Una sobre el café. II

En los últimos días trato de entender el por qué de muchas cosas. Ya sé que “Todos los seres humanos somos especiales”. Yo sólo sé que soy uno más.

No me entiendas mal, no me odio, no odio a la humanidad, ni nada. Francamente disfruto la vida,  es buena, una buena vida, es la que quiero.

Si pudiera dormir más, mejor. Sufro insomnio. 

No dormir no me molesta siempre, a veces estoy algo irritable y sin hambre, pero nunca he dejado que eso me afecte en mi trabajo, ni he perdido mi costumbre de beber café. Soy tatuador,  oh si… rayo pieles.

He aprovechado mucho las noches y madrugadas para poder aumentar mi catálogo de diseños,  asi como los que me encargan, trabajo tarde porque el desfase de horarios me lleva a despertar durante la tarde. Por ahí de las dos de la tarde, al primero lo espero a las cuatro.

Nada mal para ser un tatuador ¿no?. Si, también me voy de fiesta y me embriago, pero ahorita hay chamba y hay que darle. 

Y como te decía, quiero entender la razón de muchas cosas, todo pasó hace dos días o dos noches, mientras estaba bloqueado. Estar bloqueado es frustrante, es como tener ganas de decir algo y que las palabras se te queden embarradas en la lengua,  hilvanar una aguja y que ésta se te caiga de las manos,  etc.

Traté de consolarme con la noche, miraba por la ventana el cielo y estaba estrellado, veía varias estrellas aún con la luz de la ciudad, libraban la competencia para alumbrarnos. Una buena fotografía para postal.

Ahi, estaba yo, bebiendo y bebiendo de mi taza, pero las ideas seguían estancadas. 

Cruzando la calle está el Café de Sonia, así se llama, es de veinticuatro horas, ahí trabaja Rafael,  en el turno nocturno, es un tipo larguirucho y delgado, usa unas gafas pequeñas,  viste playeras serigrafiadas con imágenes de grupos de rock, y luce en su antebrazo uno de mis trabajos, un búho resguardado en la corteza de un árbol. El café de Sonia es chido porque no te pone peros para trabajar si estás tatuado.

Iba seguido hasta que el trabajo subió, de hecho ahí fue donde me envicié con el café, hasta le compro bolsas de medio kilo para prepararlo en mi casa, sólo que no sabe igual.

Empujé la puerta para entrar, echando un ojito adentro mientras para checar si había lugar en la barra, durante la noche poca gente elige las mesas, ahí el Rafa se tiene que fumar todas las pláticas de los que se acercan.

– Hola Rafa.

– ¡Hola! Ya te habías tardado carnal.

-Pues es que he estado chambeando.

– ¡Qué bueno mano! Porque si no, no pagas.

– Échame un Americano.

– Trabaja un negro bien caliente para el joven.

 Me la pasé platicando con Rafa sobre el trabajo básicamente, le hablé del encargo que traia, un teatrero quiere en su espalda la cabeza de un elefante, simple a decir verdad, pero es raro, he dibujado al menos veinte bocetos y ninguno me convence. 

La cafetería de Sonia es muy acogedora y cálida,  nada más que de tanto platicar y después de dos tazas de americano,  quise salir a la calle para refrescarme.

Afuera la brisa era muy agradable, el cielo estrellado tenía la gentileza de dejar ver a una luna menguante que por un momento daba un aire de coquetería, como un ojo que parpadea enamorado.

– Qué tal, buena noche.

-Buena noche señor. 

El hombre que me saludó era de aproximadamente 60 años, robusto, usaba sombrero, un pantalón de mezclilla, una playera negra y llevaba un saco color café de gamuza, bien doblado descansando sobre un grueso brazo derecho, sostenía un cigarrillo encendido con los dedos de su manaza izquierda, usaba lentes y tenía señales de una barba blanqueada un poco espesa, me hacía pensar en él como una clase de músico. 

– Bien guapa que se ve la luna ¿Verdad?

– Si, algo así pensaba. 

– ¿Gusta un cigarrito?

– No señor, ando dejándolo.

-Hace bien.

