se ha averiado? 

-Duele,  Doctor. 

-Eso es imposible. 

-También lo creí imposible, pero es cierto. 

-Tal vez se trate de alguna falla en el sincronizador neuronal, de alguna forma debe estar estimulando ciertas áreas del cerebro. En ocasiones hay una neogenesis de conexiones, y estas interactuan con los elementos electrónicos. 

-Por favor arréglelo.

-Claro. Convendrá hacer un escaneo,  tal vez pueda utilizar un nuevo modelo. 

-No, el brazo está perfecto. 

-¿Tiene algún valor sentimental?  Radovan se acercó para reconocer el estado del brazo mecánico. 

-Esas cosas son una pérdida de tiempo Doctor,  es un recordatorio. No somos perfectos.

-Lo sé. 

-Pero si lo fuésemos,  si lo fuésemos biológicamente. Estoy seguro de que muchas cosas serían diferentes. 

-Tal vez mi trabajo no tendría razón de ser si algo así sucediera. 

-Se equivoca Doctor. 

-¿Cómo cree que algo así pudiera ser factible Señor Rector? 

-Aún no lo sé. Pero tal vez se puede encontrar la forma. Seres humanos perfectos, a veces creo Doctor, que también deberíamos asumir el control de la evolución. 

-Creo Señor, que habría una gran controversia si algo así sucediera.

-¿Cuándo podremos arreglar esto? El Rector señaló el brazo mecánico.

-Ahora mismo, podemos ir al laboratorio. 

-Vayamos entonces. 

Mariska Kafka se hallaba sentada en su laboratorio, tratando de concentrarse en su trabajo,  pero ese día no podía,  en su mente resonaba el tono de voz de El Rector,  tono que escuchó hacía un par de horas «¿Cuándo fue que te escuché así, Mustafá? » en sus reflexiones se develó una imagen,  un hombre con traje del cuerpo de Rescate y Seguridad de La ciudad cargaba con un brazo el cuerpo inerte de una persona, tenía la mirada endurecida, acomodaba el cuerpo de esta sobre una camilla.

– ¿Doctora? 

Mariska asintió. La pregunta vino de esa persona que cargaba al herido. 

-Por favor atiéndalo, está grave.  La explosión causó muchas muertes.

Mariska generalmente mantenía la cabeza fría,  aquí sus fibras estaban movidas gracias a la imagen frente a sus ojos el Rescatista usó un brazo para cargar al herido porque a éste le faltaba el otro. 

Mariska reaccionó también. 

– ¡No se mueva! Usted también necesita atención. 

El joven tenía los ojos encendidos en furia. Esa energía se desvaneció cuando sus lesiones le hicieron caer al piso,  Mariska trató de interceptarlo para suavizar la caída. 

En el piso Mariska revisaba la grave herida del Rescatista.

-Creo que las personas no aprecian esto, debería haber una manera de que todos dejemos de existir. 

-No diga tonterías,  está delirando, necesita sangre, no sé cómo pudo sostenerse. 

-No Doctora.  No es delirio.

-¿Cómo se llama? 

El Rescatista empalideció rápidamente. 

-¡Necesito apoyo aquí! Gritó Mariska. 

-Mi nombre es Mustafá… 

Y quedó inconsciente. 

El brazalete de la Doctora Mariska comenzó a sonar. Esto la trajo de regreso de sus pensamientos. 

-Diga. 

-Doctora, llegó su transporte,  la esperan en la conferencia. 

-Enseguida voy. Gracias. 

Mariska cortó la comunicación.  Tomó algunos documentos impresos y cargó en su brazalete información que necesitaría, salió de allí tratando de reajustar su concentración. 
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