Encendió un siguiente cigarro aprovechando el otro, lanzó la bocanada al cielo y me miró. 

-Fíjese que me gusta mucho caminar a estas horas, crei que era cosa de locos o mia nada más,  hasta que me di cuenta de que hay más gente que disfruta de la noche. 

-Si, le creo, yo siempre traigo insomnio.

– La madrugada siempre es de las mejores horas para que te caigan ideas.

– Ja, ja, ja, si… Si es cierto. Yo siempre traigo insomnio, aunque casi siempre ando encerrado.

-Trabajando supongo. 

-Si, ¿Se nota? 

– Siempre se nota cuando un artista trabaja,  más cuando está feliz.

– ¿Artista?

– También se nota cuando alguien es un Artista.

– Ja,ja,ja. Señor eso sí me lo habían dicho. Pero ando bloqueadón.

– Ay, ay, ay. No se preocupe,  va a pasar. Nada más concéntrese bien.

– Pues ya traté. .. Es un diseño para un tatuaje.

– ¡Tatuador! Excelente,  mire yo tengo uno justo aqui.

Entonces enrolló la corta manga de la playera para revelar su tatuaje, un ojo se distinguía. 

-Es el ojo de un elefante.  Dijo.

El trabajo era impecable podías notar los detalles de la forma, la textura de la piel y el brillo natural de un órgano tan importante, un ojo sin brillo, no lo es.

-Está excelente Señor.

– Si, lo pedí cuando tuve a mi hijo. Un chamaco inquieto y bien creativo desde pequeño. 

– Ah qué chido.

-Si, cuando podía,  siempre que podía lo llevaba conmigo a trabajar. Toqué en varios bares que andaban por aquí, nada más que ya cerraron, ahora son otra cosa, fíjese uno se convirtió en Bazar,

– Así es el  tiempo ¿verdad?

– Si hombre. Hablando de eso, también aqui me ha gustado mucho venir últimamente.

– A mí también. El Americano cargadito está bueno. 

Mi trabajo me da la oportunidad de tener esa facilidad de conversación con las personas, y este Señor tenía una vibra muy chida. 

– ¿Por qué quiso hacerse ese diseño de tatuaje?

– Para mí era como… Como para no dejar de observar las cosas importantes.  

-¿Cómo es eso Señor? 

– Para mí el elefante simboliza la familia, la memoria, la protección; creas lazos fuertes con algunas personas, creas lazos familiares con personas que se aparecen en tu camino aunque no sean de tu sangre. Recordarlas,  protegerlas y permanecer unido a ellas es importante para mi, como lo hacen los elefantes, una manada siempre está unida y se protege. Y yo no quiero dejar de  cuidar y observar a mi manada.

– No había escuchado una razón tan buena para el diseño de un tatuaje Señor. Y en eso ando, estoy tratando de diseñar un tatuaje, un cliente quiere una cabeza de elefante, nada más que no me sale, o sea no encuentro el diseño correcto en mi cabeza.

El Señor escuchó esto último mientras asintió,  dio un par de pasos a su derecha, a su izquierda, metió la mano a su bolsillo y sacó un objeto, entre las pocas sombras no podía ver bien qué era.

– No le quiero ofender, pero ya que toda esta coincidencia es tan grata, quiero obsequiarle esto.

Extendió el brazo y con dos de sus dedos sostenía en la mano una pequeña figura con forma de elefante, era de cristal en un translúcido color verde, los ojillos eran rojizos, era una bella pieza.

– Tal vez le ayude, le inspire. 

– ¡Órale! Pues… Muchas gracias Señor. 

– No hay de qué ¿Ya ve? Una caminata en medio de una noche de luna coqueta es un buen remedio para el bloqueo creativo. 

– Si, acabo de confirmarlo. Oiga ¿ No quiere un café? 

– No, no,no. Ya he tomando mucho hoy, es más creo que ya me voy caballero. Que su bloqueo se caiga.

-Creo que ya resultó Señor. 

-Buena noche. 

-Buena noche Señor. 

Miré entre mis manos la figurilla, era encantadora. De pronto recordé que ni el nombre le pregunté. Vi que caminaba al final de la calle. Pero ya estaba lejos. 

Regresé a dibujar de inmediato, prácticamente las líneas eran derramadas por el lápiz, como si lo desangrara. El diseño quedó perfecto.

Llego entonces el momento de mostrarle al teatrero el diseño, el elefante que quería en su espalda, era una cabeza de elefante donde decidí usar los colores de la figurilla, los ojos rojizos del elefante en el diseño imprimían una presencia interesante al noble rostro del animal.

Cuando él llegó, nos acercábamos a las cinco de la tarde, yo ya rondaba mi tercera taza de café, entró entusiasmado para ver el que sería su tatuaje. 

Cuando le mostré el trabajo quedó enmudecido,  esa expresión prácticamente me asustó, pero,antes de frustrarme decidí preguntarle, qué pasaba.

Me dijo que eligió el 21 de mayo, que era sábado para comenzar el tatuaje porque era el aniversario luctuoso de su padre, que estaba sorprendido porque había un parecido enorme con una figurilla de cristal que él solía cargar, su padre fue un músico rockero que fuera del cliché de estos músicos,  siempre procuró estar con él,  y tenía un concepto de la familia y los lazos entre las personas muy arraigado.  Me mostró la fotografía de su padre y vi a un niño sonriente ante la cámara sentado en las piernas de un hombre robusto con barba negra y manos grandes que sonreía mientras observaba al niño. 

El teatrero encantado quiso comenzar su primera sesion, a mí me tomó unos quince minutos comenzar a trabajar.

Todavía conservo la figurilla,  no le dije nada;  y aun si le hubiese platicado, no me habría creído.

Como decía,  en los últimos días trato de entender muchas cosas…

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Una sobre el café. I 

He bebido la deliciosa infusión durante algunos años, y con el tiempo he logrado apreciarla desde distintos enfoques. 

Entender conceptos como cuerpo, permanencia, color, intensidad, aroma, etc. todos designados al café para etiquetar su calidad, me hizo pensar en que las personas también pueden llevar estos conceptos para, ser definidas en un archivo personal.

Esta mañana preparé mi primera taza sin saber que mientras daba el primer sorbo, ese sabor me iba a recordar a alguien, cometo el pecado de fumar mientras lo degusto, no lo sé, debe ser la combinación del sabor en mi boca, es una especie de ritual para iniciar el día. 

Siempre que inicio mi día, busco tener un poquito de confort en la rutina , bañarse,  vestirse, desayunar, peinarse; guardar en tu ropa la billetera unas monedas y el teléfono, es como colocarse la armadura.

Salir de casa sin saber.

Me llegó la hora de la segunda taza, y era gracioso si lo piensas de esa forma, para la segunda taza, mi día ya era otro, en la primera taza era una persona con empleo, para la segunda taza, ya no.

“¿ Y ahora qué. ..?” pensé, y por un momento en mi cabeza, la avalancha de deudas se convirtió en un titán, y yo sólo me agobié. Así que sólo pensé en beber mi taza de café,  en esta segunda ocasión, éste fue mi héroe. 

Sólo que no duraría por mucho,  un héroe te salva en momentos de pánico,  donde sientes que ya no hay nada que hacer, después de estabilizar tu emergencia,  el héroe te dejará sólo en un punto seguro para que puedas continuar con tu vida, resolviendo por ti mismo tus problemas. ¿Qué esperabas? No es tu madre, o tu padre; y debes saber que ni tus padres deben resolverte la vida todo el tiempo. 

Pero… Yo estaba allí sintiéndome como un niño, indefenso, buscando que el café me salvara, que me transportara a un lugar donde nadie me conociera, y entender la explicación que recibí por mi despido.

“No hay presupuesto…”

Y sólo tenía en mi mente una respuesta: Pendejos.

Ya tenía en mi cabeza el ” qué voy a hacer, no me lo esperaba, no lo entiendo…”

Pero el café estaba delicioso y no pude evitar ignorar esas voces. En este lugar lo preparan como ángeles.

¡Es cierto! Nunca lo había visto. Nunca había visitado esta cafetería,  era un lugar pequeño en comparación con otros locales, con su terraza evidentemente, ya les dije que fumo mientras bebo; tiene mesas cuadradas de aproximadamente 60 centímetros en su superficie, sillas cómodas que te invitan a pasar un buen rato ahí, y el aroma a café se reparte por todo el aire. La terraza me permitió ver la calle y el cielo, por la calle aprecié el tránsito de las personas, apresuradas en sus quehaceres,  mirando el teléfono,  cargando portafolios y mochilas, chamarras, sombrillas todas recorriendo la calle de derecha a izquierda, todo era de pronto más simple, así sin más. Por un momento, en medio de mi degustación de café, sentí pena por ellos…

– Todo mundo tiene prisa aquí ¿verdad?

La voz que emitió la frase tenía una frecuencia relajante, aterciopelada.

– Si, imagino que si.

Traté de controlar el asombro,porque si yo te digo que su voz era hermosa, ella lo era más. 

–  Y ¿Qué tal?

– ¿Cómo?

– El café ¿Te gusta? 

– Si, mucho. 

– Déjame decirte que ya lo sabía. Lo noté en tu rostro. 

Entonces me toqué la cara con mis manos, perdona si creés que mi actitud es estúpida,  pero eso de que alguien tan bonita te diga con esa voz que acaba de notar algo en tus expresiones, es como para impresionarse. 

Por cierto, reí tontamente, y entonces dije: 

– Si ¿Verdad? Es que lo está, y hoy ésta taza es reconfortante. 

– ¿Si? Me alegra mucho. Es como si el café apareciera frente a nosotros en un momento preciso.

– Supongo  que si … No lo había pensado. 

-A mi, el café me salvó una vez.

– Creo que está haciéndome lo mismo.

-No sé qué te pase, pero seguro tiene solución,  ” ¿Qué te preocupa ?”  dicen por ahí. 

– Nunca lo he escuchado.

 – Si. Si tiene solución, qué te preocupa; si no tiene solución, qué te preocupa. Me llamo Violeta. 

Pueden llamarme loco, o pensarme psicópata, o no sé. Pero si más de uno de ustedes tuvo la sensación física de un chispaso en la entraña al conocer a alguien, entonces no estaré solo.

Intercambio 

Te intercambio cada momento y no lo sabes.

Me llevo tus palabras y te entrego mi conciencia y el alma.

Me regalas tu sonrisas y te entrego la vida.

Veo tus pasitos y te entrego un suspiro.

Te intercambio cada momento y no lo sabes.

Veo tu espalda arqueada en las sábanas y te entrego mi piel erizada.

Entrego besos en tus muslos y me llevo tus mejores gestos.

Te intercambio cada momento y no lo sabes. 

Tómate la lluvia 

Tómate la caída de  lluvia como quieras, tienes derecho.
Con café 

Con un té o un chocolate.

Con hojas de papel. 

Con abrigo o a flor de piel.

Con lágrimas,  risas, realidad ,fantasía y recuerdos.
En compañía o en solitario.
Pero muévete,  sigue tu plan.
Tómate el mundo como quieras, 

recuerda que no es para siempre, 

la lluvia pasará,  y todo lo demás también. 

Y por favor…

No olvides sentir el petricor.

El mantel.

Te levantaste como siempre, te bañas para prepararte para el trabajo. En la regadera estás sola inmersa en montones de pensamientos, los pagos, los pendientes,  el día qui viene, pero los olvidas, cómo es posible que tengas que pensar en ello desde que desoiertas; así que te das la oportunidad de dejar que el agua haga se trabajo, que te purifique y te prepare para el día ; fantaseas con una cama de agua corriente que te hace viajar en su cauce a lugares escondidos en tus pensamientos, todos son multicolor.

Al salir de la regadera te envuelves en la toalla y dejas que el residuo se vaya en esa tela, buscas tu ropa y la ordenas, eliges pantalones, zapatos, una bonita blusa, un abrigo y bufanda, una sombrilla, en estos días hace frio, y por supuesto, tu ropa,interior; hoy quieres usar un color negro, te miras al espejo y piensas que te viene bien ese color, das media vuelta y tratas de contemplar tus glúteos y piernas, te sientes, te ves y eres bonita.

Termina la primera parte del día,  sales a comer, vas al lugar de siempre, lo disfrutas, algunos minutos exclusivos para ti pues entiendes que la tranquilidad de la rutina es una clase de regalo que parece guardarte un descanso para sortear el sube y baja de la vida, buscas la mesa de siempre en la terraza, así observas a toda la gente, aquellos que también comen allí y a la gente transitado detrás de las rejillas que delimitan la terraza. Es tu lugar, tu rincón y el cielo parcialmente nublado te regala una inusual pintura de nubes que parecen librar una batalla con el sol, una danza en la que encuentras belleza. 

A tu izquierda un hombre que lee el periodico y bebe un americano, a tu derecha una pareja de chicas curiosean sus teléfonos y se muestran mutuamente lo que ven, observar a las personas te lleva a crear historias sobre ellos en tu mente y eso te divierte. 

La mente, la imaginación, la creatividad, la mente, la mente. El  concepto  que te atrae por sobre todas las cosas…

– Su café señorita.

El mesero corta tus reflexiones y solo agradeces. 

Bebes el café,  no es lo que pediste, llamas al mesero, te  atiende y explicas. Después escuchas:

– Disculpa pero este no lo pedí. 

El mesero asustado revisa las notas y se disculpa con la persona en la mesa delante tuyo.

No habías notado a ese hombre que llevaba rato ya, un inconveniente de la tranquilidad de la rutina indudablemente; el mesero se disculpa, notas que es su primer día, y ya cambió el turno, te tienes que ir pero no has tomado tu café,  y es importante hacerlo,  piensas que ahora deberás beberlo más rápido. 

– Creo que confundiste nuestras órdenes. 

El mesero asintió, el hombre de la mesa sonríe y le dice que no se preocupe que le traiga otro, que pagará aambo; él te ve y pide que traiga otro para ti y lo cargue a su cuenta.

– ¿Te molesta?

Te lo dice al tiempo en que se retira un momento los anteojos. Él estaba leyendo, cómo fue que no lo notaste te preguntas; no respondes con palabras, casi por impulso niegas con la cabeza y entonces el error se repara.

– No quiero molestarte en absoluto, ¿Puedo sentarme contigo? 

Asientes, igualmente por impulso. 

No sabes por qué dijiste que si, no estaba en el plan, en la rutina. Pero como ya lo habías pensado, la rutina te prepara para eso.

-Yo no quiero parecerte un loco, pero te había visto antes aqui. Y esperaba verte hoy.

Te has sorprendido. Explicas que es uno de tus lugares favoritos y que sueles reconocer a las personas. Creés que deberias levantarte de ahí e irte, en estos días las cosas no están para estas situaciones. Pero en él percebes algo que quieres  encontrar, una clase de misterio… Y los misterios te gustan.

– No pareces loco de primera vista, pero ese puede ser el peligro, además aun podria gritar.

Miras en sus expresivos ojos una reacción de susto, notar eso te deja algo tranquila. Te ha dicho que le había tomado tiempo animarse y que en su mente actuar asi parecía buena idea. 

Te ha dicho que te observó leer, que leés mucho, que cree que te gusta el Arte y la música, que te concentras mucho cada tarde pensando en algo que él no sabe qué es, que podría ser desde lo más mínimo hasta lo mas extravagante. Y que él quiere conocer la parte extravagante. 

Te has sonrojado, apenado, quién lo diría,  en una tarde normal de pronto un perfecto desconocido parece desprenderte de tus capas. Un tatuaje en su antebrazo te llama la atención cuando decidió doblar las mangas de su camisa negra,  ya viste también que utiliza un reloj, usa barba, lleva un par de libros y una libreta en un morral negro también. Creés que es un personaje. Piensas que es tal,vez escritor, no; profesor, no; es, es… No tienes idea, no te deja pensar en profundidad.

Habla contigo,sobre música, lecturas, locuras hechas y también sobre trivialidades de momento, jugaste con él a crear historias sobre las personas y los comensales que circularan durante la tarde; por cierto, ya llega el ocaso y no te diste cuenta.

-El sol del ocaso te sienta bien.

Su voz ahora suena diferente para ti. Leías hablado de tu trabajo, decidiste ignorar cada mensaje y llamada recibida, todo puede esperar porque no sabes si esto se repita. No sabes si te volverás a encontrar con él. No importa. 

No habías notado tu lugar favorito de la tarde a esas horas del día. Te gusta ver cómo la luz artificial de los faroles de la terraza le bañan la cabellera, es muy extraño que seas tan directa y sincera con él. 

-¿Qué gano con mentirte? 

Es cierto, qué ganan, únicamente invertiste algunas horas de la tarde con él en la que invertirías tiempo en otra cosa. No hay problema para ti, el misterio de tu vigilante se desvela, y te sientes extraña, y algo traviesa.

– Dame un momento, vuelvo enseguida. 

Te levantas directo al,baño de mujeres, tomas tu teléfono y le quieres contar a alguien, te detienes, te miras en el espejo y arreglas tu cabello, retocas tus labios, y en tu mente surge una fantasía,  loca, como todo ese día; te viste mordiendo sus labios, te detienes en ese pensamiento sin saber de dónde salió él, la idea.

Ves que la puerta del baño se abre. Y aparece él.  Te ha dicho que no quiere que termine el día sin besarte. Y lo hace, ya la,imagen en tu mente es real, muerdes de inmediato sus labios, y sientes su aroma, a madera y tabaco, pasas tus manos por su cabellera y el por tu cintura, el,beso,se replica una y otra vez. 

No hay palabras, sólo jadeos, respira en tu cuello mientras tú has desabotonado su camisa y le sonries.

Todo tiene ahora un carácter salvaje y fuerte, te ha dado media vuelta y petcibes su aliento, está detrás de ti mordiendo tus hombros y tocando tus pechos, halas su cadera para sentirlo, él te ha tomado del cabello y tira para levantar tu rostro, y se lo permites; abres los ojos y lo percibes como un animal hambriento,  te sientes presa y miras tu rostro en el espejo, tienes fuego en los ojos y en el vientre, no es miedo, es lujuria lo que sientes;  percibes tu ropa interior húmeda por obvia razones; él también ya lo hizo, pues comienza a tocarte, te ha abierto los pantalones y los ha bajado hasta la mitad de tus piernas.

Lo sientes, quieres continuar sin detenerte, lo sostienes y halas hacia tí con más fuerza, dentro de ti lo percibes, y recibes los impactos que vienen de sus caderas una y otra vez, quieres gritar, y él te silencia con una de sus manos, detalle que te gusta y a decir verdad esperabas. 

Todo termina, como termina un terremoto o una explosión, se ha disipado la energía y tu piel está erizada,  y él besa tu cuello con suavidad,  te das media vuelta para tenerlo de frente. Lo abrazas y él a ti. Se miran de nuevo y hay un carácter de agradecimiento en ese intercambio de miradas.

Quiere decirte algo, no lo,permites, ahora tú eres quien habla. Coqueta segura, sonriente. 

– Nada mal para romper la rutina, no sé si te vuelva a ver, pero no te siento como un extraño. 

– No lo somos. 

Se funden en un abrazo contrastante con respecto a la energía desbordada hace unos instantes.

-Su café señorita…

Regresaste de tus pensamientos. Qué fantasía tan loca acabas de tener. Sientes que tu sexo aún palpita. Vaya que tu mente es fuerte. Te descubres con una de tus manos estrujando el mantel blanco de la mesa, lo sueltas. Ríes internamente por esa reacción natural derivada de tus pensamientos. La plena tarde y su cielo parcialmente nublado está allí. Suspiras un poco para reponerte y bebes de tu taza…

-Disculpa, esto no es lo que pedí.

El mesero se sorprende y se disculpa. Frente a ti escuchas a un hombre  con camisa negra y de barba que leía un libro y a quien no habías notado decir:

-Creo que confundiste nuestras órdenes…